Historias y Relatos Swinger
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Historias y Relatos Swinger
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Una estudiante de mi jefa...
Era asistente de un departamento academico en la Universidad,
y como encargado del area de soporte técnico y tecnología,
era común que los profesores me mandaran llamar para arreglar
las computadoras en los salones donde daban clase.
En aquel entonces yo estudiaba la maestría, y el trabajo
no era tan complicado, realmente los maestros eran un poco
limitados en su dominio y me llamaban por casi cualquier
situación. Siempre me fastidiaba cuando me mandaban llamar
porque normalmente era una tontería que era demasiado
fácil de arreglar.
Así que aquel jueves a eso de las diez y media de la mañana
me llamaron a la oficina para subir al tercer piso. En esta
ocasión era mi jefa, la coordinadora de área la que estaba
dando clases. La computadora del salón no funcionaba.
Comencé a revisarla, y nada funcionaba, era extraño porque
todo parecia normal. Me puse a revisar los cables y extrañamente
el cable de red estaba ligeramente sacado, no completamente
y ese era el problema. Senti entonces una mirada.
Levante la mirada preguntándome quien habría desconectado
el cable. Una chica, de acaso apenas 17 o 18 años me miraba
con un poco de ansiedad. Sonreí y ella me devolvió nerviosa
la mirada.
Conecté el cable, verifiqué que todo funcionaba, y salí.
Mirando de reojo un par de veces a esta chica.
Salí del salón y me sorprendí de ver que ella le pedía a la
maestra permiso de salir un momento con la excusa de ir al
baño.
Se acercó ella y me saludo, y sorprendiendome me dijo, “por
favor no le digas a la maestra que desconecté la compu.”
Sin darle importancia contesté “no te preocupes, sólo
que no se repita, sale?”. Y sin pensarlo bajé las escaleras
a la oficina que compartía con otros asistente.
No le dí mucho pensamiento a lo ocurrido, hasta que a media
tarde tocan a la puerta de la oficina y fui a abrir. Y me encontré
con ella. No la había descrito antes pero, ahí estaba ella,
con sus ojos, su piel aperlada, delgada, petite dirían
algunos pero yo diría que estaba justo como debía estar,
con sus zapatos altos daba una buena impresión con sus piernas
torneadas en esos jeans, y una sonrisa indiscretamente
coqueta.
“Hola, me dijo la maestra que te podía encontrar aquí, le
dije que tenía problemas para encontrar las cosas en el
curso y me dijo que tu podías ayudarme” me dijo. “Claro,
pasale” respondí.
“Pero no puedo ahora, será que puedes en la tarde, como a
las 6?” me aclaró. “Bueno, está bien, aquí te veo”.
Me quedé extrañado, normalmente salia a las 5 pero como
tenía tareas y proyectos que avanzar de la maestría, opté
por decirle que si. Además de su sonrisa, tenia un aire extraño,
sensual cuando me lo pidió.
Traté de no pensar más al respecto y concentrarme en lo que
tenía que hacer, pero su sonrisa y esos ojos hermosos se
me venían a la mente más frecuentemente de lo que me hubiera
gustado.
Llegaron por fin las 6 y yo seguía trabajando, cuando a las
6 y media tocaron a la puerta.
Abrí y era ella, pero estaba vestida diferente. Tenía una
blusa negra un poco escotada, y una minifalda. Me saludo
y volteo alrededor de la oficina viendo si no había nadie.
Ya para esa hora todos habían desaparecido. Sonrió me dijo
“la verdad no quiero ver nada del curso, simplemente lo
dije para ver si saliamos, ¿estas ocupado?” En verdad no
había podido avanzar mucho por lo que respondí que a dónde
quería ir, y ella respondió a cualquier lado.
Bueno, pensé, así que caminamos al frente de la universidad
a tomar algo y comenzamos a platicar de todo y de nada. Y no
podía dejar de mirarla, nos fuimos al parque donde pudimos
ir conociéndonos un poco más, hasta que me atreví y la besé.
Ciertamente no era yo un polluelo en esa época pero definitivamente
esto que me estaba ocurriendo no era común y me tenía todo
excitado.
Aprovechando la oscuridad del parque , me atreví a tocarle
los senos a través de la blusa a lo que ella respondía besándome
más apasionadamente. Estuvimos así algunos minutos,
hasta que abri los ojos de nuevo y reconocí que teníamos
que cambiar de lugar, a lo que le dije “ven, tengo que ir a
la oficina por unas cosas que dejé”.
Y ni tardo caminábamos rápidamente de regreso a la universidad,
sin hablar, casi corriendo, escuchaba sus tacones , tomados
de la mano, sintiendo el deseo en los dedos del otro.
