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Historias y Relatos Swinger

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Sexo con Maduro!


Hola, chicos y amigos, soy Afrodita y mi esposo, casi nunca escribimos relatos pero esta vez, quisiera platicarles lo que nos pasó esta semana santa, cuando por vacaciones, nos fuimos al puerto de Acapulco. A decir verdad, nuestro plan era viajar a otro destino turístico pero la economía ha bajado y no nos quedó otra más que hospedarnos en el hotel Copacabana, en ese puerto.

Les cuento que llegamos un miércoles por la tarde, habíamos salido ese día temprano de la ciudad de México, iba con un pantalón de mezclilla color azul, sumamente ajustado y una blusa pegada oscura pero a petición de mi esposo, no llevaba brasiere, así que cada vez que podíamos, nos parábamos en una tienda de la carretera a comprar y como se imaginarán, mis senos eran el foco de las miradas.

La intención era descansar, salir al antro por la noches y si ahí conocíamos a alguien y se daban las cosas, llevárnoslo al hotel. Como les digo, llegamos y los botones que estaban en la entrada, enseguida se ofrecieron a llevar las maletas, todos eran señores maduros y uno un poco más que los demás, después me enteraría que tenía 58 años; naturalmente, todos pusieron los ojos de plato cuando bajé del auto y sin más, no les hice mucho caso y entré a hacer el chek-in, después entramos a cambiarnos para salir a la playa y por la noche, al antro.

El jueves fuimos al conocido Palladium, me puse un vestido negro entallado y aunque no estaba escotado, era bastante corto, tanto que tenía que bajármelo cada dos segundos porque se me iba arriba de las nalgas; por su parte, mi marido iba feliz que su esposa fuera tan deseada. Ahí conocimos unos chavos que dijeron ser de Puebla, eran dos amigos altos, morenos y delgados, al principio le pidieron permiso a mi esposo para sacarme a bailar y obvio, les contestó que sí mientras él me miraba desde la barra; de esa manera, me estuvieron cachondeando toda la noche, me metían las manos debajo de la falda, que prácticamente era un cinturón y me repegaban sus miembros, uno por enfrente y el otro por atrás.

Debido a esto, pensamos que habíamos encontrado con quién amanecer, así que como a las 2:00 a. m., les propusimos salir e irnos a otra parte, para estar más cómodos y emocionados, estos chicos dijeron que sí pero al ir saliendo, uno de ellos se puso a vomitar en el estacionamiento, de tanto que había tomado. Naturalmente, su amigo lo auxilió pero el tipo no se reponía hasta que nos confesó que era menor de edad y que eran de sus primeras veces tomando, por lo que estuvo a punto de darle una congestión alcohólica, ¡qué decepción! y esa noche, regresamos al hotel sin algo.

Al ir entrando, se nos acercó el botones que nos había subido las maletas al cuarto el día anterior, se llamaba don Pepe, o por lo menos, así le decían sus compañeros y quería hacernos la plática pero la verdad, ni mi marido ni yo le prestamos mucha atención, veníamos frustrados, así había pasado otro día. El viernes salimos a la playa, iba con un diminuto bikini color blanco, que hacía que mis senos se me salieran por los lados, por lo presionados que estaban y el calzón era muy parecido a una tanga, aunque no llegaba a serlo y estuvimos tomando el sol todo el día. Era curioso ver como la mayoría de las paisanas, me veían mal por el diminuto traje de baño que llevaba, incluso llegué a sentirme incómoda y hasta pensé en cambiarme pero mi marido no me dejó.

Después de unas horas, quisimos beber algo y decidimos comprarle a los chicos que ofrecen llevarte cervezas a tu lugar pero el tonto de mi marido había olvidado la cartera en la habitación, así que me ofrecí a subir y pensé “aprovechando para pasar al baño”. Para esos días, el hotel ya se estaba llenando de paisanos que llegaban a pasar sus vacaciones y los elevadores que están frente a recepción, tardan "horas" en llegar, ahí estaba yo, parada, con mi diminuto bikini y todos los recién llegado y los que se registraban me comían con los ojos.

