Abrí los ojos... lo primero que vi fue un techo extraño, un ventilador que colgaba de este giraba lenta pero constantemente; se sentía una temperatura cálida que daba la sensación de una pesadez que en cierta forma resultaba sofocante; una fina capa de sudor cubría mi cuerpo desnudo y me hacía sentir como si estuviera adherido a las sabanas... había un fuerte olor que cubría toda la habitación, olía a sexo. Lentamente y seguido por esa extraña pesadez, gire mi cabeza hacia mi lado izquierdo y la vi, tan hermosa como la primera vez que cruzamos miradas hace ya muchos años, con la diferencia de que ahora, con su rostro de ángel cubierto levemente por un desaliñado cabello, podía apreciar su cuerpo desnudo apoyado en mi costado; su brazo estilizado se apoyaba en mi estomago dejando ver ese anillo en su dedo anular que nos unía en un pacto de amor eterno, "que afortunado soy", pensé en ese instante.
Tuve tiempo para detallar a esa maravillosa y joven mujer, sus labios húmedos con algunas gotas de semen , su rostro de portada de revista, su piel de color dorada, esa figura estilizada y firme resultado de largas horas de intenso ejercicio que yo tenía el privilegio de apreciar hasta el cansancio. Mi mirada empezó a deslizarse primero por su rostro, luego por su espalda buscando posarse en su parte baja, pero cuando llego ahí encontré mas que eso... encontré de golpe la razón que hacia esa mañana una especialmente diferente. Sobre su firme y suave glúteo izquierdo yacía una mano que con firmeza pero sin fuerza se aferraba a la carne bajo su palma; una mano que cubierta de una capa de bello tenía una figura evidentemente masculina; no era la mía. Luchando contra esa absurda pesadez logre conseguir la fuerza para levantar lenta y sigilosamente mi cabeza hasta superar la barrera visual que suponía para mí el cuerpo de la mujer que amo y revelar de esta forma al dueño de la misteriosa mano. Tras de mi esposa descansaba un rostro conocido, era mi mejor amigo, mi compadre, que acompañado de un cuerpo joven, atlético, desnudo, belludo dejaba de ver su pene adormecido mas dotado que el mío.
Realmente había sucedido, no era un sueño... hace solo unas horas, la mujer que amo, había conocido por primera vez en su vida, el placer en brazos de alguien que no era yo. De sentir las embestidas de otro miembro diferente al mio. Mire el rostro de mi princesa de nuevo… con la expresión de su rostro, ni ahora ni hace 24 horas nadie hubiera imaginado que podría ser parte de una situación así. Viéndola de esta forma comprendí algo inmediatamente: aunque ahora mi amor por ella crecía incluso con mas fuerza que antes, estaba seguro que nada volvería a ser igual... Ante la dimensión de tan sobrecogedora escena solo pude descansar el peso de mi cabeza contra la almohada y mirar de nuevo ese indetenible ventilador mientras cada giro me recordaba paso a paso como fue que empezó todo esto…