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Una noche para repetir
Durante mucho tiempo, mi marido y yo habíamos planeado salir una noche a algún bar y ahí, intentar ligar a algún chico para poder tener alguna relación de una noche o quizás, solo de un rato, ya que una de nuestras fantasías era que yo estuviera cogiendo con otro hombre, en el asiento trasero del coche mientras mi marido manejaba. Eso lo hemos llevado a cabo por lo menos en tres ocasiones pero queríamos algo más formalón y esa noche, después de dejar a nuestros hijos en la casa de sus abuelos, salimos a recorrer algunos bares por el área de Villa Coapa.
Buscábamos algo tranquilo, más bien medio bohemio pero encontramos puros lugares básicamente para chavitos, digo, nosotros estamos en los 36 años así que, finalmente desistimos y nos metimos a tomar unos tragos en un pequeño bar que hay dentro de un pequeño centro comercial, sobre avenida Cafetales. Cabe mencionar que yo me había vestido de acuerdo a la ocasión y aunque soy un poco llenita, soy de cara bonita y tengo muy buenas piernas, de tez clara, ojos verdes y cabello castaño claro a rubio, mido 1.56 m y ese día, usaba unos zapatos de tacón alto y una mini falda algo amplia, además de una blusa con un suéter a la cintura y por supuesto, sin nada de ropa interior.
Así que, cada vez que llegábamos a algún sitio, me sentaba de manera provocativa con una pierna cruzada sobre la otra y procurando que mi marido mantuviera, por lo menos, una de sus manos en mis piernas. Después de un rato de estar ahí y notar la mirada de varios muchachos sobre mí, o más bien, sobre mis piernas y ya un poco alegre, luego de 3 copas de brandy Torres 10 bien servidos, yo ya quería yo salir de ahí para que, por lo menos, mi marido me dedeara rumbo a la casa, donde seguramente cogeríamos como locos.
Sin embargo, esa noche daría un vuelco muy favorable para nosotros pues mientras mi marido se levantó un momento al baño, yo me quedé sola, sentada a la mesa y un hombre de unos 26 años, no muy guapo pero de buen porte y que además, parecía limpio y decente, me invitó a bailar. Por supuesto, yo acepté y empezamos a bailar algo de ritmo duranguense, ya saben, esta de moda y entre baile y baile y brinco y brinco, de vez en cuando, su mano se iba más debajo de mi cintura, situación que a mí no me molestaba para nada.
Al notar esto, él lo empezó a hacer de manera más regular y menos cohibida, así, entre brinco y brinco, se levantaba la falda más de lo normal, lo que brindaba un espectáculo más que interesante para los presentes. De reojo, pude ver a mi marido sentado en la barra, bebiendo una cerveza como un espectador más.
Luego de un rato, la música se acabó, o por lo menos esa ronda y este amigo, de nombre Juan, me acompañó a mi mesa y se retiró, después de darme un beso en la mejilla, o por lo menos, eso pensé. Después, la música comenzó de nuevo y mi marido no se acercaba, solo intercambiábamos miradas cómplices, ahora sería algo menos movido, más bien romántico y no acababa de darle un sorbo a mi trago cuando un nuevo muchacho, llamado Héctor, más joven que el anterior, me invitó a bailar.
Enseguida pude notar que era compañero de mesa del anterior y acepté gustosa, además de que, por el tipo de música, la luz había bajado y la pista estaba con una luz tenue. Llegando a la pista, él me tomó de la cintura y comenzamos a bailar de manera normal, aunque de vez en cuando, él se repegaba más a mi cuerpo, incluso me preguntó si venía sola, le contesté que no, que estaba acompañada de un “amigo” y que no le molestaba que yo bailara con alguien más.
Esto pareció haberlo animado más, ya que para la siguiente vuelta, yo lo tenía más pegado a mi cuerpo; esta vez, pude sentir un paquete duro y grande entre sus piernas, lo que me excitó de sobre manera y sentí como empezada a mojarme en toda mi intimidad y como se endurecían mis pezones. Para esos momentos, mi marido ya estaba en la mesa y seguía siendo solo un observador, así estuvimos hasta que la música acabó y al igual que el otro, me acompañó a mi mesa, solo que esta vez, Héctor me dio un beso que rozó mis labios húmedos.
Después de platicar con mi marido lo sucedido, yo me levanté al baño y cual sería mi grata sorpresa que al salir, ahí estaban los muchachos estos más otro diferente, se llamaba Edgar y me comenzaron a hacer plática; sobre el hombro de uno de ellos, noté como mi marido estaba al pendiente de todo, así que continué con la charla. Estábamos prácticamente en un rincón del salón, ya que una columna tapaba una parte y no había mucho espacio, entonces nuevamente pusieron música para bailar y el nuevo amigo Edgard me invitó a hacerlo, lo que acepté por supuesto.
Para ello, intenté caminar a la pista pero él me jaló del brazo diciéndome que era mejor ahí mismo porque ya había mucha gente en la pista, entonces comenzamos a bailar en aquel pequeño rincón. Ahí, yo estaba contra la pared, la columna tapaba una parte del salón y sus amigos hacían por tapar el resto que, aunque no eran muy altos, sí lo eran más que yo.