Obviamente, don Pepe se apareció ahí y me dijo "buenas tardes, señorita", le contesté "¿cómo está, don Pepe?”, enseguida me señaló "usted tan guapa, señorita, de hecho estábamos platicando con mis compañeros que usted es la más bonita de las huéspedes del hotel". Eso me causó gracia y me reí, añadiéndole "ja, ja, ja, gracias, don Pepe, ya me hizo que me apenara", comentándome "no pues es la verdad"; le reiteré "pues gracias por pensar eso y oiga ¿siempre tardan así los elevadores?", me respondió "pues ahora sí, por la temporada alta pero están las escaleras de servicio, aunque están cerradas pero le puedo abrir, si lleva prisa" y le dije "pues si puede, se lo voy a agradecer".

Entonces, me llevó hacia atrás de los elevadores y me mostró las escaleras, aunque para ese momento, ya notaba un bulto en su pantalón. Les comento que don Pepe era un señor bajito, rellenito y moreno, con poco cabello, así que de forma traviesa y coqueta, mientras iba adelante de él por las escaleras, movía mis caderas y mi calzón se me metía entre mis nalgas, además que mis senos se me tambaleaban de lado a lado e hice que se me asomara una parte de un pezón, como si no me hubiera dado cuenta, de manera que el pobre don Pepe me veía con ojos de deseo; por mi parte, lo estaba haciendo para divertirme y luego, contárselo a mi marido.

Llegué a la habitación y cerré, ese día todo quedó ahí y cuando le conté a mi marido, se mataba de la risa y me decía "si no encontramos diversión pronto, lo único que te va a quedar es hacerlo con el viejito ese, ja, ja, ja". Esa noche, fuimos al conocido antro Paradise, esperando encontrar al chico indicado; esta vez, salí con un pantalón de mezclilla ajustado y una blusa blanca, con un escote que me llegaba al ombligo, mis senos son talla 34DD y no tengo problema en decir que me di una ayudadita para tenerlos de ese tamaño.

Nuevamente, muchos hombres me miraban pero muy pocos se atrevían a acercarse y los que lo hicieron, eran vulgares e impertinentes mientras que el más educado fue un chavo que nos invitó unas copas y se acercó a platicar, dijo ser "chilango", o sea, paisano y que sus amigos llegarían un día después. Para no cansarlos, les diré que nos lo llevamos al auto que estaba estacionado sobre la costera y ahí empezamos el faje, en el asiento de atrás, quedando en medio de mi marido y de nuestro "amigo", quienes me sacaron las tetas y cada uno se pegó a chuparme una, eran casi mordiscos que hacían que me arqueara de dolor mientras él metía su mano dentro de mi pantalón y me dedeaba mi vagina, el pobre gemía como toro.

Posteriormente, él se sacó la verga y se la empezó a jalar mientras me manoseaba y me mordía mis senos, parecía que se la iba a arrancar de tan duro que se la jalaba. A los pocos minutos, ¡oh, sorpresa!, me aventó un chorro de leche pegajosa y blanca encima de la blusa, parecía que no iba a parar de venirse nunca, eso me gustó pero el tipo ya no pudo lograr otra erección después de eso. Una vez más, estaba frustrada y toda caliente, así que nos tuvimos que regresar al hotel, eran como las 3:30 a. m., yo tenía la panocha empapada y los senos hinchados, con los pezones parados y duros como nunca. Al verme así, mi marido me dijo "ni modo, no se pudo, ya vendrán otras, nena", aunque al día siguiente, teníamos que regresar a México y estaba decidida a no irme sin una buena cogida.

Llegamos al hotel y sin más, mi marido se tiró sobre la cama y se empezó a quedar dormido pero yo tenía sed, así que le pedí que bajáramos a la tienda Oxxo, que está ubicada en la esquina y abre las 24 horas pero no quiso y dijo "aquí te espero". Entonces bajé sola y cuál fue mi sorpresa al encontrarme a don Pepe en el pasillo de las habitaciones, esta vez pensé en hacer lo que hasta ese momento había hecho por travesura y al verlo acercarse, me acomodé los pechos en la blusa, me subí la playera arriba del ombligo, dejando ver mi piercing y me bajé un poco el pantalón, que ya era bastante a la cadera.

