Historias y Relatos Swinger
historias reales de nuestros usuarios
Historias y Relatos Swinger
Conoce las historias calientes de nuestros usuarios.
Me habrán puesto el cuerno?
Sere ya un Vikingo?
No se trata de sado ni de sumisión en plan enfermizo, sólo de un juego que acabó derivando en cuernos. Algo que me costó mucho asimilar, pero que ahora disfruto tanto como mi mujer. Bueno, para no liarme más, comienzo:
Somos jóvenes, al menos todavía, yo tengo 44 y mi mujer 35 años, ella es delgada, blanca de pelo castaño claro muy largo, baja de estatura pero por lo mismo tiene unas tremendas nalgas y unas bellas piernas, estamos casados desde hace casi cinco años y antes fuimos novios durante 2 años. En total, --- como pareja, y nunca habíamos practicado nada fuera de lo considerado “normal” hasta que tuvimos una crisis hace poco más de dos años. La culpa la tuvo la rutina en la cama, y decidimos probar cosas nuevas. Mi esposa siempre insistio que yo tenia pinta de Sumiso. (siendo yo el sumiso de ella). Ella descubrió su lado mandón, y a mí me excitaba mucho verme sometido.
Dentro de esa sumisión habíamos hablado muchas veces de la posibilidad de que ella pudiese acostarse con otros y yo tuviese que aceptarlo, tan solo mirando cuando ella quisiera y sin participar, ni siquiera masturbándome. Sería la mejor forma de culminar los procesos de humillación a que ella me sometía y que tan dura me la ponían a mí.
Sin embargo, con el plan hecho no nos atrevíamos a dar el paso. Ella quería hacerlo, y yo ya había aceptado ser cornudo, pero nos costaba hacerlo real. 2 veces contactamos en la ciudad pero Nos frenaba el entorno, que se enterase alguien que nos conociera... en fin, cierto miedo.
Sin embargo, en diciembre pasado, estando de vacaciones en Cancún conocimos a Raúl en la piscina del hotel Parnassus el era del DF, Moreno, atlético de unos 25 años, mi esposa hizo amistad con el en la picina del hotel cuando llegue a la alberca ellos dos se divertían como si tuvieran semanas de amigos, mi esposa nos presento. Nos caímos bien, ella me mandaba a buscar cervezas para los tres, era evidente que le gustó físicamente a mi mujer y aprovechó para hablar mucho con él, durante dos días siguientes fuimos casi inseparables los tres. El estaba con un grupo de atletas de su escuela en una especie de final escolar.
Empezamos a ir con el a la playa también, y una tarde mi mujer hizo topless a petición de él, después de que le dijese que tenía unos pechos preciosos y que le gustaría verlos. Eso me excitó muchísimo. No lo había hecho nunca con amigos. Nunca. Esa noche fuimos a la discoteca a bailar los tres, pero era evidente que le ponia mas atencion a nuestro invitado, el la tomaba de la cintura y se la pegaba, ella me pidio que me sentara y pidiera mas bebidas mientras bailaba algo romantico con Raul, ella sonreia mientras el le decia cosas al oido. Karla y yo hablamos de él antes de acostarnos, confeso que cuando me enviaron a la mesa el le había robado un beso, le dejo sentir su virilidad endurecida y le dijo al oido que tenia meses sin estar con una mujer, acabó diciéndome que empezase a asumir que iba a volverme a Mérida con dos cuernos bien puestos, que allí no corríamos ningún riesgo y que en la playa, en una pequeña siesta, había soñado ya que follaba con él. Yo, también excitado, le dije que me encantaría, y que ella haría conmigo lo que quisiese, como siempre.
El día siguiente fue cuando ella se decidió totalmente a actuar. No lo vimos hasta la comida. Nos sentamos juntos y mi mujer empezó a hablar abiertamente de sexo. Primero con dobles sentidos y luego ya directamente, les dijo que mi presencia no era ningún problema para que ella disfrutase con quien le pareciese bien. Incluso mintió diciendo que yo era ya cornudo, y cuando él dijo que eso ya no se lo creía, me preguntó textualmente “¿Cariño, tú te molestarias si yo y Raul esta noche en nuestra habitación?” yo dije que no, pero solo eso, así que ella me volvió a preguntar “¿A que realmente es lo que quieres que hagamos esta noche?” Y de nuevo volví a decir que si.
Raul se lanzó y dijo que por él no habría que esperar a la noche. Pero mi mujer le dijo que no, que subiríamos juntos después de la playa.
Así fue. Tras la tarde en la playa, subimos los tres a nuestra habitación. Ella se duchó y pidió que pasara con ella al baño. El se quedó viendo la tele. En el baño yo pensaba que me diría si estaba preparado para hacerlo o lo dejabamos. Todo lo contrario. Me dijo que ahora iba a ser un sumiso de verdad, sin dejarme opción. Se duchó, salió con la toalla y nos dijo a los dos lo que quería de nosotros. De él quería que se duchase y de mí que bajase al bar del hotel a por hielo, para tomar unas copas del minibar.
