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Historias y Relatos Swinger

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Como seduje a mi amiga con ayuda de mi esposa el primer trío.

Ana mi amiga  estaba lista para el siguiente nivel de su exploración sexual. Cuando regresé a la casa, por supuesto le platiqué a mi esposa como habíamos cogido con lujo de detalle. Yo le pregunté que había sentido al hablar con ella mientras la tenía ensartada y, como respuesta, me dio una cogida deliciosa. Esa noche cogimos fantaseando con Ana y decidimos invitarla a la casa para seducirla en un trío.


Organizamos una cena y la invitamos finalmente. Ella llegó con ropa lo más sencilla posible (como para no despertar deseos ocultos), vistiendo unos pantalones de mezclilla y una blusa por demás normal. Nos sentamos a cenar y bebimos vino tinto. Mi esposa traía un vestido holgado y se le notaba en la cara la excitación. La plática brincaba de un tópico a otro y no lograba llevarla hasta donde nosotros queríamos hasta que, finalmente, saqué a colación la llamada entre ambas mientras Ana estaba ensartada en mi verga. Ella se ruborizó, su respiración se agitó y empezó a sonreír con cierto nerviosismo.


Yo me levanté y me puse detrás de ella mientras mi esposa se sentaba frente a ella y le comentaba que no se preocupara, que se relajara y que entre ambos había mucha confianza. Yo mientras le masajeaba los hombros y el cuello y poco a poco iba haciendo mi masaje un poco más hacia su pecho. Mientras mi esposa la veía con ojos profundos, se empezó a acariciar suavemente los muslos, separando ligeramente las piernas; también su respiración se iba haciendo cada vez más profunda. Finalmente llegué a esos pechos grandes y hermosos y metí mi mano por el escote hasta disfrutar nuevamente de la suavidad de su piel. Mi esposa ya tenía una mano debajo de la falda y disfrutaba de verme como poco a poco la acariciaba y la jalaba hacia mí para besarla. MI esposa se levantó y se acercó a nosotros y nos intercambiamos besos entre los tres. Ana nunca había besado a una mujer pero, en ese momento, parecía que la vida se le iba en eso.
Las guié hacia la recámara y me acerqué a ella para ayudar a desvestirla. MI esposa quedó desnuda en un momento por mí mientras Ana le acariciaba el coño empapado y rasurado. Mi esposa y yo terminamos de desnudar a Ana y la acostamos en la cama. Para que ella se relajara, la empezamos a acariciar entre ambos. Pasábamos nuestras manos por sus piernas, abdomen, pechos, etc., hasta que la respiración de Ana nos decía que estaba lista y sin problemas para entregarse completa. Le abrí las piernas y empecé a besar su coño mientras ambas se besaban y se acariciaban los pechos. Después cambiamos de lugar y yo me subí para meter mi verga en la boca de Ana mientras mi esposa degustaba ese delicioso 
sexo . Fue tal la excitación de Ana al sentir por primera vez una lengua femenina en su clítoris, que explotó en un orgasmo delicioso. La fase de calentamiento, como dirían los deportistas, fue más que adecuada por lo que, a partir de ese momento, podía pasar cualquier cosa.

 
Fueron tantas cosas las que hicimos y varias las veces que nos reunimos, que se me entrelazan los encuentros y el orden de lo que ocurrió. Sin embargo, en está ocasión pasaron dos momentos memorables (lo bueno es que en cada encuentro que teníamos, pasaban cosas cada vez mejores y más excitantes):MI esposa me pidió que le metiera la verga despacio para imaginar como habíamos cogido ella y yo en el hotel. Le abrí las piernas a Ana y su sexo estaba abierto, húmedo y deseoso. Coloqué la punta de mi verga en sus labios y la masturbé con ella (la vez anterior, había descubierto lo mucho que le gusta esto). Cuando estaba a punto de venirse por enésima vez, le clave la verga hasta el fondo arrancándolo un grito de placer delicioso, ronco y muuuy largo.

 

Mi esposa se excitó tanto que se masturbaba con frenesí y, subiéndose sobre la cara de Ana, recibió una mamada deliciosa que la hizo tener un orgasmo delicioso. Yo tenía que hacer un esfuerzo enorme para no venirme en ese momento por lo que hice mis envistes más largos y profundos, y eso solo aumento la excitación de Ana aún más. La giré para que se sentara en mi verga y le dije a mi esposa que esa era la forma en la que ella estaba cuando le hablamos por celular. Mi esposa se subió ahora en mi boca y empezó a acariciarse y besarse con Ana mientras ella brincaba en mi verga. Cambiamos de lugar y ahora era mi esposa la que se ensartaba mi verga mientras Ana se masturbaba.


Seguimos cambiando de posiciones hasta que, estando dentro mi esposa de misionero, ella estiró la mano y empezó a acariciar el clítoris de Ana mientras ella se masturbaba como hechizada viéndonos como cogíamos. Escuchar los gritos y gemidos de todos mezclados con un intenso olor a sexo en la habitación, fue mucho para todos, por lo que finalmente estallé en un orgasmo increíble dentro del delicioso sexo de mi esposa, al tiempo que ella se retorcía de placer y Ana hacía lo propio al restregar sus dedos en su propio sexo teniendo un orgasmo más.

Me salí de mi esposa y Ana hizo algo único y delicioso: Se acercó para ver como la hermosa colita  de mi esposa escurria leche blanca y caliente y, sin poderse aguantar, sacó la lengua y empezó a darle a mi esposa una mamada espectacular. Al pasar su ávida lengua por la suavidad de su sexo, no podía (o más bien no quería) dejar de comerse todo el semen que salía del sexo de su nueva amante.


Quedamos desnudos y agotados sobre la cama. Nos abrazamos y besamos entre los tres pudiendo compartir de los labios de los tres una mezcla de sabores y olores deliciosos. Ana se levantó y se dio un baño y mi esposa y yo, nos quedamos desnudos en la cama esperando a que ella saliera. Yo me vestí para llevar a Ana a su casa y en el camino comentamos lo ocurrido. Ella estaba pensativa pero muy satisfecha y nos prometimos que pronto repetiríamos tan grata experiencia.



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