historias reales de nuestros usuarios
Conoce las historias calientes de nuestros usuarios.
Nuestro invitado llegó temprano a la habitación.
Habíamos acordado que el le daría un masaje erótico a mi mujer. Y luego, lo que se diera.
Resultó un gran conversador, afable, muy correcto. Nos hizo sentir confianza.
Estábamos
preparados. Tomamos una ducha y estamos ligeros de ropa. Mi mujer trae
una bata, y bajo ella, solamente un sostén de licra negro, que hace
juego con un short cachetero del mismo color. Uno que deja al
descubierto más de lo que cubre.
Pronto pasamos al tema que nos tiene
allí reunidos. Nuestro invitado también aligera su vestuario,
quedándose solamente en camiseta y bóxer ajustado.
Mi mujer se despoja de la bata, y se dirige a la cama. Se coloca boca abajo. La vista es muy sensual.
Nuestro invitado se acerca, y comienza a masajear con suavidad los hombros, el cuello, los brazos.
Pronto
decide dejar de pretender que hará un masaje en toda regla. Sabe que
está ante una oportunidad única. Tiene a su disposición a una mujer
ajena y debe aprovechar la situación. Baja por la espalda con suavidad, y
llega a lo que sin duda era una meta muy deseada: las nalgas de mi
mujer. Las acaricia, primero con suavidad, luego las aprieta un poco, se
apoya en ellas y las desplaza ligeramente hacia abajo, luego hacia
arriba. Mi mujer me mira y sonríe. Tiene el rostro encendido. Sin duda
disfruta el sentir por primera vez unas manos ajenas acariciando sus
nalgas.
El short de licra es muy flexible, y nuestro invitado
aprovecha para meter sus manos por dentro, y acariciar directamente las
nalgas. Mi mujer ni se inmuta. Las ya de por sí atrevidas caricias suben
de tono, y ella solamente se deja hacer. Nuestro amigo asume que puede
avanzar, y no pierde tiempo. Toma el short por los costados y hace por
bajarlos. En respuesta, mi mujer eleva las caderas para facilitar las
cosas.
Ese simple gesto de mi mujer me deja en claro que el masaje erótico será mucho más que eso. Y eso me excita mucho.
Nuestro
invitado contempla unos momentos las deliciosas nalgas que tiene ahora a
su alcance. Las acaricia, las separa, las une. De pronto, se acerca y
las besa, con suavidad las separa y hunde el rostro en ellas, llevando
por delante la lengua. Empieza a hacer un delicioso anilingus. Lame, da
pequeños mordiscos a las nalgas, vuelve a lamer; acaricia, une, separa y
vuelve a lamer. Se queda quieto con el rostro hundido mientras sigue
acariciando. Levanta el rostro, respira, y vuelve a hundirse en aquellas
deliciosas carnosidades. Mi mujer goza el "trabajo" de nuestro
invitado. Estira sus manos y acaricia el pelo de nuestro invitado. De
pronto, el se incorpora un poco, y pide:
- Separa tus nalgas con tus manos, por favor. Sepáralas y ofréceme lo que he deseado tanto tiempo.
Mi mujer sonríe, y actúa. Se toma las nalgas con las manos y las separa tanto como puede.
- ¿Así está bien? pregunta ella.
-
Si, muy bien - responde nuestro invitado acercando nuevamente su lengua
al delicioso ano que le ofrecen sin barreras, sin límites, con las
nalgas deliciosa y generosamente abiertas.
Yo estoy en el otro
extremo de la cama. Atento, excitado. Mirando como nuestro amigo le come
el culo a mi mujer. Y como disfruta ella las manos ajenas, la lengua
ajena, las caricias ajenas en sus nalgas, en su ano.
Ya no hay vuelta
atrás. Nuestro invitado la toma por las caderas, suavemente inicia un
movimiento que mi mujer completa girando y quedando boca arriba. No solo
se da la vuelta. Por instinto, o por deseo puro ella separa las piernas
y las eleva un poco. Está ansiosa y dispuesta. Y yo, ansioso de ver
aquello.
Nuestro invitado dirige su rostro hacia la entrepierna.
Recorre con la boca el interior de un muslo, y baja suavemente hasta la
vulva. Comienza a lamer. Recorre los labios vaginales desde el clítoris
hasta la entrada de la vagina, y en dirección contraria. Mi mujer se
estremece, acaricia con las manos la cabeza de nuestro invitado mientras
el continúa con su dulce tarea. Es claro que disfruta haciendo gozar a
mi mujer.
