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Historias y Relatos Swinger
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CUCKOLD
Llegué al domicilio y, aún cuando faltaban algunos minutos, él ya me esperaba en la puerta del frente, con la seriedad que no es sino mero disimulo por la excitación me dijo que ella esperaba ya en la sala, lista y dispuesta para todo lo que quisiera, que entrara sin hacer ruido e iniciara, así que sin más, crucé el jardín y entré para encontrarme con un cuadro digno de una película porno.
Ella estaba de pie, recargada sobre la barra, de espaldas, con una venda sobre los ojos, un body de red con la entrepierna descubierta que resaltaba perfectamente sus encantos por lo ajustado, y su perfume que inundaba toda la sala una menudita rubia madura que decidida a sacar lo mejor de su experiencia en la vida, se ejercita para mantenerse en forma y favorecer los arreglos que se ha hecho para atenuar el paso del tiempo.
De manera tranquila y sin prisas me desnudé, dejando mis ropas sobre un sofá, aproximándome a ella de manera sigilosa, aprovechando el amortiguamiento de la alfombra que cubre todo el piso, estando ya a centímetros de sus nalgas me detuve para palmar mi verga y frotarla entre ésas nalgas tan firmes que ya se me antojaban en las fotos que me enviaron.
Ella suspiró sin decir nada, tratando de intuir lo que vendría, a lo que mantuve la posición y procedí a explorar su cuerpo, recorrer su silueta y frotar sus enormes tetas mientras continuaba frotando mi verga entre sus nalgas, levantando su culo, ahora colocando mi pene erecto entre sus labios vaginales, sin penetrarla, sintiendo como su excitación aumentaba conforme a la humedad se impregnaba en mi piel mientras ella suspiraba y de a poco iba jadeando en un ritmo que incrementaba conforme al ritmo de la frotación, empinándose buscando la penetración, más cuando acopló la entrada de su vagina a la punta de mi verga, se la froté sin dejarla ir hasta adentro, recorriendo sus labios y vulva, diciéndole al oído que aún no, que primero tenía que darme el primer orgasmo en la boca, así que me hinqué y abrí sus nalgas para darle una buena lamida, empezando por recorrer el camino desde su coxis, haciendo pausa en su culo para lamerlo y darle lengua mientras el dedo pulgar de mi mano izquierda abría el camino a su cuevita del amor, mojada y dispuesta.
Seguí bajando al periné y ahí recorrí el camino a su orificio, dando un chupete que le arrancó un gemido que acallado siguió hasta que metí mi lengua para saborear sus mieles, hundiendo mi rostro entre sus nalgas mientras masajeaba su clítoris haciéndola romper el silencio con su voz, diciendo "así, papi, sigue", continuando la acción a la par de juguetear con mis dedos en su interior, alternando lamidas con un mete saca y un movimiento de tijeras sobre ésa parte rugosa al interior que, casi al primer contacto detonó las contracciones que anunciaban su venida, una muy jugosa que recibí gustoso al ritmo del contoneo de sus caderas en mi rostro.
Sin esperar más, me incorporé y acoplé para primero volver a humedecer la punta de mi verga sosteniéndola con mi mano, en círculos para, apenas quedó bien embarrada de mi saliva y sus jugos, clavarla hasta el fondo de un solo golpe, arrancando un gemido seguido por su voz lujuriosa, diciendo "dale, papi, duro, así me gusta", y como a una dama no se le niega el placer, procedí a hacer lo que la hembra en celo quería, bombeando hasta el fondo, con fuerza y rapidez, sujetando su cadera y acariciando de vez en vez sus tetas, presionando los pezones y pasando las yemas de mis dedos por su clítoris, acariciando y mojando para darle a probar sus jugos, los cuales chupaba como si de mamar una verga se tratara.
Al sentir su siguiente orgasmo incrementé la velocidad de mis embestidas, y al llegar al punto máximo me detenía para sentir como sus jugos y humedad escurrían por mis huevos mientras ella solita se empujaba contra mi verga para luego retomar el ritmo salvaje y frenético que sólo interrumpía ante un nuevo orgasmo, cada vez con un intervalo menor, siguiendo así hasta sentir temblar su cuerpo en mí, llegando al punto en que la intensidad de su explosión detonó en humedad, apartándose ella mientras yo me hincaba para recibir sus chorros en mi rostro y pecho.
Al terminar, sus piernas temblaban y me incorporé, frotando mi cuerpo húmedo contra sus nalgas y espalda, ayudando a que se hincara, con los ojos vendados y reposara un poco, a la vez que le di mi verga en la boca, la cual devoró golosa, tomándola con sus manos para guiarse y lamer sus jugos desde los huevos hasta la punta y así, sin más, le quité la venda de los ojos, descubriendo ella a su esposo, sentado en un sillón, mirándola ser la puta de un extraño, lanzando una mirada de cachonderia a la vez que le preguntaba si eso era lo que quería, con él asintiendo mientras degustaba un trago para ocultar una sonrisa de satisfacción y excitación que fue el banderazo para el siguiente round, recostándome yo de espaldas a la alfombra mientras ella se sentaba en mi cara, meneando su cadera sobre mi lengua para de a poco irse doblando sobre mi en un rico 69 que nos permitió reposar un poco y a ella recuperar fuerzas para montarse en mi verga y cabalgar de nuevo hasta sucederse en una serie de orgasmos que bañaron mi cadera y estómago para luego desplomarse sobre la alfombra y entregarme su cuerpo para cachondearla con caricias suaves mientras recuperaba el aliento y su marido apuraba su trago y ahora servir otros dos, a lo que me incorporé y ayudé a ponerla de píe para sentarnos en el sofá de la sala, sentándola en mis piernas como se acomoda uno a una puta que le acompaña en una tertulia de amigos.
