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AQUELLAS CONSULTAS GINECOLOGICAS.....
Recuerdo esas visitas que solía hacer hace algún tiempo. Siempre me
decía lo mismo cada vez que le visitaba, que las revisiones anuales son
suficientes en mujeres con un ritmo de vida normal. Entre risas le decía que no
tengo muchas oportunidades de que un hombre me “meta mano”, y que lo aprovecho.
El pensaba que era una obsesionada de mi salud, estoy hablando, por supuesto,
de mi ginecólogo.
Sé que lo que me pasaba no era normal, que mojaba mis pantis por la excitación
cada vez que lo visitaba, este tipo de consulta las veía como algo placentero,
nada tiene que ver con la visita al dentista, por supuesto, aunque mis amigas
no son de mi opinión. Para ellas es un trago duro a pasar, la realidad es que
no sabrían decidir a cual de los dos profesionales les tienen más miedo.
Afirman también, que, si en vez de ser hombres fueran mujeres, se sentirían más
cómodas. ¡Qué tontas son!
Yo, desde mis primeras visitas, a los 25 años, siempre mantuve la misma
opinión, me siento mejor si, quien me atiende es hombre, si es maduro… mejor, y
si es guapo…ya… ni te cuento. Este es
precisamente el perfil de mi ginecólogo, pero, y creo que esto es por su edad,
era un hombre muy atractivo, debía tener unos cuarenta años. De él me gustaban
sus ojos, de solo mirarlos… ufffffff, me derretía.
Con los años aprendí a disfrutar del momento, desde que, tras el biombo, me
desnudo. Pensaba que estaba en la habitación de cualquier hotel y me despojo de
la ropa, para después, sobre la camilla, con las piernas en alto y apoyadas
sobre los soportes, como si fuera a recibir una sesión de sexo a manos de él.
Parece escabroso lo que voy a contar, pero para mi no lo es. Mi pregunta a ustedes los hombres, imaginen que van al urólogo, y ven que
quien los va a examinar es una mujer, joven y además es guapa… ¿qué pasaría?,
tendrían una erección seguramente, ¿a que sí?
Procuraba llevar falda, para no perder mi estética y feminidad al sentarme en
la camilla. Desprovista de pantis, y, al abrir mis piernas, sentía como los
labios de mi sexo se despegan, y dejaban a la vista la entrada de mi vagina .
No podía evitar hacerme siempre la misma reflexión, sé que es un profesional y
que tiene que guardar “las formas”, pero ¡es hombre a pesar de todo! Al igual
que yo pienso que me penetra con sus dedos y me excita el momento, seguro que
él no termina por acostumbrarse, especialmente si la chica le gusta, al menos
es mi opinión. Quiero creer que no le es indiferente examinar a una chica que,
como yo, es más joven que él y que llevo mi sexo rasurado. Me niego a creer que
todas somos iguales ante sus ojos… ¡Ay esos ojos!
Tumbada y con mis piernas abiertas, lo observaba, y me pasaba todo el tiempo
pensando….
Ya se acerca, mmm, no quita sus ojos de mi sexo, ¡eso, eso!, enciende el foco y
alúmbrame bien, ¿por qué dará tanto calor esta luz?, está muy caliente, se ha
sentado, pero su taburete está lejos, al acercarse… casi restriega su cara por
mi sexo… mmm.
Es ahora cuando me gustaría que se dejase llevar por su instinto masculino, y
lamiera mi clítoris, mientras me explora, porque… se tiene que dar cuenta, está
durito, rojito, excitado… tiene que ver que mis labios están hinchados, piden
sexo, y, el olor de mi vagina se hace más intenso.
Con qué delicadeza se pone los guantes, a modo de condón, ahora el lubricante…
siento sus dedos abriendo mis labios… ya… ya… Ummm… ¿qué dedo será? Creo que se me nota mucho… mi cara… ahhhhhhh… ¡me ha metido dos!... ¡Qué
bien palpa! No, no, ¡esos son los ovarios!... más abajo está mi punto g… (Se me
escapa un gemido)
- Perdona, ¿te he hecho daño?
- No, no, no
- Veo que esta vez has venido muy preocupada, te haré una colposcopia.
-¡si parece un consolador! Le ha puesto hasta un condón, lubricante y… mmm…
Oh, Si.
- Mira la pantalla, esos son tus ovarios, tu útero…
¿ups? Ese hombre clavándome un consolador…
- Perdona, no estoy muy atenta a la pantalla.
estás en otro sitio.
Sí, sí, lo que me gustaría es estar en tu casa comiéndote la verga.
- Todo está correcto, levántate el sostén, vamos a explorar las mamas.
¡Oh Dios! ¡Ahora soba mis tetas!... Lo que daría yo porque las lamiera… Que la
punta de su lengua rodeara mis pezones, con suavidad, dejando su saliva en
ellos. Que sus labios jugaran a morderlos, que los estirara y, que al
soltarlos, mis tetas se movieran ante sus ojos .
Debería atreverme, debería esperarle al salir, pero no veo que muestre interés,
es ahora cuando, al bajarme de la camilla le devolvería el favor.
Le quitaría el pantalón y su bóxer, abriría sus piernas y lamería sus testículos,
sus ingles y su pene… Dejaría que sintiera su viril pene dentro de mi boca,
para que notara mi calor y mi humedad. Recorrería su glande con la punta de mi
lengua y acariciaría su frenillo con ella, hasta ver en su cara que desea más,
ir más allá. Entonces, iría introduciendo su pene entero su base, que roce mi
garganta, hasta que sintiera náuseas. Haría giros con mi cabeza mientras la subo y bajo con mis labios. Que tuviera
deseos de follarme .
Lástima de profesionalidad, que nos impide ir más allá, y nos quedamos, al
menos yo, con la sensación de que nos entenderíamos a la perfección en la cama.
¿Seré capaz de esperar un año entero? Me vuelve loca esos ojos clavados en mí,
su seriedad, su madurez.
Son tantas las ganas que tengo de follarme a ese hombre y de mirar la
profundidad de su mirada al ser poseído por mí, que creo que sacaré valor, y
daré el paso. Es tanta la necesidad que tengo de saber me desea tanto como le
deseo yo… que estoy segura de que será mío algún día eso me repetía una y otra
vez..........
aunque todo fue una fantasía que no realice pues en una de esas consultas
llegue y el ya no estaba se había marchado de la ciudad aun recuerdo con
excitación esas visitas anuales con mi ginecólogo.....................
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