Sitio exclusivo para adultos · Comunidad privada · El NO se respeta

Historias y Relatos Swinger

historias reales de nuestros usuarios

Historias y Relatos Swinger

Conoce las historias calientes de nuestros usuarios.


El Sr. Roberto

Después de un día de trabajo se antoja una cerveza fría, así que pensé: "Cuando llegue a casa me tomaré las cervezas que tengo en el refrigerador". 


Me extrañó ver estacionada afuera de mi casa la camioneta verde del Sr. Roberto, hombre de 1.80 de estatura y cabello totalmente cano a pesar de sus 45 años. Siempre formal en su vestir y siempre bien afeitado. Sus manos velludas siempre bien cuidadas. 

Supuse que algún problema se le había presentado. Pero cuando entré a casa vi mis cervezas destapadas en la mesa de centro de la sala. Ya mi esposa y él habían dado cuenta de ellas. Me explicaron que mi ascenso en el trabajo ya estaba para firma al día siguiente, que me tomara una cerveza para festejar.

El Sr. Roberto siempre fue muy buena persona, así que ahora estaría yo en la subdirección de la empresa. Mi esposa estaba muy feliz y la confianza que siempre le hemos tenido se la demostrábamos siempre. Ahora mi esposa se mostraba muy complaciente con él. Aunque en él noté cierto nerviosismo que en su pantalón se traducía en un abultamiento de la entrepierna.

Mi esposa no percibía ese abultamiento ya que su felicidad se centraba en el futuro prometedor que nos deparaba gracias al Sr. Roberto.

Pero hubo un momento en que ella le acercó una cerveza más y pudo darse cuenta lo que provocaba su acercamiento con el Sr. Roberto. Me miró y le sonreí guiñándole un ojo. Ella entendió que no me molestaba. Así que igual que lo estaba haciendo se acercó a él con la cerveza y sus manos se rozaron por un momento que él hizo mas prolongado. Ella correspondió con una sonrisa.

Yo tomé el curso de la conversación y me senté al lado derecho de mi esposa; a su izquierda estaba el Sr. Roberto. Empecé a provocar el cruce de bocadillos entre mi esposa y él. Así que de vez en cuando el antebrazo del Sr. Roberto rozaba los hombros y a veces las piernas de mi esposa.

Eso me fue excitando, y sin más le planté un beso a mi esposa llevando su mano a mi bragueta para que sintiera mi pene duro y caliente. El Sr. Roberto al ver eso tuvo una reacción espontánea y se llevó su mano también a su pantalón. Le tomé esa mano y se la puse en la pierna de mi esposa. Ella lo sintió y no hizo nada por apartarse.

Tomé la otra mano libre de mi esposa y se la puse en el pantalón del Sr. Roberto, quien de inmediato se acomodó en el sillón sacándose su pene duro para que ella con toda comodidad pudiera jugar con él.

Las caricias entre los tres fueron en aumento, y poco a poco iba desvistiendo a mi esposa. Yo ya no tenía mi pantalón puesto así que ella empezó a darme un delicioso oral. El Sr. Roberto empezó besando las piernas de ella, y de pronto ya estaba besando sus bubis, su cuello. Mi esposa seguía dándome un rico oral cuando sentí otra boca mas. Era el Sr. Roberto quien con ayuda de ella me daban con su lengua. Sus labios besaban la punta mientras el otro me lamía mis testículos. Era una sensación nueva para mí. El Sr. Roberto se la llevó a la boca y empezó a moverse de arriba a abajo mientras mi esposa me lamía y besaba la boca de él. No pude contenerme más y un chorro de leche caliente salió disparado cruzando la cara de ella e inundando la boca de mi próximo jefe en la oficina de la empresa.



Regístrate y conoce mas historias