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Experiencia erotica dando Clases.
Esta historia ocurrió hace más o menos dos años cuando, yo tenía 28 años y yo dictaba clases a estudiantes de colegio y universitarios, de matemáticas y de cálculo. Siempre fui consciente que este tipo de trabajo solo me traería beneficios, siempre y cuando fuera muy profesional, ya que en muchas ocasiones, les daría clases a muchachos muy jóvenes y no me convenía darles confianza. Muchas de mis clases fueron bien pagadas y empecé a tener reputación, ya que desde los 18 años dictaba estas clases de manera particular y me iba muy bien, tenía vocación de enseñar y mis estudiantes siempre me entendían; además, les daba la facilidad que solo cobraba un poco más por ir hasta sus casas, o si quería, podrían ir a recibir la clase en mi casa, ya que tenía tablero y todo era más fácil. En una de esas recomendaciones, una madre me llamó para dictarle clases a una chica, que el día que la conocí, acababa de cumplir los 19 años; ella era delgada con una cara preciosa . me parecía una niña bastante bonita y siempre pensaba que en el futuro, sería una gran modelo, ya que me comento que estudiaba modelaje adicionalmente y que su mamá siempre le cumplía todos los caprichos, siendo una niña bastante creída,. En todo caso, la fui conociendo mejor durante las clases, ya que su mamá me contrató durante un tiempesin que le di clases una o dos veces a la semana muchas veces. Al inicio, fui muy serio con ella, ya que no quería que pensara como muchos estudiantes, que su mamá me pagaría para que les hiciera sus trabajos y ya. Pasó el tiempo y empezamos a tener una relación de amistad muy buena, pues para ese entonces, tenía novia y no veía con malos ojos a Paula, así se llamaba esta chica y durante las clases, muchas veces nos dejaban solos en su casa y al terminar, esperábamos a su mamá, para que me pagara mis horas y después irme. En esos espacios, empezamos a conversar de la vida, de los amigos, de los novi@s que cada uno había tenido y adicionalmente, de secretos que no sabían sus padres, como que se iba a fiestas que no le permitían y cosas muy tontas pero que para ella eran todo un problema. Sus padres eran separados y ella vivía con su mamá, su hermana mayor y una perrita pincher que quería demasiado, su hermana tenía un excelente cuerpo pero su cara no era tan bonita, lástima; en todo en ese tiempo, me tocó verlas a ella y a su hermana en vestidos de todo tipo, desde shorts ajustados hasta pijamas semitransparentes. Volviendo a lo mío, después de un tiempo, empecé a fijarme que Paula, me veía mucho y que no le molestaba que la rozara accidentalmente, que la consintiera, que la abrazara, o simplemente, que le hiciera cosquillas en el cuello mientras escribía. Fue entonces que también empecé a notar que ella se dejaba para las clases, un short de licra y su camisa de botones del colegio, además, en esa época hacía calor, así que su mamá jamás le dijo algo, pues llevábamos ya más de un 6 meses de conocidos y la señora me quería mucho, es más, muchas veces decía que sería bueno que sus hijas tuvieran un novio como yo y pensaba por dentro “solo de Paula”. Una de esas tardes, ella estaba con su short y su camisa y empezó a jugar con la perra, diciéndole que se subiera a sus piernas, obvio la obedeció y de inmediato, le dije “Paula, juicio pues” y siguió en su tarea mientras yo acariciaba a la perrita en sus piernas pero en muchas de esas, aprovechaba para acercar mi mano a su cintura y más abajo, incluso rozándole suavemente su entrepierna. Ella no le molestó y siguió en su tarea, no sé si era porque no lo notaba, o simplemente no le molestaba que lo hiciera, en todo caso, . Así, yo seguía con las caricias a su peluda amiguita, hablo de la perra, al tiempo que seguía sobándola