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Su culito es de quien quiera, menos mío

Siempre tuve un resentimiento con mi amada consorte: No me dejaba darle por detrás y mi único pecado es tenerla un poco grande para su anatomía.

Me mide 18 centímetros, ni más ni menos. Hemos conocido varias personas que dicen cargarse 20, 22 y hasta 24 centímetros, pero son de pura lengua, porque de caramelo se cargan un pelón pelo rico, y a veces de los minis, claro, con un par de afortunadas excepciones.

 

Mony se rehusaba a permitirme poseerla por todos lados, hasta que un día, con nuestra pareja swinger de cabecera, la encontré a cuatro patas siendo penetrada por detrás sin emitir queja alguna.

Eso me hizo sentir un sabor agridulce. No fui yo quien estrenó ese tesoro ¡Y qué estrenada le dieron!

 

Cuando volvimos a casa le medio reclamé y solo me dijo que estaba algo tomada, que se dejó llevar y que él la tenía pequeña (unos 15) y por eso la resistió sin muchos problemas. A fin de cuentas ese rinconcito de cielo seguía prohibido para los pitudos.

 

Me dijo que yo era muy brusco y bestia, así que acordamos que sería alguien quien le ayudaría a “abrir camino” y luego entraría yo en el terreno ya bien arado. No se hizo, le seguía doliendo demasiado.

 

Fue tanta la insistencia infructuosa y los esfuerzos sin resultados, que terminé por resignarme y asumir que ese culito nunca sería para mí, pese a ser mi mujer. Otros la gozarían y yo no.

 

Enfurecí más (no con ella, con la perra vida tan injusta jaja) cuando me dijo que tenía muchas ganas de ser penetrada por detrás y solo por detrás, pero no por mí. Fue ahí cuando entró Sergio, un personaje de una historia que ya les compartí hace tiempo. Le dio duro y bonito, ella lo disfrutaba como loca y ahí valoré el tenerla de un tamaño más mesurado.

 

Tenerla grande no siempre es una maravilla, debes mantenerte sano para que esté siempre bien dura, a menudo lastima e incluso me han tocado chicas que no la aguantan, lo cual es muy triste, y eso que, insisto, tampoco es tan grande. Pobres negros.

 

El caso es que queremos reintentarlo, si no se me hace en esta ocasión, al menos que se vaya acostumbrando hasta que llegue el momento de mi ingreso triunfal.

 

También apelo a ustedes, hermanos swingers, para pedirles consejos y así cenarme pronto el delicioso culito de mi reina ¿Cómo le hago para entrar al cielo?

 

Manuel y Mónica

 

moniiyocasi



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