Sitio exclusivo para adultos · Comunidad privada · El NO se respeta

Historias y Relatos Swinger

historias reales de nuestros usuarios

Historias y Relatos Swinger

Conoce las historias calientes de nuestros usuarios.


LA PIRINOLA

Comenzaré este relato comentándoles que somos una pareja, tenemos 35 y 37 años de edad, con 13 años de casados. Todo empezó cuando quise experimentar con mi pareja algunas nuevas sensaciones sexualmente hablando, aunque ya saben y por lo regular, ellas no se atreven a hacer algo extra, ni tan intenso, como a continuación les relataré.

Ya habíamos comentado años atrás sobre la posibilidad de invitar a un tercero a nuestra intimidad, o de verla gozando con otro pero solo quedaba en comentarios hasta que decidimos empezar que ella buscara a alguien de su agrado, o saliera con quien quisiera estar y que le inspirara confianza, a lo que accedió, acordando que me contaría cada uno de los detalles. Así inició con una aventura con un amigo cercano a la familia, que era de facciones agradables y que de las dos o tres veces que salieron, la dejó más caliente pero decepcionada, ya que no era bueno en la cama.

Tiempo después, como segundo candidato, se encontró con un amigo de la secundaria que prometía hacerla sentir mejor pero para sorpresa de todos, en su primero y único encuentro, al momento de tratar de penetrarla, ya se estaba viniendo, logrando la molestia de mi mujer, quien decepcionada y triste, me dijo que ya no volvería a hacer estas cosas. Luego que pasó el tiempo, en su trabajo hizo amistad con un compañero, del que me platicaba algunas cosas, después lo conocí e hice un poco de amistad con él.

Un día de octubre del año 2009, cuando se me ocurrió ir al trabajo por ella, para irnos juntos a la casa, pasó lo impensable, pues ese compañero del que hablamos, me invitó a tomar una cerveza mientras esperaba, aceptando gustoso mientras mi esposa terminaba su trabajo pendiente y sus demás empleados del lugar se pasaron a retirar poco a poco hasta quedar solo los tres, al tiempo que él y yo platicábamos y nos tomábamos más cervezas. Aproximadamente a las siete de la noche, ya nos habíamos tomado tres cervezas cada uno y ella entró, indicándome que ya había terminado y que ya nos fuéramos; sin embargo, ambos nos negamos y la invitamos a tomar con nosotros, a lo que accedió.

Así pasó otra hora más y como era de suponerse, a ella se le subió más rápido la poca cerveza que tomó, ya que como la mayoría de las mujeres, no aguanta mucho y se mareó antes que nosotros pero todos en calma. De repente, ella se percató que sobre el escritorio de la oficina en la que estábamos, había un cubilete con sus dados y una pirinola, con la que sin darnos cuenta, empezó el juego del placer cuando la hizo girar y la pirinola indicó “pon uno”.

De inmediato, nosotros le reclamamos indicándole “perdiste, pon algo de lo que traigas”, así se inició una aventura que creo que a muchos les gustaría experimentar, ya que poco a poco, tomábamos más cerveza y al mismo tiempo, perdíamos la cartera, las monedas, las llaves, el reloj, las cadenas, etc., con la famosa pirinola hasta que no teníamos más cosas por perder y solo nos quedaban las prendas. Para entonces, ya mi mujer se volvía más atrevida que nunca, influenciada por las cervecitas, por el lugar, por el momento y quien sabe por qué más, iniciando con el rico juego sexual, quitándose la blusa en una jugada que perdió.

De esa manera, uno a uno fuimos perdiendo nuestras prendas hasta quedarnos en ropa interior y obvio, los tres ya percibíamos una alta temperatura en el ambiente y continuamos hasta que se nos acabaron las prendas íntimas y empezaron los castigos. Ahí empezó lo inevitable, lo que siempre imaginé, que siempre le había propuesto y no se nos daba, me refiero a ver a mi esposa en una rica sesión de sexo donde le tocara comerse dos carnes para sí solita y como a mí me tocó castigarla y como ya era irremediable echarnos para atrás, le ordené “dame un güagüi”.

Sin pensarlo, ella se paró frente a mí, así desnuda como estaba y se prendió de mi erección, la que en ese momento estaba a más no poder y al empezar con su felación, le dio la espalda a nuestro amigo, quien sin poder aguantar más esta posición, empezó a tocarla por atrás. Ahí empezó nuestro maratónico trío y mientras ella me daba unas ricas chupadas, era tocada por él desde atrás hasta que sin pensarlo, se subió en mí y me empezó a cabalgar y a besarse con nuestro sorprendido espectador por atrás, dándose unos sentones muy profundos y placenteros.

En un momento dado, ella se retiró de mí y sin decir palabra alguna, tomó el control de la situación, entonces se fue con su amigo y le empezó a chupar la verga, ahora dándome la espalda a mí y yo simplemente la volví a penetrar y por primera vez, la vi mamando otro miembro y al mismo tiempo, siendo cogida por mí, desde atrás. Después se invirtieron los papeles, cuando ella se sentó en el amigo, dándole la espalda y sin dejar de besarme, se empezó dar sus sentones con una desesperación no vista antes y dando unos gritos de placer que se escucharían a dos cuadras a la redonda, sin olvidar comentarles que su cara se desfiguraba placenteramente, al ser penetrada alternadamente por ambos.

En esa posición, su amigo la tenía dándole por atrás y a mí, besándola y acariciándola por adelante hasta que nos coordinamos de tal manera que cuando uno de los dos se cansaba, seguía el otro. Después de una hora con treinta minutos aproximadamente, de dejarnos mojadísimos de nuestras piernas y de muchos orgasmos, el cansancio nos venció y sin que ninguno de los dos nos viniéramos, la dejamos descansar, pues ya no podía más de tanta verga que había comido, aunado a que estábamos sentados sobre las sillas secretariales que había ahí y que habían quedado mojadas de sus jugos sexuales.

Ya que terminamos de coger, nos vestimos, nos despedimos y nos advertimos que eso nunca lo íbamos a comentar con alguien más y al parecer, así lo hemos hecho, cumpliendo sin planearlo con una experiencia deseada por mí durante mucho tiempo y que al fin se concretó, sin choros mareadores, sin explicaciones, sin insistencias de mi parte y simplemente, sin proponérnoslo, se dio de una manera natural y sencilla. Resumiendo que si ustedes quieren hacer algo con su pareja, ya no insistan tanto en que les de un “sí” anticipado para concretarlo, mejor acondicionen los lugares y las personas adecuadas que contribuyan y propicien a que se cumpla su fantasía, con naturalidad, con espontaneidad, así tendrán el éxito buscado y no gastarán energías en plantearlo y en esperar una aprobación de por medio, solo háganlo.

Posteriormente y sin planearlo, nos vimos en una comida de fin de año y de ahí, ya con unas copas encima y a la salida, solo nos preguntamos “¿a dónde vamos?” y sin tanto rollo, decidimos meternos a un buen hotel y como la vez anterior, ella nos gozó a los dos en una rica sesión de sexo maratónico, donde mi esposa tuvo la suerte de tener dos vergas para sí sola.

Así termino de contarles sobre las dos experiencias que nos han dejado un buen sabor de boca.



Regístrate y conoce mas historias