Cuando subí con la cubitera, los dos estaban en toalla, hablando.
Mi mujer me dijo que les pusiera una copa a Raul y a ella, pero para mí no. Yo solo podía beber agua. Lo hice y aun hubo otra ronda. Durante todo el tiempo ella se dedicó a contarle a Raul algunas de las sesiones de sumisión que había tenido conmigo, y de cómo yo la obedecía en todo. El se fue excitando y se le notaba en la toalla, que a la altura de su polla hacía un efecto tienda de campaña bastante considerable, el es muy obediente, karla se dirigio a mi y me pidió que yo le quitara la toalla a Raul y que me sentase en la terraza afuera, mirando a la cama con mi vaso de agua. Ella no se iba a quitar la suya y se lo dejó claro. Raul dijo que adelante, se puso de pie, con ella sentada al borde de la cama, y yo le quité la toalla desde atrás. Ella entonces me dijo que me sentara afuera y mirase como era una verga de verdad.
La tenía mucho mayor que yo, puede que unos 4 o 5 centímetros o poco mas, pero para ella suponía humillarme más, y el juego sabía que me gustaba mucho. Empezó a masturbarle, lento, cogiéndole la verga con una mano y los testículos con la otra. Con los testículos le gusta jugar como si fueran bolas antistress, y eso precisamente es lo que le hacía. Mira me decia mi esposa mira que cabezona y gruesa esta mientras corria la piel de su pene hacia atras para descubrir la cabeza de su pene, que dura se siente, es de un hombre de verdad, hacia mucho no sentía una así, el sonreia nervioso y muy excitado su polla ya no podía crecer más, estaba al tope, y las venas le iban a reventar. Se le veía durísima. Ella se dio cuenta enseguida y lo tumbó en la cama. Se puso entonces sobre él, con la toalla puesta, pero poniendo en contacto la polla de él con su chochito, que todavía no sabía que se había afeitado esa mañana, dejandose tan solo un hilito de pelo, incluso se le escapó un “¡qué dura está!”, que me confesó luego que fue sincero, que no era por excitarme.
Raul intentó quitarle la toalla, pero ella dijo que no, porque “había gente mirando”. Se refería a mí, y yo estaba a punto de estallar, pero ya me había dicho ella que no podía masturbarme ni desnudarme o sacarmela.
Ella siguió moviéndose como si el, estuviese penetrándola, pero sin que pudiese verlo. No sabía si lo estaba haciendo o no, pero por la cara de él, suponía que no, que todavía eran solo juegos. Enseguida Raul comenzó a tocarle las tetas con una mano, por debajo de la toalla, y me dijo a mí directamente “Tiene las tetas muy duras, como tus cuernos”. Esa frase excitó mucho a mi mujer, que se quitó al fin la toalla. Era verdad, y tenía los pezones durísimos. Al quitarse la toalla, Raúl se dedicó a comerle las tetas durante dos o tres minutos, mientras ella se había tumbado y le cogía la verga a él con las dos manos, como un masaje suave. Mirándome, me dijo “traenos un preservativo de los tuyos y ponselo a Raúl, cariño”. Se le escapó el “cariño”, pero para mí fue igual de excitante. Me levanté, lo busqué en la maleta y se lo puse encima de la mesita, mientras veía de cerca como le cogía la verga a él y como él seguía repasándole las tetas.
Ella me volvio a decir a regaña dientes que le pusiera el condon a Raul o vas a tener que lamer despues todo, el es un semental y no de dos gotas como tu, me encogí de hombros. Era de los de sabores de frutas. El estaba tendido boca arriba en la cama blanca con la verga apuntando al techo, Me arrodille frente a el, mi esposa le solto la reata y me dijo, agarrasela y ponle el condon, me parecio de lo mas humillante, obedecí cerré el puño al rededor de la gruesa verga y la Pelé, coloque el condón en la cabeza y comenze a forrar la de látex la macana de Raúl, Cuando me dijo que fuera de los nuestros yo pensé que se refería a los míos. El condón no alcanzo a cubrir toda la virilidad se quedo a la mitad, ella sonrió "me refería a los sico obviamente no le vienen tus preservativos para niño. Retírate a tu lugar ni para eso sirves. Me sentí mal por no pensar, pero obedecí y fui a mi lugar mientras mi esposa le cambiaba el preservativo a Raúl.
Mientras le ponía el condón ella me miró y me dijo solamente cuatro palabras que tengo grabadas: “veo nacer tus cuernos”.
