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Historias y Relatos Swinger

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En el Cine Cinepolis de Bucareli

Cruzaron la calle de Bucareli, compraron dos boletos a la sala cinco para las 10:00 P.M., y se fueron a la dulcería. La dama llevaba un blazer negro, una blusa holgada transparente del mismo color, y una falda, también negra, arriba de la rodilla con aberturas en ambos lados. Entraron a la sala y se sentaron a la orilla de una fila en la parte superior del cine; él junto al pasillo y ella junto a el, yo me senté delante de ellos. Empezada la película, sentí una ligera patadita detrás de mi asiento. Cuando volteé, descubrí que la dama tenía su pierna derecha cruzada sobre la izquierda; su falda corta estaba a media pierna y se podía ver el liguero negro que sostenían sus medias. Aquello me pareció muy sensual y mi camote se puso tieso inmediatamente. El caballero dio otro leve golpe al respaldo, dirigió su mirada a mi cara hundida entre los asientos, y a señas me mostró que sobara las piernas de la dama. Mi mano izquierda se posó en su tobillo, recargado en el descanso de mi butaca, y empezó a subir hacia su rodilla acariciando en círculos hasta alcanzar su pierna. Ya para entonces mi chile sacaba líquido transparente. Sobando su pierna, cubierta por tan cachondo liguero; subí su falda hasta que pude ver aquel sexy calzoncito. Entonces, la dama descruzó la pierna y pude acariciar su monte de Venus. Hice a un lado su bikini y empecé a jugar con la pelambrera de su mono. Primero, me fui a frotar su bizcocho, acariciando su vulva de lado a lado. Después me dirigí a su clítoris, y lo froté tan rápido como sus gemidos me lo indicaban. La dama jadeó “agh” y echó su cabeza hacia atrás. Su respiración se hizo entrecortada “ah, ah, ah”, fue entonces cuando aceleré los movimientos de aquella dedeada, hasta que la hice venirse. “Ugh, que sabrosa venida,” dijo la dama. Su esposo me hizo señas de sentarme junto a su esposa. La dama puso sus mano derecha sobre mi pierna izquierda; y pa’ luego es tarde, saque mi verga que ardía de lujuria. Primero tomo mi miembro aprentándolo del tronco y moviéndolo de lado a lado. Luego acaricio mi verga con la punta de sus dedos, desde mis güevos hasta la cabeza de mi fierro. Con sus yemas embarro el líquido seminal a lo largo de mi hinchado palo, para facilitar la manuela que estaba a punto de recibir. Su manita empezó a bajar y subir sobre mi verga, desde las bolas hasta el tope de mi cabeza. Aumentó la velocidad de la chaqueta; pero ésta vez, su manita subía y bajaba desde mis güevos hasta la punta de mi pene. La sobada de pito, ahora incluía la cabeza de mi verga. ¡Que sabroso sentía! Ahora el que resoplaba era yo, “uf, uf”. No tarde mucho en que mi plátano soltara su leche, misma que salio y embarró sus deditos y mi reata. Una vez que salieron mis mocos de mi verga, dejó ahí su manita chaquetera jugando con mi leche entre sus dedos. ¡Que vista tan morbosa aquella, no lo creen! La dama saco unos clínex y me dio unos para limpiar mi verga. Cabe mencionar que durante aquel excitante experiencia, los tres echábamos un ojo por si venían los de seguridad. Ya luego me entere que el sobrenombre de aquella dama es “La Chaquetera”, y por obvias razones claro está. Cualquier comentario a mi correo electrónico [email protected]



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