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Historias y Relatos Swinger

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El Tio Oscar y Su Sobrina Ana

Después de que salió publicado el relato “Las Medias de Priscila”, recibí varios correos de los lectores y entre ellos estaba el de Ana. Como lo hago con todos los correos, respondí su mail. Nos presentamos y después de algunas charlas en el Messenger conocí a Miguel, su marido y decidimos gozar de un trío sexual. Miguel y yo nos quedamos de ver frente a la tienda departamental Suburbia en la colonia El Yaqui, en la delegación Cuajimalpa en el Distrito Federal. Nos presentamos, lo acompañe a comprar la cena y ya rumbo a su casa Miguel me explicó que vivía en el mismo edificio con algunos familiares, y que tendría que presentarme como el tío de Ana, al cual hace tiempo no veía. Así que en el relato Ana es mi sobrina. Cuando llegó la noche, cenamos y platicamos un rato para romper el hielo. Como era el invitado tenía la opción de decidir si jugábamos a las cartas o al dómino. Y como no se jugar cartas, pues escogí las fichitas. Estábamos sentados en una mesa redonda, Miguel a mi izquierda y mi sobrina frente a mí. Para olvidarnos un poco de los nervios, Miguel y yo trajimos unas cervecitas. Luego de tres partidas, mi sobrina se sintió más confianza y se sentó en medio de su esposo y yo. Durante la cuarta partida, mi sobrina puso su mano derecha sobre mi pierna izquierda y empezó a acariciarla desde la rodilla hasta mi entrepierna, sin llegar a tocar mi verga. Durante la quinta partida, mi sobrina colocó su mano sobre mi erecto miembro y con sus dedos le daba ricos apretones a mi pito, como tratando de conocer su forma. Durante la sexta partida, Miguel le dio un beso cachondo a mi sobrina y le saco sus enormes tetas, las cuales yo empecé a besar; chupaba sus senos y lengüeteaba sus oscuros pezones, pero eso fue sólo una probadita, pues mi sobrina se sentó bien para seguir jugando. En la sexta partida, Miguel volvió a sacarle los melones a mi sobrina y volví a deleitarme con ellos, chupaba uno y trataba de metérmelo lo más que podía a la boca, mientras que con mis calientes manos le masajeaba en círculos el otro; en esta ocasión me puse de pie y coloque mi verga a la altura de sus chiches para que ella me la acariciara. Miguel y mi sobrina también se pusieron de pie. Mi sobrina y yo nos dimos un cachondo beso. Mientras besaba a mi sobrina, le sobaba sus nalgas recorriendo el contorno del encaje del bikini negro que le había regalado y que llevaba puesto para calentarme. Entonces mi sobrina, sujetó la reta de Miguel, quien se había recargado en la mesa con su camote de fuera, y le empezó a hacer una chaqueta. Mi sobrina se arrodilló y se apoderó de mi verga ya bien parada. Mi sobrina me la mamó de una forma deliciosa, como nunca me lo habían hecho; me hacía una manuela a mi tronco y su mano se detenía apretando mi tronco como queriendo exprimir su líquido, y cada gota de líquido seminal que salía de mi chile, era saboreada y devorada por su experimentada lengua. Su mano izquierda continuaba con la manuela de Miguel, subía hasta la cabeza de su palo y bajaba hasta que sus dedos chocaban con sus güevos, de tal manera que la cabeza de su camote quedaba liberada de su capuchón. Su mano derecha empezó a subir y bajar la parte baja de mi tronco dándole espacio a su lengua para que lamiera la cabeza de mi verga. Nos encueramos y nos fuimos a un sofá que estaba a la entrada del departamento. Mi sobina se recostó, abrió sus piernas y Miguel se acomodo entre ellas para darle lengua a su sexo. Su lengua recorría los labios de su bizcocho de abajo hacia arriba, sacándole a mi sobrina