Le pregunté cómo estaba y respondió que bien buena y caliente, retornando la pregunta y mi respuesta fue con ganas de más, observando sus ojos café encendidos por la lujuria, el placer y la complicidad.
Él nos acercó los tragos y los tres brindamos, con el caballero bebiendo de un solo trago hasta el fondo, apurándose a servirse uno más, quizá con la idea de seguir embriagándose para relajar la excitación mientras nosotros charlábamos de las trivialidades del sexo y como han cambiado las dinámicas de contacto e interacción desde que iniciara cada cual en el ambiente.
En algún momento, una vez repuesta, me dijo que le gustó como le lamí el culo y me dijo que me lo iba a comer, para con voz dominante, indicarle al cornudo que le pasara una bolsita negra que había dejado sobre la barra y, al recibirla, me pidió que la disculpara unos instantes, pues necesitaba ir al tocador a refrescarse, instantes que aproveché para deleitarme la mirada con su figura y disfrutar la sensación de ser el corneador desnudo en la sala de un matrimonio que me compartía su intimidad y me entregaba a la mujer para hacerla mi puta.
Él permanecía silente, entre satisfecho y en shock, sin decir palabra, sirviéndose otro trago y, antes de que pudiera probarlo, la voz de ella sonó desde un pasillo, indicando que pusiera música de la que le gusta, así que sin rechistar, el cornudo fue a la computadora y desde ahí seleccionó una lista de rock de los 80, clásica para los tiempos que corren y más que adecuada para el ambiente de cachonderia que impregnaba el ambiente.
Al ritmo de la música, a volumen medio, ella regresó completamente desnuda, o eso aparentaba, caminando coquetamente, contoneándose y, justo a la entrada de la sala, se dio una vuelta lenta para ondular la colita de zorra que se había colocado, haciendo movimientos en de perfil para mostrarse en actitud concordante al juguete que ahora lucía en anticipo de lo que seguía.
Se colocó frente a mi preguntando si me gustaba, y le respondí que era el perfecto reflejo de su libido, a lo que ella siguió bailando al ritmo de la música, montándose en mis piernas mientras frotaba su vagina en mi verga, endureciéndola al punto en el que, cuando la tuvo justo en la entrada, no se dejó ir, sino que dijo que necesitaba otro trago mientras se acomodaba en mis piernas y su marido servía los tres vasos vacíos.
Brindamos y tras un sorbo a su bebida, musitó que el siguiente trago lo compartiría conmigo y yo se lo iba a regresar, así que de nueva cuenta tomó de su bebida y me la dio en los labios, subiendo al sofá y colocando su entrepierna en mis labios me dijo "dale, papi", así que sin más empujé el líquido en su interior, escurriendo mis mejillas con la combinación de whisky con jugos de puta.
Pidió mi vaso y se lo acerqué, sacando ella un hielo, introduciéndolo en su vagina, seguido de uno y otro más para luego devolverlos reducidos a mi vaso, un trago que apuré para intoxicarme de su putería, a la vez que ella apuraba el suyo y, tomando un par de cubos de la hielera, se acomodó a mi lado en el sofá, colocándose en cuatro, en una acción que significaba que quería mi verga pero, mientras me incorporaba, ella se metió los hielos, tomándome por la verga, apurando la penetración que esta vez fue con relativo cuidado para no lastimarla y acostumbrarme a una nueva sensación de frío y calor que me puso a mil entre la cola de zorra que le adornaba, y que ella colocó su mano en su vagina para apretar mi verga mientras iniciaba el contoneo y el agua escurría con un cornudo que esperaba debajo para beberla y seguir embriagándose, ahora con el placer de los jugos de una puta bien cogida, diluidos en aguacomo propina al servicio.
El mete saca fue lento, suave, disfrutando los tres, cada uno, a su manera, de ése trago coqueto que, al terminarse, obligó al cornudo a retirarse de la posición para dejarnos disfrutar al cien, empujando con vigor y fuerza, masajeando sus nalgas, tetas y sosteniendo su cola hasta que ella, de nueva cuenta detonó en un chorro de líquido que empapó la alfombra, el sofá y mi verga.
Una vez terminó de escurrir en cuclillas sobre el sillón, se dio la vuelta se sentó, llevándome a ella para lamer mis muslos mientras jugaba son sus uñas en mi pecho, lamiendo mi verga para pasarla entre sus tetas y así follarla mientras lamía y se dedeaba.
Más que preguntando sino afirmando, dijo que no me podía venir aún, que me refrescara y pasara al baño a enjuagarme el sudor, cosa que hice, aprovechando para orinar un poco por el frío, la excitación y los tragos.
Me eché agua en la cara, me sequé y regresé para encontrarla masturbándose en el sillón, de frente a su marido, ahora desnudo, con un pene semi erecto, flácido, sosteniendo dos vasos en sus manos, los cuales extendió a ella y a mi, a lo que ella se incorporó, tomando él su vaso de la mesa, pidiendo un brindis por la zorra que iba a terminar la noche llena de leche.
Chocamos los vasos y el se desplomó sobre el sillón mientras ella me mamaba la verga, quedándose dormido profundamente por los efectos del alcohol y, disimulo o no, lo cierto es que, tras taparlo bien con una frazada, nosotros dos concluimos la velada hasta la madrugada, en su lecho, dejándola llena de leche y regresando a casa por un camino que está olvidado hasta una próxima cita.
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