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LUEGO DEL GANG

"No te la voy a meter hasta que se vayan todos"

Esa fue mi sentencia, y ella cogió con 8 individuos mientras su esposo veía. No me quedé a la expectativa y le di mi verga en su boquita, mientras disfrutaba embestida tras embestida.

Así, uno a uno se fueron retirando hasta que quedamos ella, su esposo y yo.

Su cornudo se mostraba complacido y excitado, por lo que cuando la recosté boca arriba, le dio a mamar su verga, la cual aceptó, complacida, mientras yo chupaba su vagina, metiendo dedos y alternando movimientos para arrancarle nuevos orgasmos, palpando su cavidad, la cual se mostraba más que sensible y receptiva luego de la cogida que le habian acomodado.

Así, mientras se retorcia por un nuevo orgasmo y lubricaba su cuevita, se la deje ir de un solo golpe, hasta el fondo, arremetiendo con furia, con la lujuria que guardé hasta ese momento en el que aún estando su marido, sabía que era para mi solito.

Sus ojos en blanco y su rostro enrojecido no hicieron más que excitarme aún más, por lo que la bombeaba con fuerza, dejandole ir cada milimetro de mi verga hasta dentro mientras jugaba con sus piernas, rodando mi cintura y pasandolas a mis hombros, haciendo malabares, alternando de in lado a otro, hasta colocarla de ladito.

Segui bombeandola, y asi, de repente, me detuve dejandosela dentro, disfrutando su venida mientras ella le pedía leche a su maridito.

La acomodé de perrito con su cornudo recostado boca arriba dandole verga en su boca, sirviendome su rico trasero, usandola como mi objeto de placer, acariciandole las tetas y su clitoris, hinchado, más que sensible.

Así, sin más, su maridito se venía en su boca, excitado de verla recibiendo verga, como toda una gran puta, que le limpiaba la verga mientras yo le daba duro y le apretaba las nalgas y la nalgueaba.

Con su trasero parado ya en completa sumisión, dejandose hacer, como muñequita que solo rompía el silencio para pujar y pedir más, continué bombrando hasta que la inminente venida se dejó sentir, inundando su vagina, lubricando el paso con mi leche, que poco a poco fue escurriendo mientras se desplomaba sobre su marido, mi complice, que con su mirada daba el gesto de aprobación.

le dejé mi verga, tiesa, unos minutos, dentro, regodeandome de su placer, mientras una mezcla de fluidos escurría por mis huevos, volteando su cabeza y sintiendose plena, satisfecha y acradecida.



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