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En las cabinas de la sex shop

El día de ayer jueves 25 de julio habíamos quedado con un caballero de la página de Pasión Liberal para visitar una sex shop con cabinas.

Lo contactamos a través del chat, y nos escribió que conocía el lugar perfecto, en  la Zona Rosa. Sin embargo, por alguna razón él jamás llegó al lugar de la cita. Ni siquiera tuvo la delicadeza de avisar, pero en fin. Ya estamos de alguna manera acostumbrados a la gente informal y poco seria.

Le pregunté a Lulú que deseaba hacer, pues en verdad teníamos ganas de conocer cabinas con “glory hole”; donde ella pudiese acariciar o mamar alguna buena verga.

Mi esposa me contestó que si yo quería, podíamos lanzarnos solos y ver qué se daba en el momento.

Las cabinas que conocimos son las de la tienda Erótika en la calle de Londres, Zona Rosa. Nos entretuvimos viendo la lencería pues nos encanta a los dos. Algunos atuendos sexys y fetichistas estaban a mitad de precio.

Al fin Lulú pudo vencer un poco sus nervios. Pedimos informes y amablemente una chica nos dijo que el costo por acceso era de treinta pesos por persona y que podíamos permanecer tiempo libre.

Pasamos antes a los sanitarios para lavarnos las manos y enseguida entramos a las cabinas, que están en la planta alta de la tienda. Adentro todo era completa oscuridad. Había un pasillo y las paredes estaban pintadas de negro. Tuve que prender la luz de mi llavero para no tropezar.

Al principio no vimos a nadie. Notamos alrededor de seis cabinas con una sola butaca, una junto a la otra, y dos cabinas exclusivas para parejas, las cuales tenían dos asientos bastante cómodos, como de sala de cine. Entramos a una de ellas y comenzamos a ver la película.

Dejamos la puerta abierta, pues hacía mucho calor y entonces vimos pasar dos parejas. Pero eran una pareja de chicas y la otra de hombres. Mi mujer comenzó a acariciar mi sexo por encima del pantalón. Yo me excité al instante y me surgió la idea de tomarle unas fotos muy sexys en la cabina, aprovechando la penumbra del monitor. Son las que apenas subimos al perfil. Creo que salieron muy artísticas.

Con la sesión de fotos le surgió lo atrevido a Lulú y entonces decidimos salir a explorar las cabinas individuales para ver si había “glory hole” en alguna.

Llegamos hasta una de las cabinas que quedaba justo en medio de otras dos. Pero el asiento era muy incómodo, como de sala de estar del IMSS. Notamos que había dos “glory hole”, pero situados muy debajo de la pared. Pensé que un hombre de pie no podría introducir su miembro a través del agujero, a menos que doblara las rodillas en una postura muy incómoda.

Al poco rato nos dimos cuenta de que la puerta de nuestra cabina no cerraba bien, de manera que al parecer dos hombres se asomaban para ver qué pasaba adentro de nuestra cabina. Yo estaba de pie y Lulú, sentada, me acariciaba el miembro con sus manos. Yo tenía su blusa semi levantada hasta los pechos. Ya no traía brassiere pues se lo había quitado para las fotos. De pronto uno de los hombres abrió la puerta y trató de acercarse a Lulú

Le pregunté a Lulú si le permitía al señor observarnos. Él ratificó que solamente haría lo que nosotros le indicáramos y hasta donde la dama se sintiera a gusto. Mi esposa asintió con la cabeza y entonces el hombre, que después supimos se llamaba Gerardo, se arrimó a Lulú con la verga de fuera.

Como pudimos nos acomodamos los dos frente a Lulú, quien ahora parecía entusiasmada con la acción y me mamaba la verga de una forma deliciosa. El chavo lo notó y trató de acercar su verga a la boca de Lulú. Pero ella le dijo que únicamente por ésta noche, lo masturbaría con sus manos. Los dos, Gerardo y yo, estábamos muy excitados. Nuestro improvisado acompañante comenzó a manosearle los pechos. Lulú se dejaba hacer. Yo besé a Lulú en la boca, lleno de lujuria. Después Gerardo se atrevió a imitarme y se fundió con mi esposa en un beso largo y húmedo.

Yo ya no pude resistir más y me vine en las manos de Lulú, chorreando su pantalón. Todavía intentó Gerardo que Lulú le comiera la verga, pero ella no se decidió. Sin embargo, lo masturbó con mucha habilidad. Gerardo comenzó a gemir y a arquearse. Lulú le pidió que no la salpicara de semen. Él se volteó a la pared y entonces la salpicó toda con su abundante venida. Enseguida Gerardo se subió el pantalón, nos dio las gracias y salió del reducido espacio.

Todavía llegó otro caballero a tratar de repetir la dosis. Pero la pequeña aventura había sido suficiente para Lulú. Salimos de las cabinas, bajamos a la planta principal y escogimos un juego de lencería. También compré un aceite especial para lubricar y anestesiar el ano de mi esposa. Pues para la siguiente visita a la cabina nos gustaría que alguien la dedease por atrás. De preferencia una chica.




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