Aprovechando eso, este nuevo amigo se repegaba a mí con mayor descaro y sus manos recorrían mis nalgas de arriba abajo, incluso en un brinco, sentí como su mano se iba por debajo de mi falda; enseguida pude notar la cara de sorpresa del amigo al notar que yo no traía ropa interior y a partir de entonces, él metía su mano por la cintura de la falda y me acariciaba mis nalgas desnudas. Por mi parte, yo podía sentir su excitación cada vez que se pegada a mí.
En eso andábamos cuando sentí la mano de otro de los muchachos, Juan, pidiéndole cambiar de pareja de baile y así fue, enseguida el anterior se dirigió al otro amigo, quien solo observaba y algo le dijo al oído; hubieran visto la cara de sorpresa de este y de inmediato, comenzaron reírse de manera eufórica mientras el que bailaba conmigo, me veía con cara de “no entiendo nada”. Así seguimos bailando y este, al igual que el anterior, se repegaba a mi cuerpo de manera regular.
No habían pasado más de cuatro minutos cuando el tercer amigo llegó para desplazarlo de su posición y ahí, yo seguía bailando con tres desconocidos, en un rincón del salón. Este último, al igual que el primero, me metió su mano por arriba de la cintura de mi falda y me tocaba las nalgas, en cada brinco que dábamos y sin esperarlo y para mi sorpresa, en una vuelta, quedé de espaldas a él, inmediatamente, sentí como el bulto de su pantalón tocaba mis nalgas y su mano tocaba la muy cerca de mi vagina, completamente húmeda.
Después, en uno de los famosos brincos, sentí como uno de sus dedos se metió por completo dentro de mi vagina, como cuchillo en mantequilla, no pude menos que soltar un pequeño gemido de satisfacción y de sorpresa pero continuamos así; yo estaba de frente a la pared, él y sus amigos me cubrían con sus cuerpos de las miradas curiosas y la columna hacía el resto. Mientras tanto, yo seguía de espalda a él al tiempo que me dedeaba ya con dos de sus dedos y creo que hasta el ritmo de la música habíamos perdido; por fin, pude darme la vuelta y para desgracia de todos, la música acabó.
Como pude y con una gran excitación, les dije que tenía que volver a la mesa pero todavía no había llegado cuando ya le contaba todo a mi marido, él solamente se reía y me daba un beso de complicidad en la mejilla. Para mala fortuna, el lugar tenían que cerrar el bar y mi marido ya había liquidado la cuenta, entonces nos dispusimos a salir con la cara de decepción de mis nuevos amigos pero mientras estábamos esperando el auto, que por cierto es una camioneta de esas mini van, se acercó uno de los muchachos a pedirme mi número de teléfono.
Enseguida le respondí que no se lo podía dar, ya que no acostumbro hacerlo pero él insistió, entonces me acerqué a mi pareja y se lo comenté, él me indicó que les dijera que no se fueran, que me dieran cinco minutos. Luego, me pidió que me quedara ahí con ellos unos minutos mientras él recibía el coche y lo fuera a estacionar en la calle de al lado, a unos 30 metros de donde estábamos; yo me quedé un poco desconcertada porque no sabía lo que tramaba.
Él volvió después de unos minutos y me dijo, cerrándome un ojo, que había olvidado algo dentro del bar y que si por favor, lo esperaba en la camioneta para que no me diera frío, incluso, mencionó que a lo mejor, los muchachos podrían hacerme compañía en lo que él volvía. De inmediato, yo me dirigí al auto con mis nuevos amigos mientras veía a mi marido que regresaba al bar, luego llegamos a la camioneta y me subí en el asiento delantero, del lado del acompañante; por su parte, dos de ellos se subieron en la parte de atrás, Héctor y Juan y uno más, del lado del conductor, Edgard.
Ahí, platicamos de cualquier cosa y mientras yo ponía un disco, el que estaba junto a mí se acercó, recargó su mano en mi pierna, como esperando que le dijera algo; yo lo tomé como si fuera lo más normal y pronto, él empezó a acariciarme la pierna; a los dos de atrás se les notaba la ansiedad cuando de repente, el que estaba a mi lado jaló la palanca que recuesta el asiento y terminé casi con los pies en el tablero y recostada. Rápidamente, yo me enderecé como pude y le dije que mejor me dejara pasar para atrás, comentario que emocionó a los otros dos.
Entonces, entre los asientos delanteros, me pasé hacia el de atrás y no acababa de sentarme cuando Juan me levantó la falda dejando expuestas mis piernas y todo lo demás, de inmediato empezó a acariciarme mis piernas e introdujo un dedo dentro de mí; por su lado, el que estaba adelante solo me tocaba las piernas mientras Héctor me bajaba mi blusa a la cintura. De esa manera, ahora tenía la blusa y la falda hechas un nudo sobre mi cintura mientras uno me mamaba mis pechos y el otro me dedeaba ya con tres de sus dedos, al tiempo que yo solamente emitía algunos gemidos de placer y de satisfacción.
