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Historias y Relatos Swinger

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MADRE E HIJA

Conocí a Marce y Pao en una de tantas páginas de contactos que hay, originalmente me llamó la atención el perfil de Pao, linda nena de 23 años. Noté que siempre entraban el mismo día, casi al mismo instante, hasta ese momento no sabía que eran mamá e hija, decidí invitar a ambas y Marce sí me aceptó, ¡qué bien se ve a sus 47 añitos!

Luego de tantas pláticas un día me comentó que su hija le había abierto esa cuenta en la página, me sorprendió, pero entendí porque aparecían casi a la par, que una regla era no contactar con las mismas personas, algo comprensible. Quedamos de vernos para tomar una café, fue tan rica la plática que decidimos ir a un lugar más íntimo.

Ella es gordita, piel blanca, ojos verdes aceituna y unos senos 38 C suculentos. Entramos al cuarto del hotel y como adolescentes desesperados nos besamos como si alguien nos fuera a descubrir, nos acostamos en la cama y a la par de los besos, confieso que besa sensacional, nos íbamos desvistiendo muy despacio.

Ya sin ropa sus caricias me colmaron, naturalmente yo respondí, lentamente fue recorriéndome con su cálida y experta boca, la pasó por mi cuello, pecho, más abajo... Su húmeda lengua la paseaba por mis muslos, mis ingles, llegó por fin a mi erecta verga la cual consumió con excelsa maestría.

-¿Te gusta papi? Preguntó coquetamente.

- ¡Claro!, respondí, ¡síguele, no pares!

Tenía mucho que no me hacían un oral tan delicioso, ¡qué boca tan experta! Me decía yo mismo, era tanta mi excitación que a punto estuve de eyacular. Siguió el juego con sus tetas, con destreza me masturbó una y otra vez…

Le pedí que parara, era mi turno, besé como desesperado sus senos, alternaba leves mordidas y succiones de sus pezones, mientras acariciaba sus muslos, sus carnosas nalgas, Fui a cada rincón de su cuerpo, llegué a su depilada y rosada conchita, la olí y decidí abalanzarme para consumirla, fue un vaivén tan placentero que no tardó en venirse, ¡qué exquisitez sentir esas contracciones en mi boca!

De inmediato me volvió a mamar, y sin esperarlo se paró para ensartarse y cabalgarme, era un espectáculo tan cachondo verla rebotar, ver como sus bubis brincaban al ritmo de su cabalgata, explotamos ambos a la par. Agasajo de tarde.

Desconozco la causa por la que se bloqueó mi perfil en esa página, así que abrí otro donde invité a Pao y esta vez sí me aceptó, fue larga la espera para conocerla, muchas pláticas por msn, pero valió la pena. Recuerdo cada detalle del día que la conocí, su vestimenta, la plática, ésta duró casi tres horas hasta que optamos por retirarnos para a un hotel en la Roma que tiene nombre de una ciudad italiana.

Me dijo: “¿espérame sí?” y se metió al baño, salió con un baby doll morado, sin sostén y una tanga del mismo color. Mientras yo me desvestía salió diciéndome, “¿te bailo mi rey?” se veía sensacional, no es gordita, pero sí tiene unos kilitos extra que la hacían ver hermosa, se movía de una forma tan rica que de recordarlo me prendo igual que ese día.

Culminó su sensual baile, se despojó de su prenda superior, ordenó que me acostara al filo de la cama y cerrara los ojos, no supe para qué, sólo obedecí, sentí como colocó una de sus piernas entre las mías, las abrió despacio y fue subiendo la suya, subió a la cama y seguía ese juego con sus extremidades, llegó a mi cara y quedamente se sentó, ¿hueles? Preguntó, no respondí pero era un olor verdaderamente sabroso, únicamente pude sacar mi lengua y lamer su la tanga.

Me ató una bufanda a los ojos, recorrió con su boca mi cuerpo, yo ya estaba a mil, si su mamá hacía el oral delicioso, Pao era más que experta, me liberó la visión y quedó ante mí su cuerpo desnudo, fantástico, suave, terso…

Nos besamos apasionadamente. Me aventó para acomodarse encima de mí, y así, a su ritmo me dejé llevar, me levantaba para extasiarme con sus senos, limpios, delicados, jugosos, cuando los consumía me arañaba la espalda, clavaba sus uñas de tal forma que me prendía más…

Fue una de las mejores tardes de sexo que he tenido.

Cuando salimos me permitió acompañarla cerca de su casa por Tacubaya, además me quedaba de paso a mi trabajo en el sur de la Ciudad. Llegando a donde se quedaría  ví a lo lejos a su mamá, ella también me miró, supongo que me reconoció pues desde ese día ya a ninguna de las dos las volví a ver conectadas y con ninguna tuve contacto….



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