Historias y Relatos Swinger
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Historias y Relatos Swinger
Conoce las historias calientes de nuestros usuarios.
Por "machito", me perdió.
Luego de un tiempo pensándolo, me fastidié de los singles.
Rostros, cuerpos y penes iban y venían, sin dejarme nada digno de recordar:
Cogidas lentas, eyaculaciones precoces, delirios y manías curiosas, pero en su
mayoría molestas. Me di cuenta que los singles que conocí en internet eran
solteros, precisamente porque tenían poco qué ofrecer. Dejamos de invitarlos.
Nos dimos unas vacaciones del mundo swinger, pensamos en retomarlo
luego, cuando conociéramos a la pareja ideal, pues no somos de la idea de hacer
servicio social ni encontrar a los indicados por ensayo y error. Entonces
conocí a Roberto.
Mi esposo estaba fuera de la ciudad por motivos de trabajo,
y pasaría casi dos semanas fuera. Roberto no es muy guapo, pero tiene un
noséqué, que me gusta muchísimo. Quizá su actitud, su manera de ser, no sé,
pero me hacía que me dieran consquillas en la entrepierna a los 5 minutos de
conocerlo en una fiesta de mis amigos.
El “clic” fue inmediato. Roberto y yo intercambiamos
teléfonos y perfiles sociales, luego intercambiamos llamadas y dos días después
ya intercambiábamos saliva en la sala de mi casa. Roberto había ido a ver
películas, pero tuve cuidado de ponerme unos leggins que se transparentaban y
la mejor de mis tangas, la más chiquita.
No acostumbro hacer nada sin consentimiento de mi esposo,
tampoco es mi jugada aflojar a la primera cita, pero Roberto realmente me
volvía loca como pocos hombres, y el no saber qué era me provocaba más ganas de
tenerlo dentro de mí por donde quisiera.
Manuel, mi esposo, ya me había dado permiso de conseguirme
un “novio” de planta, que lo ayudara a mimarme, a tratarme como reina, a
escucharme, a consentirme, y claro, a cogerme bastante.
Roberto es médico, soltero y dos años mayor que yo, ideal
para emprender algo más “a largo plazo”. Lo quería para novio.
Quise hacerme un poco del rogar, pero no pude. De los besos
pasé a desabrochar su pantalón, sacar su pene y clavármelo en la boca para
mamarlo como becerrita hambrienta. Ya bien parado y ambos bañados en nuestros
jugos, era una mera cuestión de puntería para que entrara sin resistencia
alguna, y así fue.
Su tronco no era nada del otro mundo, ni pequeño ni grande,
un pene estándar. Realmente esta clase de miembros tienen su chiste, pues hacen
bien el trabajo sin causar molestias ni lastimar nada. Ok, lo acepto, prefiero
los penes grandes, pero una verga no lo es todo y a mí me interesaba el muñeco
completo y no solo el pivote.
Me clavó como perra. Adrede dejé que me pusiera como él
quisiera, donde él quisiera y estuve a punto de dejarlo ser el primero en
hacerme suya por detrás, pero no insistió lo suficiente y a mí me daba miedo.
Me tuvo un buen rato empinada y luego con mis piernas en sus
hombros. En el sillón, en mi cama y un rato recargada en la pared. Me gustó
tanto su olor, su cuerpo y su cogida que quise enviarlo feliz a casa y saqué mi
arma especial: Le di una buena mamada, con mi mejor técnica, para que se
viniera en mi boca y gozara como loco. Quería que me rogara por más.
Tras cogerme a su antojo se fue, como a las cuatro de la
mañana, pero me quedé picada. Dormí un
rato y apenas desperté, el domingo, lo vi conectado en el Face y lo invité a
dar una vuelta, pasar una tarde bonita y luego cogernos como locos. Me rechazó.
Una de mis mejores amigas, también amiga de él, me contó que
Roberto se había tomado como un gran logro el poseerme a la primera noche,
incluso le presumió que me tuvo hincada mamando, embarrada de mi saliva y su
semen. Un patán.
Quería hacerse el gran galán. Es cierto que me gustó, pero
también es cierto que cuando alguien me gusta me dejo poseer completamente,
pues para eso es el sexo ¿qué no?
Creyó que insistiría, que le volvería a marcar, que él era
el príncipe que estaba yo esperando, ese por el que había “engañado” a mi
esposo y al que no podría resistir. Pobre idiota, tres días después me estaba
rogando que fuéramos al cine. Obviamente lo bateé.
Ahora me pide que cojamos de nuevo, que ese día tenía
trabajo y que por eso no pudo. Me ofrece la luna y las estrellas, pero una cosa
es que sea una puta por gusto y otra muy distinta que sea puta por tarada. Te
la perdiste mijito.
¿De plano es imposible encontrar a otro hombre (como mi
esposo) lo suficientemente listo como para considerarlo un homo sapiens? No se
trata de cumplir caprichos, comprarme cosas o soportar tonterías, simplemente
que tenga una charla agradable y que pueda pasar más de 20 minutos sin
comportarse como adolescente acomplejado. Un hombre normal, que hable, que
baile un poco y que sepa que cuando una mujer lo acompaña a la cama, no es que
se someta a él, sino que es un acto en el que dos adultos acuerdan pasar un
rato agradable. Eso es todo.
Espero que les haya entretenido mi historia, y perdón por no
contarles historias apasionantes de orgías monumentales en lugares paradisiacos.
Yo les cuento la pura verdad, ¿qué opinan?
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