hasta que sintió un ruido, entonces se bajó con rapidez y yo quité mi mano de inmediato pero no era nadie, en fin. Paula siguió en lo suyo pero yo quería ver hasta dónde podía llegar, me daba mucho susto por la diferencia de edad pero era excitante ver que no le molestaba. Para continuar, puse mi mano como quien se apoya sobre la parte de la silla que sobraba, en la parte de atrás de su cola y con cuidado, iba acercando mi dedo pulgar a la comisura entre la tela y su piel que salía del short. Una vez, la rocé en varia ocasiones y ella no dijo algo, luego empecé a ponerle los dedos uno a uno hasta que estaba mi mano completa en la parte donde se forman los dos hoyuelos en su espalda, y con el meñique, inicié a meterle mis dedos entre su short, despacio. Ella seguía sin decirme algo hasta que llegué al triángulo que forma la tanga, entonces pensé “si se ha de enojar, o de decir algo, acá será” pero a medida que avanzaba y metía más dedos en su short, parecía más concentrada en su tarea que en mis dedos. Ya cuando tenía mis dedos adentro, empecé a jugar con ese triángulo y a acariciarle la parte de sus pequeñas nalgas que sobresalía de la forma en cómo estaba sentada, viendo que tampoco se movería del sitio, así que empecé a irme lentamente con la tira de la tanga hacia adelante, lentamente, haciéndole caricias y avanzando al mismo tiempo hasta llegar a lo que hacía un rato tocaba pero una capa más adentro. Ella seguía como si nada, entonces comencé a meterle mis dedos del centro, entre su ropa interior encontrando algunos pequeños vellos que me mostraban que no era tan niña después de todo y continué hasta llegar a su vulva, que se encontraba caliente y un poco mojada, no sé si de sudor o de jugos. En todo caso, empecé suavemente con algunos movimientos circulares en por lo que se apreciaba, podría estar su clítoris, fue el único momento en donde ella reaccionó, volteando a verme fijamente, preguntándome “¿te parece que voy bien en el ejercicio?”. Me quedé de una pieza, pensando que me diría cualquier cosa pero le respondí “sí, vas bien, sigue, te digo cuando te equivoques”; dicho esto, me sentí más en confianza y seguí con mis movimiento circulares pero me cansaba por la posición y decidí cambiar de mano, dado que no estaba enojada. Así lo hice y al meterle la otra mano, noté el cambio de temperatura y ella también, ya que vi como su piel se le erizaba y al jugar con mis círculos en su pequeña y dulce vulva, empezó a morderse los labios. Para entonces, yo ya estaba a mil y de mi jeans, mi pene quería salirse y se notaba mucho sobre el pantalón; además, como ella era zurda, por esta razón su mano derecha, que era hacia donde estaba yo, estaba libre, lo que aproveché para tomársela lentamente y ponérmela sobre mi bulto, entonces respondió con una mirada y siguió quieta, sin hacer absolutamente nada, solo escribía. Entonces me decidí ya no dejarla seguir con su tarea, enseguida corrí mi silla hacia atrás, con mi mano en su vagina y la otra en su culito, luego la levanté y le pregunté si quería sentarse sobre mí, de inmediato se paró, diciéndome que sí. Una vez sentada en mí, ya todo era distinto, incluso ella se acostó sobre la mesa mientras con mis mañosas manos, le metía los dedos en su vagina y le tocaba esas linda téticas, fue espectacular escuchar sus pequeños gemidos al compás de cómo movía su culo sobre mi pantalón y sus manos acariciándome mi pene ya con excitación, para que se me abultaba más sobre el jeans. Estuvimos así, con esos dos dedos moviéndose adentro y afuera hasta que sentí cómo me apretaba y daba una respiración demasiado fuerte, lo que atribuí a un gran primer orgasmo y con eso, ya fue el inicio de todo lo que vendría después. Rápidamente, ella se paró, me miró y me besó, con un beso demasiado lindo que jamás podré