Llegamos a la oficina, y ya todos habían salido, serian
como las 8 y media de la noche, no había maestros tampoco.
Ni bien cerré la puerta y ella se me abalanzó encima besándome
a lo que respondí con fuerza, apretandola fuerte hacia
mí. La cargue y la senté sobre uno de los escritorios, sus
piernas alrededor mío, besándonos apasionadamente,
como locos por el deseo que habíamos alargado.
Mi mano exploró por debajo de su blusa, su espalda, al sentir
su piel, ella se estremeció, sensible a mis dedos que la
recorría, de arriba abajo.
Comencé a besar su cuello, dando pequeños mordiscos, tengo
que reconocerlo, soy tremendamente oral. Chupando y bajando.
Su blusa me estorbaba, de un tirón la levanté y se la quité,
y estaba ahí, en mi escritorio, con un bra negro, escotado,
muy sexy. Me fui a ellos , saboreando su piel, disfrutando
ese lugar donde sus senos se unen. Acariciándolos con las
manos.
Ella apoyaba sus manos en el escritorio, echando su cuerpo
hacia atrás, dejando que disfrutara de sus senos. No pude
más y liberé esos senos, que cabían perfectamente en mis
manos, y comencé a chupar sus pezones, morderlos despacito,
apretarlos con mis labios. Mientras escuchaba su jadeo
que me incitaba a seguir, a comermelos todos.
Mi mano comenzó a bajar, la meti debajo de su falda y encontré
una panochita bien húmeda, deliciosa, comencé a frotar
a través de su panty y ella comenzó a jadear más… Yo estaba
como loco, durísimo, con unas ganas tremendas… Estuvimos
así un rato hasta que no pude más.
Me abrí el cinturón y dejé libre mi verga que necesitaba
espacio para estar y un lugar húmedo y caliente para penetrar.
Le quité su panty e hice que se parara y se volteara, me acerqué
a su oído mientras es iba doblando sobre el escritorio y
le susurré, “lo quieres”, mientras presionaba mi verga
entre sus nalgas. “Si por favor, métemelo ya”.
Eso fue suficiente, ella sobre el escritorio, con sus senos
sobre mis papeles y yo detrás, colocando mi verga en su entrada
y así, de un solo golpe lo metí hasta el fondo. “Aaaaah, siiiiiiiii”
la escuché gemir.
Y yo la sentía, húmeda, apretada, caliente alrededor de
mi verga. Estuve así unos instantes disfrutando de la sensación.
Y luego comencé a sacarla, lentamente, para seguir, adentro
y afuera, en un ritmo que iba creciendo, poco a poco, mientras
acariciaba su espalda, su trasero, veia su faldita levantada.
Dejándonos llevar por el placer.
“Sigue así, así, así” ella me decía, en el vaivén de nuestra
cintura, mientras la penetraba, disfrutando cada golpe
con sus nalgas deliciosas, redonditas, escuchando el
sonido de nuestra piel chocando, entrando y saliendo de
ella.
El olor a sexo era intoxicante, hacía que el deseo siguiera
creciendo.
A momentos bajaba el ritmo, para poder aguantar más y sentirla
por más tiempo, pero ella de inmediato se quejaba, “sigue
por favor, no pares, sigue” y unos instantes después volvía
de nuevo.
Ella ya estaba toda inclinada con los brazos apenas sobre
el escritorio, y yo se lo empecé a meter más y más fuerte.
“¿Quieres más” y ella dijo “quiero todo, dame fuerte no
pares”, a lo que me volvió loco y seguí metiéndosela mas
y mas y mas duro.
Sus gemidos se fueron haciendo cada vez más fuertes, sabía
que se iba a venir muy pronto y decidí apretarla duro, haciendo
que sus nalgas se juntaran con mi verga, jalándola hacia
mi. Más y más rápido.
“sigue sigue , casi” escuchaba, pero estaba yo fuera de
mi, metiendosela tan fuerte y rapido como podia, siguiendo,
tensando mi cuerpo, sintiendo como su panochita recibía
mi verga dura y lista para explotar.
De pronto se levantó tomando mis brazos y aventando su trasero
hacia mí, tensandose todo mientras un gemido ahogado salía
de sus labios “aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah”
y los espasmos del orgasmo que de inmediato hicieron que
mi verga explotara vaciando toda mi leche dentro de ella,
aaaaaaaaaaaarrrrrggggggggh.
Caimos los dos rendidos sobre el escritorio, jadeando,
exhaustos, intensos.
“Por cierto, mi nombre es Katia” me dijo casi en un murmullo.
(NOTA: esto ocurrio, en ocasiones la realidad es más estimulante
que la ficción!)
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