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Los vecinos

Un camión de mudanzas estaba estacionado al lado de nuestra casa y un grupo de cargadores bajando muebles. Los futuros vecinos al vernos llegar. Aún no metía el auto al garage se acercaron para saludarnos. Era una mujer de unos 35 años y él un par de años más; su piel morena clara y cuidada denotaba un estatus de clase media alta.

Luego de las mutuas presentaciones, nos invitaron a cenar para el día siguiente, accedimos sin problema, ya que era viernes y podíamos desvelarnos sin problema.
Llegadas las 9 de la noche entramos a su casa ya en orden y aseada. La vecina se veía muy elegante con ese vestido entallado. Mi esposa también iba muy glamorosa con un vestido violeta oscuro hasta la rodilla.
Nos recibieron muy amables; cenamos y hablamos de todo. Hubo un momento en que ellas se centraron en la plática y nuestro vecino me invitó una cerveza en la sala. Me dijo que fuésemos por ella a la cocina. Cuando abrió la puerta del refrigerador, me dijo que sacara la que yo quisiera, me incliné a sacarla y en eso sentí su brazo sobre mi espalda y me dijo que sacara una para él. Su mano se deslizó por mi espalda hasta llegar casi a mis nalgas y ahí la dejó hasta que le entregué en la mano la cerveza. Me dijo casi en secreto, y acercando su cara a mi oreja que le agradaría poder estar en la intimidad conmigo y con su esposa.
Eso me hizo sentir un ligero cosquilleo en mi mi sexo. El notó mi inquietud y me tomó del hombro para conducirme a la esquina de la cocina. Dejó su cerveza cerca del fregador y sin más me plantó un beso en la boca. Su bigote bien recortado y poblado rozó por unos segundos mis labios, su lengua entró en mi boca buscando la humedad de la mía. Me rodeó con sus velludos brazos y me dio un abrazo fuerte al tiempo que movía sus caderas para juntar su abultado miembro contra el mío que también ya había crecido bastante.
Me soltó y me dijo que así saliéramos a la sala. Cuando lo hicimos ellas seguían en amena charla en el comedor. Así que tomamos asiento en la sala uno al lado del otro, mirándonos a los ojos. No pasaron ni tres minutos cuando nuestras bellas mujeres nos acompañaban.
Su esposa sabedora de la conducta de su esposo, me guiñó un ojo y bajó la mirada a mi abultado miembro. Mi esposa al parecer también estaba en esa misma sintonía y se acercó decidida a acariciármelo. No sé cómo sucedió pero en cuestión de minutos los tres, mi esposa y mis vecinos ya estaban jugando con mi pene duro que salía del cierre abierto del pantalón. 
En cuestión de minutos los cuatro estábamos desnudos y acariciándonos. La esposa del vecino abrió sus piernas dejando al descubierto su rico y depilado sexo. Inmediatamente puse mi pene listo para entrar, y en eso estaba cuando fui empujado por mi vecino quien con su cuerpo se acercó detrás de mí abriendo mis nalgas y metiendo su cabeza en mi hoyito. Mi esposa se puso arriba de mi espalda con las piernas abiertas para que el vecino pudiera hacerle un delicioso oral.
Los cuatro gozamos de lo lindo. Espero que por mucho tiempo los vecinos permanezcan al lado de nuestra casa para seguir disfrutando lo que la vida nos ofrece.



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