olvidar y mientras lo hacía, me quitaba mi pantalón y me quedaba solo en bóxer, luego ella me ayudó con su camisa y su top y lentamente, le bajé su short y su tanga, entonces la acosté en el sofá y comencé a lamerle su vagina ya muy lubricada mientras sólo me decía “sííí, rico, me gusta mucho, dale, no pares, me gusta, me gusta”. De pronto, me detuve viendo que mi verga se encontraba ya supremamente grande y le pregunté si quería perder su virginidad conmigo, ella me respondió que sí, que lo quería y lo deseaba desde hacía ya mucho tiempo pero que pensaba que me iría antes de poder lograrlo, al menos darle un beso. Con esa declaración, solo pude pararla y preguntarle si sabía qué era un “69”, pues quería que me lo chupara para que le entrara más fácil, ella accedió y mientras le chupaba esos labios vaginales rosaditos, le lubricaba su ano con un dedo, pues también lo deseaba. Una vez que sentí que no podía más, le pedí que parara y la puse como perrito, lubricándole más con mi glande, esa entrada ya empapada, de mi saliva y de sus jugos, fue entonces cuando empecé a metérsela y ella gemía, diciéndome “¡qué suave!”. A medida que se la metía, sentía cómo me apretaba mi verga, que es larga y de un grosor mediano, esto le generaba un poco de dolor. Cuando sentí que ya le había roto su himen, comencé mi entrada con más confianza hasta tener toda esa cosa metida en su pequeña y estrecha vagina, solo fue terminar de metérsela para ver como ella empezaba a empujarse hacia atrás y hacia adelante y con unas pequeñas embestidas más, sentí como me apretaba con su vagina y se venía en otro fabuloso orgasmo. Para entonces, yo aún no me venía y le pregunté si quería seguir, ella no me respondió, solo se tiró hacia atrás, quedando sentada en mí y empezó ese mete y saca que duró como 10 minutos hasta que le dije que me vendría, entonces me comentó que quería sentirlo dentro. Yo no podía contenerme más, así que empecé a venirme y sentía que me deshidrataba, disparándole como cinco chorros inmensos de semen, enseguida me dijo que estaba caliente y que le gustaba mucho. Ya que terminé, ella se quedó sobre mí y la consentía, diciéndole que era lo más rico que había hecho, que jamás había estado con una virgen y añadió “no quiero que sea la última”, entonces se paró, me llevó, hasta el baño y me dijo “bañémonos y luego lo hacemos en mi cama, mi mama dejó el dinero hoy y no viene hasta la noche”. Dicho esto, nos terminamos de desvestir y luego de bañarnos, estábamos en su cama, en un rico “69”, con mi pija gigante y regordeta; esta vez, ella se colocó sobre mí y mientras me cabalgaba, empecé a meterle mis dedos en su ano, a lo que me respondía que le dolía pero tal como su vagina, también lo disfrutaba. No quise hacerle daño, así que cuando la puse en cuatro, me disponía solo a metérsela por adelante pero sorpresivamente, ella me tapó y me dijo “no, lo quiero por detrás”. Yo me quería morir pero sin pensarlo, cogí un aceite que tenía en su mesita de noche, la lubriqué y esta vez, cuando mi glande ya había entrado y ella no para de gemir, se la clavé completica en ese pequeño y delicioso ano, que de solo recordarlo, me hace pajearme. En este no tuve que hacer mucho esfuerzo y después de unas cuantas bombeadas, me vine sin contemplación, ella solo me respondió con un “síííííííííí” largo y un chorro de algo caliente entre sus piernas, que al día de hoy, no sé si fue un “squirt” u orina pero que lo sentí delicioso. Después de este gran suceso, solo nos vestimos, nos consentimos y cada uno siguió su vida, aunque ya las clases siempre eran más divertidas, ella ya no usaba short, en cambio, se ponía su falda solo con una tanguita o en muchos casos, cuando no había alguien más en la casa, me recibía en ropa interior.
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