Historias y Relatos Swinger
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Sin retorno
Llevaba alrededor de
unas semanas que presentía que su esposa lo estaba engañando. No tenía la
certeza, pero algo había de malicioso y efervescente en su mirada y sus
palabras.
La comida la preparaba con la misma
sazón que lo había enamorado desde la primera vez que lo invito a comer a su
casa y terminaron masturbándose como los adolescentes que eran, en la escalera
mientras su familia veía la televisión a unos metros.
No era que en tantos años en vida
mutua, no hubiera estado con otra mujer, le aterraba la idea que pudiera
disfrutar con otro como seguramente con el ya no lo hacía. Todo parecía marchar
igual, el mismo síntoma de la vida diaria, reloj, baño, leve roce de labios, y
salir a jugarse la vida en el andamio de la misma.
Mortificado por sus preguntas, no
estaba concentrado en su trabajo y menos en su esposa, más que para tratar de
descubrir el enigma que se escondía dentro de ella… ¿quién te cojera?.... peor
aún, estaría pagando sus infidelidades por fin. Se había tardado demasiado.
Perseguirla sería demasiado y no
hacerlo sería poco.
Era tan igual a otros días, su misma
parsimonia, el mismo cabello, el mismo cuerpo que jamás pudo abandonar aunque
lo intento. En un borde de la frustración, pensó en decirle que si quería
seguir con el otro que lo hiciera, pero que no lo abandonara.
No lo notaba, al menos ella según él a su parecer, pero se
amaban tanto como para no tener que demostrarlo. Error.
Empezó a sentirse humillado, y luego
se sentía contrariado por que no tenía más que la pizca de duda de la traición,
pero ¿cuál? ¿las que yo hice para provocar esta? ahí más que el dilema, la
causa de la existencia humana.
Se decidió y revisó su teléfono, no
tendría que ir tan lejos, ni buscarla en moteles, ni contratar brujos para que
le adivinaran lo que él ya esperaba desde hace mucho.
El lo conocía.
Lloró un momento. Era demasiado
hombre para aceptar que había alguien mejor que él. Sin embargo desde que el
hombre es lo que es, encontrara de alguna u otra manera la forma implacable de
sobreponerse a todo.
La furia, el miedo, la ansiedad ya no
poder evitarlo lo sacudió con el mismo pensamiento que más lo mortificaba entre
todos: la excitación de imaginarse a su mujer encima de otro, o de lado, o de
reversa. Ese sentimiento de culpa y lujuria era muy pesado.
No dijo nada, espero el momento
adecuado. Divorciarse seria lo más natural, aunque ella haya preferido saber
que él era suyo por las noches y al mismo tiempo le pertenecía a todo el mundo.
Aunque en esto igual hubiera un poco de mentira.
Después de cenar el estuvo muy serio,
ella lo notó y le pregunto si pasaba algo. El dijo que no. Se acostaron a
intentar dormir.
Ella buscaba algo de reconfortante después
de un largo día entre trapeador, escoba, fila de carne, y arroz. Quería el sexo
sin amor que se propinaban desde hace tiempo. Insuficiente para llenar el hueco
que dejo el amor fresco, pero bastante para las ganas.
La enfrento como tantas veces ella lo
hizo con toda la razón.
Desde cuándo te acuestas con él
De qué hablas
No te hagas pendeja, revise tu teléfono
en la mañana
sintió mas la ofensa que el que la hayan descubierto.
Bueno, no era el momento más
adecuado, pero era el único que su mente le dejo ver.
Ella lo negó tal como él le había enseñado
cuando lo descubría.
No quieras engañarme. Sólo dímelo.
Ella se rindió, y él tampoco
esperaba una disculpa.
Lo deje ahí para cuando lo quisieras
encontrar, y si se podía que te doliera, pero veo que no.
Se arrincono en sí mismo, porque
esperaba que ella se lo negara más, hasta el punto de hacerle creer lo que él quería
creer: que no lo había hecho, lloró nuevamente esta vez, ella se doblego y le pidió
una disculpa.
Le dijo que no le había gustado,
tanto.
Pero ya era tarde.
El fin del mundo estaba lejos y el no
l iba a esperar.
La tomo por los cabellos, la miro
fijamente a la cara, con los ojos aun llenos de lagrimas, y le dijo con cierta pasión
y amor reservado para ciertos momentos que a veces se dan: "putita,
¿te gusto?"
Sintió temor de lo que pudiera
desencadenarse en ese ciclón de emociones que era su marido si le contestaba lo
que fuera, y en un arrebato de piedad por ella misma, le dijo que sí, con tal
que no ocurriera nada más grave que la verdad.
Pero, y este era el pero más sincero
que le había dicho, no he podido encontrar otras ganas como las tuyas ni sentir
que me hacen completamente suya, y me sentí culpable, por no podértelo contar, perdóname
y se echó a llorar. La beso tiernamente y de la indignación paso a lo que ya se
veía que pasaría; la tomó por los cabellos, la volteo con la boca hacia abajo
quedando sus nalgas a su merced le puso una almohada debajo del vientre, ella
le preguntó con retorica, que haces, y él le contesto de igual manera, para que
no lo vuelvas a hacer... y la penetro, igual que todas las otras veces pero con
la consigna de hacerla saber que se pertenecían. La cogió como cuando tenían veintitrés,
y la trató como la dama que ya era a sus treinta y tantos, y como la puta que
siempre quiso que fuera. La competencia le había devuelto el vigor y la actitud
de ganarse en cada embestida lo que ya era suyo nuevamente, saber que otro había
hecho lo que el podía hacer diario y sin que nadie lo impidiera, le daba una
nueva vista del panorama, hacía tiempo que no la veía tan bella y sexual. Era
deseada por otros, pero solo era para él, como en el eterno dilema del cazador que
una vez hecha la faena, guarda el trofeo para cuando las glorias ya sean pocas.
Esta vez no sería así.
Cuando la tenía de de bruces contra
la cama y le empujaba el alma contra el cabezal de la cama, desato los amarres
del ego y le dijo tácitamente que le contara en sus respuestas lo que había
hecho mientras él le preguntaba
De seguro te cogió así de perrito, ya
me imagino lo que sentía cuando vio este culo frente a él.
Si, decía ella entre gemidos, y no me
aguanto ni cuatro minutos, a él si lo hice venir a la primera, no como tú...
le jalo nuevamente los cabellos
Esto lo enardeció mas y casi llega al
infarto al aumentar la potencia y los gritos acompañaron lo que habría de
dejarlo sin retorno, entregarse a lo que su instinto mandaba y no lo que la razón
decía en su último intento por escapar del miedo de seguir siendo hombre:
Lo vas a volver hacer ah, ¡SLAP! le
dio un certero manotazo en las nalgas.
Vas dejar que otro coja!!!
Ella perdida en su pasión, le dijo
que sí, que si era necesario engañarlo diario, para que el la cogiera con
tantas ganas como para sentirse indignada de que seguramente así se cogía a
otras... entonces un grito de pasión interrumpió el de ella, y dentro de ella
pudo sentir como ya no regresaban de esa nueva costa en la que los dos
naufragaban, ahora juntos.
Mayo 2 del 2013
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