Historias y Relatos Swinger
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*Primer Relato*
Entonces tomó mis manos entre las suyas, las tocó con sus labios, con su barba trigueña y con sus besos, después me miró a los ojos y me besó en los labios, cerré los ojos... escuché el sonido de la lluvia afuera, y cuando los abrí encontré los ojos de él, sus brazos envolviendo mis hombros y su boca separándose de la mía... Con un beso me había robado el alma.
Silencio, penumbra. Abrí los ojos y lo primero que miré fue el techo liso, blanco. A mi izquierda un pequeño buró y la luz de la calle entre pasaba por la cortina. Jorge se giró y quedó sobre mí, me besó largamente, jugueteaba mi cabello con sus dedos, miraba el contorno de mi cara, y terminaba siempre en mis ojos. Afuera llovía intensamente. Eran casi las 12 de la noche, aún lunes, y por primera vez en mucho, muchísimo tiempo, no me importó la hora. No quería que ese momento se terminara nunca.
Le sonreí. Giramos para quedar de frente y la media luz de la ventana alcanzaba a darle en la cara. Me recosté en su pecho, él se dejó caer en la almohada, lo abracé y noté que tenía los ojos cerrados. ¿Te estás quedando dormido? le pregunté con voz juguetona. Él esbozó una sonrisa. Hizo un gran esfuerzo y me miró de reojo. Se incorporó un poco para pasar su mano por mi cara, acariciar mi hombro, quitar el cabello de mi frente y dijo que nunca había estado con nadie de la forma en que había estado conmigo. Tanta intensidad es insoportable dijo con un hilo de aliento, bromeando supuse. ¡No seas azotado! dije riendo, y no paré de reír hasta que me di cuenta que hablaba en serio. Ok, no sé qué clase de encuentros tengas, pero no te creo que nunca hayas tenido algo así antes, oye, seguro que cuando menos alguna vez-No, nunca interrumpió. Nunca había tenido algo así, tan intenso, tal conexión, tanta confianza, las cosas, como se dieron, todo dijo. Parecía que yo estuviera diciéndolo, me sentía de una forma similar, pero no dije nada.
Me quedé callada un largo rato. Ese silencio ni siquiera se sentía incómodo, era más bien como una pausa para saborear la presencia del otro, lado a lado, haciéndonos caricias y besos esporádicos, y por primera vez desde que recuerdo, me sentía en paz. En ese momento dejó de importarme si lo que hacía o hube hecho estaba bien, o si eso podría ser el inicio de algo más, incluso, no me importó no volver a verlo el día de mañana, porque de alguna forma había sido mío..
Entramos a una de las puertas en el segundo piso. Aquello tenía decenas de habitaciones, todas muy juntas y compactadas, como el interior de un panal, y demasiado reducidas.
Lo primero que hago siempre es asomarme a la ventana, es como manía. Miré hacia la calle y el aire soplaba con fuerza, y el ambiente se sentía demasiado frío afuera, a diferencia del interior de ese pequeño cuarto. Falta que llueva, pensé. Bajé mi bolsa en el buró de junto mientras él se quitaba el saco y la corbata, supuse. También pensé que no era él una persona común, como en otras ocasiones, y esa pequeña diferencia me hacía dudar sobre cómo abordar la situación: me sentía un poco nerviosa, era eso. Después de tantas veces, la situación se me hizo graciosa, los nervios y el no saber qué hacer, todo eso mientras seguía con la vista clavada en la calle.
Sentí sus manos tocar mis hombros, levemente, y a pesar de saber que estábamos en la misma habitación, el corazón me dio un vuelco. Las yemas de sus dedos paseaban por mi espalda, hasta llegar a mi cintura, mientras que con la otra mano repentinamente me envolvió y atrajo hacia sí, pegando su cara en mi nuca, dando un profundo respiro en mi cabello, y el resto de su cuerpo a mi espalda, con sus yemas recorría mi cuello y apartó el cabello, lo acarició, lo olfateó, me dio un beso en la espalda, suavemente, me giró y de frente se acercó lentamente a mi cara, a pocos centímetros de mi boca, con su mano recorría las formas de mi cara, apartó el cabello de mi frente, con sus manos y esa mirada irresistible bajó hasta el cuello y con ambas manos en mi espalda me atrajo hacia sí de nuevo, para besarme como nunca lo había hecho antes, tan lento y suave y a la vez tan intenso, el calor de su boca sofocaba el frío que entraba por la ventana, la humedad de su lengua jugaba lenta pero intensamente dentro de mí, lo abracé por el cuello, y al sentir mis brazos, él me apretó más en contra de sí, giró y me apoyó contra la pared, el beso parecía no tener fin, cada vez más frenético, mis dedos se enredaban en su cabello, ambos respirábamos con intensidad, y en un momento se calmó: sin separar mi boca de la suya, volvió a serenarse, empezó a moverse lentamente, finalmente se separó de mis labios y empezó a dar pequeños besos por mi barbilla, mejillas, hasta llegar al cuello, donde con tiernos besos empezó a pasear desde la base de la oreja hasta el hombro, lentamente.