Ella se incorpora un poco, lo atrae hacia sí, y se funden
en un apasionado beso. Las lenguas se entrelazan, él lanza la suya y es
bien recibida por la boca de mi dama, y a veces es ella quien muestra la
suya, y él la recibe igual. La lengua invitada ya estuvo en su ano, en
su vulva, en su boca. Un privilegio, sin duda. Pero viene el mayor
regalo. Ella suspende un poco los apasionados besos, lo mira y le pide:
- ¡Cógeme! ¡Cógeme ya, por favor!
Él me mira como en espera de aprobación. La obtiene de inmediato.
- Si - le digo. - Ya cógela.
Nuestro invitado se despoja rápidamente de su ropa.
Como
experta, mi mujer se acerca al borde de la cama. Coloca una almohada
bajo su cadera, para elevarla. Separa las piernas y las eleva un poco.
Está lista para entregarse. El momento cumbre, con el que fantaseamos
tanto, está por suceder: mi mujer será penetrada por una verga ajena,
cogerá con otro, se entregará...
...sin barreras, para sentir plenamente como la verga de otro le recorre la vagina.
...sin
barreras, para que nuestro invitado sienta su pene envuelto por la
firme y suave humedad de la vagina que está penetrando.
...sin
barreras, para que al alcanzar el placer máximo, eyacule dentro de mi
mujer, y la llene con su semen, como evidencia de que indudablemente la
hizo suya, de que gozó al máximo con ella.
Nuestro invitado acerca su
pene a la vulva de mi mujer. La acaricia con su miembro de arriba a
abajo. Mi mujer se estremece y lanza un poco sus caderas hacia adelante,
con ansiedad. Por fin, el coloca el glande a la entrada de la vagina, y
comienza a penetrar. Lo hace con lentitud, con gentileza. Mi mujer
empuja su cadera para apurar el movimiento. Termina por meter el pene
completo, se queda quieto unos instantes, se asegura de que yo esté
observando como tiene a mi mujer completamente penetrada. Ella gime:
- ¡Aaahhh, que rico, que rica verga tiene, que rico la siento! ¡Cógeme, cógeme, hazme tuya!
- ¡Siii, hermosa; eres mía, y no sabes cuánto deseaba esto!
Empieza
a moverse, la penetra mientras le sostiene las piernas. Luego se
inclina un poco, libera el sujetador y se apodera de los senos,
acariciándolos. Se inclina un poco más e introduce un seno a la boca,
luego el otro. Lame los pezones mientras sigue penetrando. Mi mujer le
atrae el rostro mientras le muestra la lengua. Él se la recibe. Se besan
con pasión. Sus gemidos llenan la habitación.
El pene en la vagina,
la lengua en la boca, las manos en los senos. Así disfruta de mi mujer.
Así la está haciendo suya. Así estamos haciendo realidad nuestra
fantasía.
El acelera el ritmo. Mi mujer gime con fuerza, lo toma por
los brazos y gime fuertemente mientras se estremece. Me doy cuenta de
que está teniendo un poderoso orgasmo.
- ¡Aaaah, cógeme, cógeme, lléname con tu leche, hazme tuya, soy tuya, soy toda tuya! - la escucho decirle.
- ¡Si, eres mía, mía, te estoy cogiendo, te la estoy metiendo, eres mía!
Ella
continúa estremeciéndose, se que ha alcanzado un orgasmo más. Nuestro
invitado acelera el ritmo y de pronto también comienza a tener el suyo.
- ¡Aaah, toma, toma, toma mi leche, te voy a llenar la pucha!
- ¡Si, lléname toda, toda, quiero en mí todo lo que tu verga me dé!
Él
se queda quieto, sobre ella. Apoya su cabeza en el pecho de mi mujer.
Ella sonríe. El se levanta un poco. La besa de nuevo. Se pone de pie, y
lentamente retira su pene. Se aparta un poco, cuando me acerco. Mi mujer
se queda en la misma posición, me muestra su vulva, abierta ligeramente
aún, con el semen de nuestro invitado comenzando a salir...
Yo estoy
muy excitado, y dudo entre comerle la vulva recién cogida, o
penetrarla. Saber que acaba de ser tomada por otro hace que me sienta
más caliente que nunca...
Mi mujer le ha dado las nalgas, se ha entregado a otro, frente a mi.
Nuestra fantasía se hizo realidad.
Continúa...