gemidos de placer, agh, agh. Para cuando Miguel metió su lengua en la panocha de mi sobrina y mi verga apareció frente a su boca. Mientras metía y sacaba mi trozo de carne de su boca, ella alcanzaba a exclamar gemidos de placer “umm, umm, umm”, producto de la excitación que Miguel daba a sus labios vaginales y de mi fierro cogiéndome su boca. Cuando mi verga estaba entrando y saliendo de esa boquita lujuriosa, saque mi miembro por completo y mi sobrina lamio cada centímetro de la cabeza de mi reata. Así estuve disfrutando de las ricas mamadas que su boca daba a mi pito; sólo que cada que me cogía su boca cambiaba el ritmo de mis cogidas, despacio, rápido, despacio y rápido. Cambiamos de posición, esta vez Miguel se paró para que mi sobrina le mamara su plátano. Con las rodillas en el sofá, tome la cadera de mi sobrina para poner mi verga en la entrada de su papaya y la metí lo más que pude. Me la estaba cogiendo muy rico; colocaba mi fierro en la entrada de su panocha, esperaba un poco y se la dejaba ir hasta sentir sus nalgas chocar contra mis piernas. Mientras me cogía a mi sobrina, ella le daba placer a la vara de Miguel. Mi sobrina estaba tan caliente que empezó a gritar, “ah ah, ah”; estoy seguro que sus gritos de calentura se escuchaban fuera del departamento, pero como ya era de madrugada, pues nadie sabía que estaba cogiendo con su esposo y con su tío. Mis embestidas eran lentas al principio; pero fueron acelerando al sentirme más caliente por los gritos que daba mi sobrina. Volvimos a cambiar de posición. Ahora fue Miguel quien se cogió a mi sobrina. Hincado en el sillón, sujeto en lo alto las piernas de mi sobrina y empezó a embestir su pepa lujuriosa; como Miguel ya estaba próximo a venirse, se la cogía lo más rápido que podía y mi sobrina chillaba de placer “ah, ah ah, ah”. Cuando Miguel saco su miembro para venirse, su pito escupió sus mocos sobre el estomago de mi sobrina y se los embarro. Los gritos de placer de mi sobrina “si, así, así” fueron callados por mi pito, que otra vez aparecido frente a su boca mamadora, para que esta le diera otra buena chupada. Esta vez se trago mi verga de ladito, se veía como mi pito chocaba con sus cachetes mientras me cogía su boca. Para terminar puse a mi sobrina de rodillas sobre el cojín, con sus codos recargándose en el respaldo del sillón, frente a la pared. La sujete de sus caderas y coloque mi verga en la entrada de su sexo. Otra vez cambie el ritmo de mis embestidas, siendo estás muy lentas al principio y rápidas al final. Mientras me cogía a mi sobrina, jalaba sus caderas para que sus nalgas chocaran con mi pelvis. Miguel disfrutaba de la cogida que le estaba dando a su esposa y se jalaba su pito. Mi sobrina volteo para decirme, “me la estas metiendo bien rico, me gusta que me agarren las caderas y que me cojan empinada”. Mi sobrina gritó escandalosamente, “aagghh”. “Me cogiste bien sabroso papi” agrego mi sornia. Cuando me iba a venir, saque mi verga de su panocha y mi sobrina rápidamente se sentó, tomo mi pito y me lo mamo hasta sacarle la leche. Mis mecos salieron de mi verga y mi sobrina trago los que cayeron en su boca y chupo los que quedaron en la cabeza de mi palo. Entonces despertó su hijo y se rompió el encanto. Así que me despedí, quedando de volver a verlos para volver a disfrutar de otro trío. “Para la siguiente ocasión una doble penetración” sugirió Miguel, pero yo dije “me gustaría culearme a mi sobrina” y al parecer ella también quiere que la chiquitee. Ya después sabrán que sucedió. Cualquier comentario a mi correo electrónico [email protected] será bienvenido; y todos los correos serán contestados.



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