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Noche de copas

Y estábamos nuevamente juntos, habíamos pasado tanto tiempo separados, sin gozar uno del otro que la espera se había hecho eterna. No pasaron ni 2 minutos para que comenzáramos a darnos besos y tocarnos como en el pasado lo habíamos hecho.
Estábamos intentando reconciliarnos y no porque hubiéramos estado enojados sino porque las circunstancias nos habían alejado y alguien más había aparecido en su vida.
Era pues el momento propicio para retomar aquello que durante meses habíamos disfrutado tanto, ese gusto exquisito por estar juntos y el deseo pleno de entregarnos por completo. Así comenzó la velada....
Un poco de tequila amenizaba la noche y el deseo comenzó a elevarse, poco a poco los besos iban siendo más atrevidos, más intensos, más llenos de pasión y la ropa comenzó a desaparecer.
Él sabía perfectamente como tocarme, la intensidad y el lugar exacto para encender en mi la lujuria y la cachondez. Empezó a besarme suavemente el cuello mientras con sus manos tocaba mis pechos, esos pechos que tanto le encantaba tener entre sus labios. Los besos en el cuello se transformaron en besos juguetones en mis pezones y poco a poco fueron bajando aún más.
Yo no podía detenerme, pedía a gritos que su lengua llegara a esa zona donde sólo él sabe que hacer y que hace estremecerme sin remedio y pronto mis súplicas fueron escuchadas. Su lengua llegó entre mis piernas y su cabeza pedía que las abriera para que pudiera entrar en mi sexo. Un ligero suspiro y sentí como comenzaba a recorrerme lentamente, gozando cada milímetro de mí y saboreando lo mojada que ya me encontraba.
Mi clítoris crecía y sentía como aumentaba el cosquilleo cada que su lengua lo rozaba, ahora también su dedo jugueteaba con mi sexo, entrando algunas veces en mi vagina tratando de alcanzar ese punto que me hace retorcerme. Finalmente mis jugos empezaron a salir y él los bebía rápidamente tratando de no dejar escapar ni una gota, para él era un elíxir saborearlo y poderlos tomar completos.
Yo seguía pidiendo más, ya no podía dejar de escurrirme y él aprovechaba eso para hacer que más exquisitos fluidos salieran de mi ser, una y otra vez llenaba su boca con esos squirts que sólo él conseguía sacar de mi.
No sé cuantas veces logró hacerme llegar pero aún no era suficiente yo pedía a gritos sentir su miembro dentro de mi pues era el complemento a esa rica lengua que poseía y entonces pude sentirlo dentro de mi.
Primero despacio como si tratara de reconocer el camino que tantas veces ya había andado, después subiendo la intensidad de sus estocadas, seguía penetrándome ricamente haciéndome sentir realmente amada.
Una y otra vez sentía como entraba y salía a un ritmo delicioso no pudiendo evitar seguir mojándolo y eso lo enloquecía aún más. Yo sentía que ya no aguantaría más que "el grande" estaba por llegar y así sucedió.
En una de esas ricas penetradas mi alma comenzó a volar, no sé cuanto tiempo pero ese instante fue realmente mágico, un grito escapó de mi boca, mis últimos jugos recorrieron su cuerpo y mis ojos se cerraron.
Esa noche fue de él como nunca lo había sido de nadie, esa noche supe lo que era el mejor orgasmo de mi vida, esa noche alcancé el cielo y hoy sé que los conejos también pueden volar cuando son amados por los cerdos.



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