historias reales de nuestros usuarios
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La verdad la idea ni había cruzado por mi mente, hasta hace poco tan blanca. Fue mi esposo el que comenzó a decirme del tipo de chicas a las que le resultaría muy difícil decirles que no. Y dado que él había sido hasta entonces mi única pareja sexual y la confianza que mutua que nos tenemos, llegamos a un acuerdo matrimonial: Si tenía la oportunidad con una chica de tales características, podría proceder sin ningún remordimiento, siempre y cuando yo gozase de la misma libertad con un tipo de las características que a mí me gustan. Cerramos el trato con una cogida fantasiosa en la que él no era él y yo no era yo.
A mí la verdad la idea no me atraía. Me casé y sigo muy enamorada de mi esposo. Siempre me sentí feliz de que él fuera el primero y único hombre en mi vida. El me satisface enteramente. De hecho la condición que le puse de permitirle follar con otra chica si él me dejaba hacerlo con otro tipo fue pensando que sería un impedimento en sus pretensiones. No creí que él consintiera compartir a su princesita con nadie más.
Pasamos dos años, sin buscar lo que nos permitimos y sin que la oportunidad se presentara. Sin embargo, ahora recurrentemente fantaseábamos al respecto. Así fue como empecé a considerar el sentir otro cuerpo, otras manos…otro pene. De pronto la idea pasó de ser algo lejano, a ser algo posible. Y de eso a ser algo deseado. Me descubrí excitándome ante la idea de agarrar otro pene, de coger con un desconocido. En una noche loca, en que terminamos cogiendo en la calle, le confesé a mi esposo que deseaba eso.
Así acudimos a un club swinger para tantear el ambiente. La idea era solo ir a ver, sin interactuar ni presionarnos. Sin embargo, uno de los strippers del show me eligió como parte del performance de sexo en vivo. Yo, muy nerviosa voltee a ver a mi esposo, quien me dijo que si quería, adelante. Pasé al centro del escenario, las miradas fijas en mi. El stripper, un morenazo cubano, comenzó a desvestirme y manosearme toda, enfrente de todos. El solo traía una minúscula tanga, yo saqué su pene y por primera vez tuve en mi mano una verga ajena, lo masturbe y la sentí crecer. El ya me tenía toda desnuda. Me sentí una teibolera, desnuda enfrente de tantos desconocidos. Y me gustó la sensación. El me acostó boca arriba, se colocó un condón y comenzó a intentar meter su gran miembro en mi puchita. Solo me entró el glande, pues en verdad era muy grande su verga. Me colocó en diferentes posiciones y logró introducirme un poco más de su trozo de carne. Cuando el show terminó, me besó en la boca, me dio las gracias y se despidió. Desnuda regresé junto a mi esposo.
Eso experiencia bastó para pasárnosla follando todos los días durante un mes entero solo de recordarla. También sirvió para saber que podíamos separar muy bien el placer de los sentimientos. No aparecieron celos y por supuesto, nos quedamos con ganas de explorar más cosas.
Por esa razón acudimos a otro club swinger, ahora con la firme intención de interactuar con otra pareja. Ahí se dio mi segundo encuentro con un pene desconocido, mientras veía a mi esposo cogiendo a metro y medio de mí con una linda chica ¡Ufff! Que deliciosa sensación. También ella se convirtió en la primera chica que bese, que chupó mi tetitas, a la que yo le mamé sus tetas. ¡Wow! Con ella descubrí que puedo ser bisexual sin perder mi excitación. Y que rico sentí sus dedos explorando mis cavidades.
En resumen, mi esposo y yo nos hemos descubierto y aceptado como swingers. Estamos decesos de realizar un trío. La idea es reunirnos en un bar, conocernos, charlar y seguir la velada en un hotel donde espero alternar el pene de mi esposo con el tuyo, provocarme un mar de orgasmos y también que disfrutes de mi joven y bello cuerpo. Chicos jóvenes, solventes y atléticos, ayúdenos a dar este siguiente paso. Estaría genial este viernes.