Después de decirlo, miró fijamente la verga de Raul, tremenda, durísima, y de color blanco con el condón puesto, y se la comió de golpe hasta donde pudo. La fue sacando poco a poco, y empezó una felación de las que yo conocía muy bien. Repasando y apretando mucho con sus labios, para evitar que perdiera sensibilidad por el preservativo, rozandole el glande con los dientes, y siempre sin dejarle los huevos tranquilos, el la acariciaba y empujaba su macana en la boquita pintada de mi esposa.
En este momento podría omitir lo que sigue, fue vergonzoso, pero sería mentir.
Comencé a sentir una especie de revuelto en el estómago, y no podía mirarlo. Me daban nauseas, y tuve que correr al cuarto de baño. Vomité, y mi mujer fue rápidamente a ver como me encontraba. Raul se levanto tambien de la cama y fue a ver que ocurria. Acordaron que él se iba, y mi mujer le dijo que lo sentía mucho.
Después de 10 o 15 minutos me recuperé. Mi mujer me pidió perdón primero, luego intentamos dormir, pero no podiamos, hablamos mucho del tema, ella me dijo q yo era un cobarde poco hombre que solo la andaba calentado y despues parecia maricon lloriqueando y finalmente quien le pidió perdon fui yo.
Al día siguiente me levanté temprano. Dejé a mi mujer durmiendo y fui a la habitación de Raúl , pero no había nadie así que supuse que estarían desayunando. Bajé, y encontré a Raúl con un amigo. Me senté con ellos y me disculpé con él por lo de la noche de antes. Él me dijo que lo entendía, y que si prefería que lo hablasemos a solas. Le dije que si. Simplemente le dije que esa tarde yo me iría a la playa a las 4 y no volvería hasta las 7 o las 8. Que mi mujer se quedaría en el hotel, y que podrían estar juntos sin que yo viese nada, que podrían bajar a la piscina, o hacer lo que quisieran en la habitación , que eso ya no sería asunto mío. El me dijo que no, que no quería causarme problemas, y que era mejor olvidarlo. Y yo le volví a decir la hora: de 4 a 7, en nuestra habitación, si él quería, ella estaría esperándole.
Subí entonces a mi habitación y le dije exactamente lo mismo a mi mujer. Le dije que quería ser cornudo, que la había visto disfrutar y que no quería ser un obstáculo en eso. Que mi puesto con ella era el de un cornudo sumiso.
A las 4 sali de la recamara mi mujer se maquillaba, me pidio que dejara almenos los preservativos sico sobre el buro alcanze a ver desde el elevador que Raul llegaba a la habitacion con una rosa Roja para Karla, me fui a la playa me excitaba pensar que estaría pasando. Volví a las 7. Cuando llegué Raul ya se había ido, la habitacion olia a sexo. Mi esposa me dijo que no habia pasado nada, solo le hizo sexo oral, pero mi mujer me agradeció mi “sacrificio” llamándome “su buen cornudo” me dijo q estaba muy cansada y se durmió, me acosté a su lado excitado y note que sobré la alfombra de la habitacion habia restos del envoltorio de los preservativos, mire el buró ya no estaban, revise en la basura y no había nada, revise la cama y estaba muy mojada, no la quise interrogar sería mejor confiar en ella.
A la mañana siguiente vimos a Raúl en la alberca, saludo de beso a mi esposa y de mano me saludo con una gran sonrisa, me pregunto si también iría hoy a la playa a las 4 ya que se quería despedir de mi esposa porque regresaba a la capital, mi esposa me miro y me pidió que Porfavor lo hiciera.
El resto de la mañana los dos se divertieron en la alberca, se veía bella con su bikini rojo, rodeada de jóvenes, raul la abrazaba en varias ocaciones frente a sus amigos, como si fuera su mujer y es que en realidad creo que lo habia conseguido... Nuevamente a las 3 ella comenzó a bañarse y pintarse para el, se puso una tanga negra que hacia conjunto con su brasiere , a las 4 golpearon a la puerta, era Raúl me dio un fuerte abrazo y me dijo que era un marido ejemplar, yo te la cuido, traía ropa de vestir y me dijo que a las 7:30 se tenía que quitar del hotel. Mi esposa se dirigió hacia mi y me dijo que ya tenía que irme a la playa, me sentí como niño castigado pero obedecí, el tiempo se hizo eterno. A las 8 regrese a la habitación estaba obscura había un preservativo usado junto a la cama sobre la alfombra. Mi mujer dormía profundamente. No fui capaz de despertarla. Sólo me quede mirándola que bella se veía y lo mucho que la amaba. No quise hacer preguntas. Regresamos a Mérida más contentos que nunca.
Aún no se sí soy cornudo completo o no. No se lo que paso esas dos noches de vacaciones con Raúl...
Pero en este puente de carnaval mi esposa quiere ir al DF a volver a vernos con Raúl.
Los que tienen más experiencia que me aconsejan ?
Seré ya un cornudo?
Tweet
Regístrate y conoce mas historias