Historias y Relatos Swinger
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Reencuentro Prohibido
Esta historia va a ser solo una probadita de nosotros como pareja, es más bien una historia de romance y amor.
Recuerdo aquel día como si fuera ayer, había estado lejos por mucho tiempo, los mensajes calientes era lo único que tenía para consolarme a la distancia, recordaba con nostalgia las noches románticas y las candentes aún más, se había vuelto un hábito masturbarme pensando en cada una de nuestras anécdotas, la vez que me vestí de puta y me penetró por detrás con tal fuerza que estallé como nunca lo había hecho, la vez que dejó caer su semen sobre mis pechos después de habérsela chupado furtivamente, la vez que perdí mi virginidad en un salón de clases con un maestro aprovechado que castigaba a las alumnas con nalgadas, la vez que me tomó por primera vez de la nuca y jaló mi cabello, en fin, tantas historias que utilizaba para tocarme y calmar mis ganas.
Por fin estaba en la ciudad, sabía que mi estancia no sería larga, sabía que no era correcto verlo, pero no pude contenerme, tenía que descargar todo lo que traía dentro, después de hacerme del rogar un par de veces, acepté verlo. Era media noche, mi madre no concedía que saliera a esa hora, -¡Imagínate que es lo que quiere al venir hasta acá a esta hora!- claro que me lo imaginaba, y yo también lo deseaba, deseaba decirle lo mucho que lo había extrañado, moría por decirle que mi vagina no dejaba de chorrear de solo pensar en él. Bajé por las escaleras, las mariposas que sentía al bajar cada escalón recorrían todo mi cuerpo, me ponían la piel de gallina, hasta que llegaban entre mis muslos y dilataban mi vagina, ella también sabía que lo vería, era como si brincara de felicidad al saber que lo veríamos. -No haré nada- le decía, trataba de convencerme de que eso no estaba bien, pero a quien engaño, yo quería ir corriendo a un cuarto de hotel y dejar que me cogiera toda la noche. Sus mensajes me ponían a mil cada vez que los leía, recordaba uno de ellos como susurro en mi oído -quiero que me empapes de tus deliciosos fluidos- decía.
Al fin lo vi, con esa camisa que se le veía tan bien, su sonrisa pícara que siempre podría ponerme de rodillas, pero se disimular muy bien, lo saludé, traté de ser indiferente, solo íbamos a platicar, ese era el plan. Claro que no, ambos sabíamos a lo que íbamos, nos sentamos en una banca, oler su aroma, era delicioso, quería oler su cuello, como antes lo había hecho, me acerqué un poco y nos abrazamos, un abrazo tan profundo que no bastó decir nada, nos vimos a los ojos, sabíamos lo que queríamos, por fin nuestros labios se volvieron a tocar, un sabor tan dulce como nada en el mundo. Me preguntó si quería ir a otro lado, y prendida de su cuello, acepté. Llegamos a aquel hotel, sabía que no era lo correcto, eso estaba mal, alguien me esperaba a kilómetros de distancia, alguien que me amaba como loco, pero eso era lo que menos me importaba, en ese momento solo eramos él y yo, nadie más. Me temblaban las rodillas, entramos a la habitación y con música que él puso de fondo, empezamos a amarnos, recorriendo su nariz por todo mi cuerpo, besando cada centímetro de mi piel, me tomó por las caderas y me acercó hacía su miembro, lo sentí, duro, delicioso, tal como lo recordaba, no pude evitar recordar aquellas sesiones de sexo oral, quité su cinturón rápidamente, bajé su pantalón y me dispuse a chupársela, pasaba mi lengua de arriba a abajo, rodeando la cabeza con mi lengua, cada espacio de su miembro era delicioso, su textura, su aroma, su sabor, ¡Cuánto lo extrañaba! Mi vagina ya estaba inundada, gritaba que moría por que se lo metiera. Me tomó del cabello y me subió hasta su cara, me dio un beso como solo él sabía dármelos, me acostó sobre la cama y después de bajarme mi ropa interior acercó su pene a mi vagina, me dijo suavemente lo mucho que la había extrañado y lentamente la metió. Llevaba un ritmo delicioso, la sacaba y la metía al tiempo que besaba mis senos, los presionaba con esas manos que sabían tocarme exactamente como a mí me gustaba, succionaba mis pezones de tal forma que ponía toda mi piel en estado de alerta, mis pezones se endurecían, respirar su aliento, sentir su piel, era algo que pensé que no volvería a pasar, no quería que terminara, quería quedarme ahí para siempre, volando entre las nubes. De pronto me volteó y me puso en cuatro, jalaba mis caderas contra las suyas, me la metía con tal seguridad que no había lugar para dudas, tomaba mi cuello, me dio unas suaves palmadas, esta vez no fue tan bdsm como otras veces que lo habíamos hecho, esta vez fue puro romance, amor a flor de piel, sin embargo, no perdía su toque dominante. Volvimos a la posición original, nos veíamos a los ojos y nos decíamos lo mucho que nos amabamos, me preguntó - ¿Me extrañaste?- yo no podía hablar, dejé escapar un agudo SI entre mis gemidos, y entonces, sentí aquel cosquilleo, ya iba terminar, sentí su verga más dura, sabía que él terminaría también, me tomó con firmeza y terminó dentro de mi, no exagero, sentí su leche caliente dentro mío, justo en el momento que yo estaba teniendo mi orgasmo, solo él me conoce tan bien para saber cuando es el momento de terminar y complementar mi orgasmo con la extraordinaria sensación de sentir su semen y su verga palpitar, pero especialmente en esa ocasión, todo fue mágico. Los dos ahí, inundados de nuestros fluidos, sabíamos que teníamos que despedirnos y no sabíamos si volveríamos a vernos, tendríamos que quedarnos con esa imagen de ser amantes por una noche. Cada quien su rumbo, nunca nos imaginamos, que algún día nos volveríamos a encontrar... pero bien dicen que el mundo es redondo y ahora, henos aquí, amándonos diariamente y experimentando cosas que jamás pensamos que eran posibles. Quién iba a imaginarse que algún día seriamos pareja y más aún, quién diría que seriamos una pareja en la comunidad sw. ;) Besos... Mae
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