Historias y Relatos Swinger
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Historias y Relatos Swinger
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Por hablador, ahora el pendejo fui yo.
Luego de varias
decepciones, Mony y yo acordamos no invitar más singles. Vetados por un tiempo,
mis amigos. Entre patanes, pijacortas, gordos e impotentes, apenas tuvimos
alguna experiencia memorable, y eso hace tiempo.
Estábamos fastidiados
del SW, pero de pronto hubo una pareja que nos llamó poderosamente la atención.
No ponemos su nombre, porque no les hemos pedido permiso para publicarlo.
Ella, nortamericana y
él mexicano. No es la primera propuesta similar, nos han ofrecido intercambios “alemanas”,
“francesas” y “españolas” pero con la forma de redactar te das cuenta de que
una persona con mínima cultura no ezkribe
ací.
No somos policías de la
ortografía, pero aspiramos a relacionarnos con personas que hayan terminado la
secundaria, no por discriminar, sino porque, a la mera hora, sencillamente no
encontramos nada en común con ellos y terminamos haciéndoles perder el tiempo y
perdiéndolo nosotros.
El caso es que vimos
sus fotos y de inmediato nos impactó la belleza de la chica, la actitud del amigo
y la buena onda de ambos: Les respondimos de inmediato.
El tono de la
conversaciones fue exactamente lo que esperábamos. Quedamos de vernos en La
Condesa, nuestro barrio favorito, donde había una fiesta de un club (no
swinger) al que pertenecen. Todas las personas que allí se reunieron son a toda
madre, de distintas partes del mundo, y fue un gesto muy amable que nos invitaran,
a la primera, a un entorno tan privado.
La gringa es
verdaderamente hermosa, de ojos claros, rubia, alta, con un cuerpo hecho a
mano. De su personalidad y forma de ser, ni hablamos. El mexicano (lo llamamos así
para reservar su nombre), nos presentó con todos como sus amigos, y luego nos
invitaron a su casa… ya se veía venir lo que sucedería.
Estuvimos bebiendo un
buen rato. La gringa toca la guitarra y canta como una condenada diosa, y no
estoy exagerando. Podría pisar cualquier escenario. A Mony también le gustó
mucho el chico.
Pocas veces o quizá
nunca me había sentido tan impresionado. He estado con mujeres hermosas, mi
mujer es una de ellas, claro está, pero con unas cervezas encima y su manera de
cantar, sencillamente me apendejó.
No sabía qué decirle,
porque pese a que se notaba bien dispuesta, no atinaba a encontrar la palabra
adecuada para proponerle, simplemente, que cogiéramos. Mi mujer no necesitó
palabras, ella estaba en el techo dándole una mamada a nuestro anfitrión, y
después de un rato bajó para decirme: “¿Qué estás pendejo?”.
Estaba perdiendo el
tiempo hablando de música, historia y mil tonterías, muerto de nervios, en vez
de decirle llanamente que fuéramos los cuatro a la recámara. Afortunadamente no
fue necesario hacerlo: la gringa lo hizo.
Describirles como
cogimos es torturarme con su recuerdo. Cogía maravilloso, la chupaba mejor y,
aunque parece curioso, lo más rico fueron sus besos, con unos labios dulces y
delicados. Esa gringa es un ángel, y yo me sentía en el cielo. Tras interactuar
los cuatro (nada gay), chuparnos y cogernos, Mony y yo nos fuimos a dormir.
Al mediodía
despertamos, con un toc, toc en la
puerta: “La gringa está caliente, le
gustó tu verga, ya chingaste mano”, dijo el anfitrión. Me paré como un resorte
pese a que traía una cruda medio canija. Fui al cuarto de la güera sin perder
tiempo y le comí el coño con todo gusto. Puta madre, mi sueño hecho realidad,
dos veces. Juro que escuchaba sus canciones mientras cogíamos, y solo se
interrumpían con sus gemidos y sus gritos, que sonaban aún más ricos.
De pronto noté que la
gringa se venía, entonces tuve que tomar una difícil decisión: Aguantarme y
seguir cogiendo o explotar junto con ella, fundidos en un mismo orgasmo.
Chingue a su madre, esas cosas no se repiten: Nos venimos juntos.
Quedamos tendidos un
ratito, pero para qué les tiro rollo o invento mamadas: Ya no pude echarle el
tercero. Ella me la mamó como loca, estaba ansiosa por más verga, pero 5 minutos
no son suficientes para volver a la vida después de tan tremenda venida. Lo
intentamos, pero no, y nos fuimos a desayunar.
Ahí platicamos los
cuatro, quedamos de vernos de nuevo y pasarla padre ya fuera en su casa de
nuevo, o bien, en un viajecito los cuatro. Seguro nos la pasaríamos rebien. Ya
cuando íbamos solos Mony solo me dijo “eres un pendejo, si no voy y los hago
reaccionar, ni te la hubieras cogido por estar hablando de música”. Era cierto,
pero lo bueno es que mi Mony es mi cómplice al 100%, y por eso la amo.
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