Discúlpame dije. Estoy muy acalorada, él hizo un gesto de entender y se alejó, suponiendo que estaba demasiado nerviosa, tal como lo había ido suponiendo toda la noche, como lo supuso la primera vez cuando nos conocimos.. y suponiendo también que después de que por mensajes le dije que me había quedado con ganas de que hubiera pasado algo más esa primera vez, y de que cómo abruptamente me separé de sus brazos después de ese beso tan significativo para mí el día que nos conocimos, él siguió pensando que no estaba lista para dar un paso del tipo que estábamos a punto de dar.. a todo esto, yo no estaba nerviosa del todo, simplemente acalorada, así que volví a estacionarme frente a la ventana, el viento fresco que anuncia la lluvia soplaba en mi cara, era placentero, cerré los ojos un momento y olfateé esa mezcla de tierra húmeda con polvo de ciudad, voltee hacia mi izquierda y lo vi, recostado en la cama, recargado en su codo, mirándome fijamente, ese gesto que sí me ponía nerviosa y él lo sabía, por eso lo hacía, yo solo sonreí y volví a voltear hacia la ventana, a despedirme en silencio de esa deliciosa brisa, y caminé hacia la cama, me detuve en el borde, él mirándome hacia arriba me extendió la mano, sonriendo, la tomé y subí al colchón, de rodillas frente a él, acarició mi cabello y me atrajo hacia sus labios.
Lentamente se deslizaba por encima de mi ropa, más que tocarme, me observaba, me recorría con su mirada, deteniéndose en mis labios, pasando y posando sus labios en mi cuerpo, sobre la ropa, bajó un poco más para levantar mi blusa por debajo de la cintura, hasta mi vientre, a veces besando, a veces dando pequeñas mordidas, mientras acariciaba mis piernas de arriba a abajo, subió un poco más con sus labios, levantando mi blusa, besando entre mis senos, pasando su lengua y apartando de lado el brasier, comenzó a tocarlos con sus labios, con su lengua, mi cuerpo comenzó a arquearse hacia atrás, por el placer de sentir su boca en mi piel, apoyé mis manos en su cabello, e intempestivamente tomó mis dos brazos y los empujó hacia arriba de mi cabeza, sometiéndome mientras él mordisqueaba mi piel, la recorría y humedecía con su lengua, mientras el calor de su boca me erizaba por completo, soltó mis brazos y metió sus manos debajo de mi cintura, me abrazó muy fuerte y continuó besando esa zona de mi piel, lentamente subió a mi pecho y luego hundió su boca en mi cuello, me tomó por detrás de los hombros, y volvió a besar mis labios con la misma intensidad de antes, poco a poco volvió a calmarse.. jugaba a dar besitos en las comisuras de mis labios, en mi barbilla, por toda mi cara, sonrió al verme sonreír. Y se quitó de encima, volvió a recargarse sobre su codo al lado de mí, y lo único que hacía era mirarme y acariciar mi cabello, mientras nuestras respiraciones volvían a la normalidad.
Me encanta cómo te estremeces, me dijo con un susurro al oído. Con una mano agarrando las mías sobre mi cabeza, y con la otra recargado sobre el colchón, paseando su boca por mi espalda desnuda, de arriba a abajo, a veces mordiendo, a veces con la lengua, deteniéndose en aquéllos lugares donde provocaba que mi respiración cambiara. De vez en cuando sentía en la piel el frío del metal de un anillo que tenía colgado del cuello. Me soltó las manos y con un movimiento firme de sus piernas abrió las mías, pasó su mano por mi espalda deteniéndose en mi cadera, y con firmeza pero a la vez suavemente, entró en mí. Con un brazo seguía apoyado sobre el colchón y con la otra mano me agarró del cabello con fuerza, comenzó a moverse muy intensamente, sentía la fuerza en sus brazos, combinada con los sonidos de su respiración y la mía, empecé a gemir muy fuerte y entrecortado, era increíble pero apenas había entrado y un par de minutos después sentí que empezaba llegar al clímax, cuando siempre tardo mucho más que eso siquiera para empezar a sentir algo, y en ese momento él me tomó de la cadera y sus movimientos subieron de velocidad, me rasguñaba, mordía mi espalda justo al centro de los omóplatos, humedeciendo con su lengua las tintas de mi piel, con mi pelvis salía a su encuentro, de repente sus movimientos se hicieron más suaves y más lentos, su respiración más profunda, sin dejar de moverse, comenzó a temblar al ritmo de mis movimientos, apoyó su frente en mi espalda, dando hondas respiraciones, y murmurando no sé qué.
Poco a poco recobró el aliento, se dejó caer a un lado mío, conmigo en brazos, seguía con sus labios tocando y respirando en la piel de mi espalda, besándola de vez en cuando y yo acariciando su cabello, ambos cerramos los ojos, y después.. nada.
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