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Historias y Relatos Swinger

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regalo de cumpleaños

Me sorprendes con la mirada puesta sobre su brazo derecho. Tienen el reloj en él y no en el izquierdo como es la costumbre; me conoces y entiendes lo que eso significa: una puerta abierta a lo diferente. Es el único cliente que se hace entender en la barra. El cabello lacio, caído al frente, parece un telón que le  aísla de los demás; como un codo apoyando en la barra, empinado sobre el tarro de cerveza, parece como si temiera una llamada de atención.

Solo en un bar como éste, donde lo que importa es el consumo, podrían dejarlo pasar, pienso  mientras repaso lo trazos de su cuerpo menudo, desvanecido entre los pliegues de una camisola negra dos tallas más grande, seguramente y ajustado, hacia las piernas, por un pantalón de mezclilla y unas botas como las que usan los militares, quizá para sentirse más hombre,. Los labios rojos, sin duda, producto de una esmeralda alimentación todavía materna; la piel ligeramente sonrojada por el tránsito de dos cervezas que recorre su cuerpo inexperto, sino es que virgen… v-i-r-g-e-n, mi labio inferior se hincha bajo la presión de los dientes.

¿te gusta?.... reclamas atención.

Imagínalo… si me metieras los dedos,  sabrías cuanto. Te miro por un momento y hago un movimiento suave sobre la silla, hacia atrás y separo las piernas , hacia adelante y las junto, la costura de los jeans queda atrapada entre los labios, ya húmedos, de mi sexo. Mi clítoris se hincha ante la presión; recuerda una burbuja alimentada por el vapor que exhala la sangre caliente..

Bueno si tanto te gusta podemos invitarle una copa en el departamento. (eres siempre tan amable y solicito a mis deseos, que también por eso te amo)

Pero apenas tendrá  los quince, solo parta atender las prescripciones  morales, al mismo tiempo que te entrego una sonrisa como anticipo de mejor recompensa si me lo traes.

Solo es cuestión de proponérselo ¿no ves que es un hombre de mundo? - Respondes la sonrisa y te levantas. Vas hacia él, con ese caminar sigiloso de quien va pensando cómo abordar un deseo ilícito sin que el objetivo se asuste. te veo en la barra. Los veo a los dos. Junto a tu cuerpo , el suyo recupera sus dimensiones adolecentes. Le pones una mano en la espalda y toda su cabellera se revolotea con un aire de seguridad urgente ante el extraño, se descubre su perfil y me quedo prendada de esas pestañas negras y tupidas pienso que así debe tener los pelos. P-e-l-o-s. las sensaciones que me ha dejado la palabra en ese cuenco minúsculo que palpita con más fuerza bajo la costura de los pantalones.

Hablas con el y por la expresión de tu cara es que en un tono despreocupado con mucha neutralidad también se que eres experto en el juego seductor, mientras le hablas recorres el lugar con la mirada, te fijas en la gente, debes sentirte excitado pensando que quienes te ven no imaginan nuestros planes. Después detienes la mirada en mi escote, discretamente con las manos me levanto los pechos y te los ofrezco: “si quieres mamármelos… tráelo “ entiendes el mensaje yt vuelves a clavar la mirada en sus ojos negros.

Te veo sentado en nuestro sillón favorito, nos miras me has dejado el placer de desanudar al muchacho porque sabes cuánto gozo con la tarea de liberar botones desato el cinturón, la cremallera  esta tensa, peor luego, cede fácilmente, incluso con el impulso propio que le da lo que se libera, un pene, le quito  la ultima envoltura acertadamente tienen los pelos negros, tupidos y la verga a pinto de descargar,, “no resistirá mucho” te expreso con  una mirada, pero tú  ya estás preparado y deliciosamente tenso, junto al caso de vodka descubro el lubricante, beso a nuestro  invitado y lo pongo de espaldas a ti. Termino de deslizarle el pantalón pata que saborees las nalgas dónde vas a hundirte, se las acaricio y separo pata que puedas vislumbrar el ojete, le muerdo a un costado de la nuca, detrás de la oreja y su carne se estremece.

Me deseas ¿verdad? Soplo las palabras en su odio y afirma con un movimiento de cabeza, entonces bájame el pantalón , mis labios genitales se ven liberados de la mordaza que cae al suelo mojada y vencida. Te miro por encima de su hombro….

Ahora te vamos a mostrar que placentero puede ser un sillón d epiel, siéntate despacio relaja las nalgas.

Poso  mis dedos en su carnoso culo y lo abro aun más. Recargas los codos en ambos brazos del sillón y con las manos abiertas recibes su cadera, la mantienes frente a ti, soportando el peso. El quiere resistirse cuando siente tu punta en sui entrada pero ya no es posible, demasiado tarde, tu y yo lo deseamos y estoy segura que el también.

Por la suave vibración de su cuerpo, se que ardes en deseos de sentarlo en  ti cuanto antes, sin embargo  quieres que sea yo quien lo encaje en tu verga, para que ambos lo gocemos, así lo ago., me subo al sillón y con las piernas bien abiertas me poso encima del cuerpo que mantienes al filo de tu placer. Mi vulva se expende  y chupa poco a poco el pene agudo que se levanta hacia ella, lo bebo hasta la base el se incendia, el peso de nuestros cuerpos vence la resistencia de tus brazos y nos dejas caer sobre ti. El chico emite un quejido cuando lo penetras que me estremece sobre todo porque su carne dentro de mí, también lo hace, tiembla, estalla, el eco de sus contracciones me alcanza y lo sigo, aplazando el goce de mis últimos espasmos, me separo de ustedes; quiero que también  tu sucumbas al placer, entonces con el muchacho ensartado en tu miembro, te levantas, caminas hasta  la mesa y sobre ella, lo tumbas entras  y sales de el una y otra vez apurado por el ritmo frenético.

Yo los miro desde nuestro sillín y disfruto los restos de mi placer con la escena, finalmente estallas, cierro los ojos para apresar la última imagen y entonces escucho tu voz. -Amor, lo siento se lo propuse pero parece que esta esperando a su novia.

Me lo dices sin sentirte realmente apenado porque sabes que he gozado con la sola idea, aunque no creo que sepas cuanto.

 



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