Enseguida, me preguntó "¿a dónde tan tarde, señorita?, es peligroso", le contesté "voy a comprar algo de tomar, don Pepe" y tramando lo que haría, le propuse "¿por qué no me deja bajar por las escaleras, para no esperar el elevador, por fis?", obviamente dijo que sí. Al ir bajando, sentí como de repente, me abrazó repegándome su cuerpo por las nalgas y como él era más bajito que yo, sus manos me tomaban de las chiches, volteando un tanto asustada y reaccionó muy apenado, disculpándose, diciéndome que no había podido resistirse, dándome cuenta que había llegado el momento que había esperado toda esa semana.

Así pues, me saqué las chiches por enfrente, de manera que quedaron colgando como dos grandes melones fuera de la blusa y al pobre, casi le daba un infarto, entonces le pregunté "¿a poco si cree poder con esto a sus años?, ja, ja, ja". Sin contestarme algo, se abalanzó sobre mí y enterró su cara entre mis senos, empezando a mordérmelos y masajeármelos, también me los apretaba fuerte y me los chupaba como si quisiera sacarles leche, estrujando mis nalgas sobre el pantalón y jadeaba sin parar.

Después de dos minutos, sentí el bulto de su entrepierna, así que empecé a manoseárselo y le quité el pantalón, no les diré que era el pene más grande que he visto porque obvio no, era de tamaño medio, más bien pequeño, grueso y con una cabeza grande y negra. Sin pensarlo, me bajé a mamárselo, notando que tenía mucho líquido seminal y sabía salado y espeso, enseguida el pobre volteó los ojos en blanco, en cuanto lo rodeé con mi lengua, además me cabía todo en la boca, así que me lo metía hasta adentro. Después de unos minutos, me volteé, me bajé mi pantalón a media pompa y le ofrecí mis nalgas, dándole un condón de mi cartera, luego me apoyé sobre la escalera y paré el culo, ¡por fin, hasta que tenía una verga adentro!”.

De inmediato, lancé un gemido de placer y de satisfacción, al tiempo que don Pepe me bombeaba tan fuerte como podía y sudaba y jadeaba mientras se sostenía de mis grandes chiches, para empujármela con más fuerza. Como la escalera me lastimaba las rodillas, cambiamos de posición, ahora boca arriba y con las piernas bien abiertas; al principio, no sentía tanto su pene adentro pero después de varios minutos, empecé a sentir un placer inmenso, sintiendo cómo su miembro me rozaba mis paredes vaginales, por lo grueso y por lo ancho de su verga.

Con todo esto, yo me humedecía más y más, pese a la fricción de nuestros miembros y mis tetas rebotaban por las embestidas que me daba mientras me aferraba y le rodeaba su cuello con mis manos. Pasados varios minutos, él gritó "por fin" y saliéndose de adentro de mis entrañas, se sacó el condón y sin darme tiempo de algo, ya sin condón, me la puso entre las tetas y empezó a venirse, eran chorros de leche que me bañaban los pechos, la cara y el cabello mientras se arqueaba de placer y parecía que no pararía de venirse. Al final, mi cabello estaba bañado en semen, mis tetas y mi cara tenían leche espesa por todos lados y casi ni podía abrir los ojos.

Al verme así, me dijo “desde hace un año que quedé viudo, no había tenido sexo y no pensé en hacerlo con alguien tan linda, algún día”, nuevamente le agradecí sus palabras, luego empecé a levantarme y a limpiarme pero me preguntó “¿qué eso es todo?”, le contesté “pues pensé que usted ya había acabado, ¿o no?”. Al momento, me contestó “la que no me va a aguantar es otra, ja, ja, ja” y nuevamente empezó a fornicar mi cuerpo, sólo les diré que me dio durante otra hora y media más, claro, con sus respectivos descansos.

Como a las 5:30 a. m., regresé a mi habitación con las piernas temblorosas, la vulva roja e irritada pero bien llena de sexo, notando que mi marido seguía dormido, aunque obviamente sabía lo que había hecho y sólo me dejó disfrutar, por eso lo amo tanto.

Espero sus comentarios, besos, chicos.



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