Luego de unos minutos, Edgard se arrodilló entre los dos asientos delanteros, me separó las piernas mientras apartaba a su amigo y me empezó a dar una mamada de campeonato; por su parte, Héctor no soltaba mis pechos y Juan comenzó a desabrocharse el pantalón de manera apresurada. Súbitamente, un pene saltó de ahí, no era muy grande pero sí algo grueso, enseguida él se acercó a mi cara para que empezara a mamárselo.
Después, Héctor, quien me mamaba mis pechos, hizo lo suyo y se bajo el pantalón, sacando una tremenda polla como de unos 25 cm y bastante gruesa; de solo verla y de sentir cómo tenía una lengua en mi entre pierna y la mamada a la verga del otro, tuve un orgasmo por demás satisfactorio. En eso estaba cuando al que se la estaba mamando, Juan, se vino de manera sorpresiva, digo de manera sorpresiva porque fue muy pronto pero no dejé que se derramara una sola gota.
Ya habiendo terminado, él se tiró a un lado mientras Edgard se empezó a bajar el pantalón y Héctor, con su polla descomunal, se sentó a un lado de mí y me pidió que me subiera en él, incluso ya traía puesto un preservativo y no dudé ni un solo momento en hacerlo. Enseguida, me senté de espaldas a los asientos delanteros y todo aquel pene se me clavó de un solo golpe hasta lo mas profundo de mí, solo alcancé a decir “¡mmmmmm, qué rico!”.
Pasados unos instantes, yo me empecé a mover de una manera muy rápida y a gritar o gemir de manera desesperada, de verdad estaba gozándolo mientras la camioneta se movía como si fuera lancha. Después, Edgard nos invitó a que nos acostáramos en el asiento mientras Juan se pasaba al asiento de más atrás, así lo hicimos y nos recostamos mientras yo tenía un orgasmo más al sentir ese tremendo pene dentro de mí y en ese movimiento extraño, quedando ya acostada sobre mi amigo Héctor.
Ya teniéndome así, Edgard se subió como pudo al asiento para tratar de culearme, cosa que no le costó trabajo ya que yo estaba súper mojada y el lubricante del preservativo, que también se había puesto, ayudó bastante. Su pene no era muy gordo, más bien era muy delgado pero largo, como los estuches de puro y al sentir como se introducía en mí, no pude hacer más que gritar y pedir más y más.
Ya así, agarramos un ritmo uniforme, ahí estaba yo, siendo penetrada por dos desconocidos en mi camioneta, en alguna calle de Villa Coapa mientras uno más se masturbaba en el asiento trasero viéndonos atónito, los vidrios estaban empañados y estoy segura que mis gritos se escuchaban hasta la siguiente calle pero a las tres de la mañana, ¿a quién le importa?. De repente, sentí como Héctor empezada a venirse por lo que aceleré el ritmo mientras que Edgard hacía lo propio y de una manera soberbia, los tres nos venimos al mismo tiempo, fue un gemido por parte de los tres que solo de recordarlo, me mojo toda.
En un momento, nos desacoplamos y mientras ellos se quitaban sus preservativos, volteé a ver a mi tercer amante, quien tenía una erección bastante considerable así que me pasé al asiento de atrás, quedando yo recostada boca arriba. De inmediato, él me penetró de una sola estocada, con uno de mis pies recargado en la ventanilla de la camioneta y el otro, en el respaldo del asiento de adelante mientras gemía y gritaba.
Colocados así, mi nuevo amigo me empujaba con mucho vigor y fuerza, no tardaría mucho en venirse por segunda vez en la noche mientras sus amigos solo observaban. Luego de venirse, él bajó el ritmo y nos separamos, enseguida nos enderezamos y me limpié un poco, al tiempo que uno de ellos me dijo que ahí venía mi amigo, inmediatamente volteé y vi que mi pareja estaba ya muy cerca de la camioneta.
Ágilmente, mis amigos nuevos terminaron de vestirse, me dieron un beso en los labios cada uno y se bajaron del auto; como pude, yo me pasé hasta el asiento delantero al tiempo que me arreglaba la ropa mientras oía como ellos se despedían de mi marido con un “gracias señor, buenas noches”. Cuando él se subió al auto, me dio un beso en los labios preguntándome “¿cómo te fue?”, le respondí que fueron los 15 a 20 minutos más intensos de los últimos tiempos, él solo acertó a sonreír y a arrancar el coche.
Entonces, yo recosté mi asiento, subí mis piernas al tablero mientras él solamente me acariciaba y yo le contaba, con lujo de detalles, todo lo sucedido. Llegando a la casa, tuvimos una sección de sexo excelente donde tuve un riquísimo orgasmo más y acordamos que la próxima vez, espero que la haya, él debe participar de manera activa.
Así pues, anímense, a lo mejor nos encontramos en algún bar en una de estas noches y nos podemos divertir.
Saludos,
La Jenni
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