Historias y Relatos Swinger
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Historias y Relatos Swinger
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Una experiencia memorable...
Como pueden ver en el perfil que tenemos en esta misma página, soy una mujer casada de 34 años y dicen que soy muy guapa: uso el cabello corto, mido 1.60 m de estatura y peso 62 kg, soy de piel morena clara, tengo bubis grandes talla 36D, depilada por completo y tengo la bendición de haber nacido con un clítoris realmente grande, además de que usualmente me vengo a chorros, es decir, eyaculo cuando tengo un orgasmo.
Mi marido es un hombre verdaderamente atractivo, de piel blanca, velludito, alto pues mide 1.86 m de estatura, con un cuerpo robusto y duro, de aproximadamente 100 kg bastante bien puestos, todo duro, nada fofo y gordo. Además, él tiene una verga de ensueño, de 20+ cm cuando está muy excitado, perfectamente circuncidada, gruesa y llena de leche que aguanta varias horas de estar cogiendo como locos, cada vez que lo hacemos.
Nosotros tenemos varios años dentro del ambiente swinger, incluso nos conocimos dentro del ambiente, situación que nos ha proporcionado experiencias muy satisfactorias, al darnos la oportunidad de conocer personas muy valiosas y de haber hecho verdaderos amigos con las parejas y las chicas solas que hemos conocido; no obstante nuestra buena fortuna y excelente vida sexual, desde hacía algún tiempo habíamos estado fantaseando con la idea de conocer personas abiertamente bisexuales. Debo confesar que esta idea partió de mi parte, ya que desde la adolescencia, me asumí como una persona abiertamente bisexual, incluso durante mi estadía en un internado en el extranjero, me inicié en los placeres lésbicos con algunas de mis compañeras.
Dicho esto, se me había metido la idea de “convencer” a mi marido para que como yo, se entregara abiertamente al placer sin límites con ambos sexos; aunque al principio él se negó de plano, poco a poco fue “haciendo cerebro” y excitándose con la idea hasta llegar al punto en que comprábamos videos de transexuales y parejas bisexuales que disfrutábamos mientras hacíamos el amor en la casa, fantaseando constantemente y pensamos en contratar a una de esas “chicas” transexuales que se pasean por la calzada de Tlalpan en las noches pero no pasábamos de la fantasía, por miedo a algún contagio y/o una mala experiencia.
Esas fantasías fueron subiendo de tono hasta llegar a un nivel de detalle sorprendente, en donde ambos deseábamos mil variaciones posibles con parejas, hombres y mujeres, aunque lo que más nos excitaba era la posibilidad de realizar un “trenecito”, en donde algún hombre empalara a mi marido mientras él me penetraba al mismo tiempo. Además, pedirle a ese hombre que antes de terminar en su culo, le diera su leche en la boca a mi marido, para que ambos compartiéramos su semen; la sola idea de ver a mi hombre chupando el miembro de otro me ponía sumamente mojada.
Pasaron varios meses de búsqueda infructuosa en Internet, incluso llegamos a contestar algunos anuncios que se publican en algunas revistas pero no teníamos suerte y nos estábamos cansados de seguir buscando y no encontrar algo. Finalmente, después de más de cuatro meses de cientos de correos, de pláticas por Messenger, de citas fallidas y de muchas frustraciones, tuvimos la suerte de encontrar exactamente a quiénes estábamos buscando, son Alma y Manuel, una pareja de españoles que estaban viviendo en México por el trabajo de él, pues era empleado de alto nivel en una compañía transnacional.
Después de haber platicado con ellos varias veces por Messenger, usando la webcam y demás formalidades, los conocimos en persona y resultó que hicimos “click” de inmediato, aunque son algo mayores de edad que nosotros (45 y 39 años), ambos eran sumamente atractivos.
Él es de tez aceitunada, alto, de cuerpo atlético y definido, velludito y con una barba de tres días que lo hacía verse muy guapo, buena pierna y nalga y un “paquete” que pronosticaba un miembro de buenas dimensiones. Por su parte, ella es de rostro muy atractivo, de piel blanca con pecas en la espalda y en el pecho, cuerpo voluptuoso, con grandes tetas y pezones tan grandes y duros que se le notaban sin problemas, a pesar del bra y de la blusa pegada que tenía puesta cuando los conocimos, con nalgas amplias y, sobre todo, una actitud despreocupada y juvenil que nos cautivó a mi marido y a mí.
Durante la cena, nos confesaron que eran nudistas y que conocían varias playas y resorts nudistas en varias partes del mundo, donde se habían iniciado en los encuentros swingers y en los intercambios con parejas, hombres y mujeres que habían conocido en estos sitios. Después de un rato, mi marido y Manuel se levantaron para ir al baño, lo que Alma aprovechó para darme un beso en la boca y decirme con un guiño, que les habíamos encantado.
Luego de una deliciosa cena y de la plática verdaderamente amena, nos fuimos a un bar muy conocido que está muy cerca de Plaza Inn, con la idea de convivir un poco más, sin apresurar las cosas. Dado lo agradable de la velada y de la química presente, nosotros nos dedicamos a coquetearles descaradamente y una vez que estuvimos en el bar, poco a poco nos juntábamos más en la mesa, yo me pegaba contra Alma, acariciándole suavemente su espalda o su mano, para “enfatizar” el sentido de lo que estábamos platicando.
El siguiente paso lo dieron ellos cuando Manuel pasó suavemente su mano por mis muslos desnudos, pues ese día me había puesto una minifalda muy coqueta y conforme pasó la noche, habíamos cambiado de pareja en la mesita del antro y a veces, nos abrazamos lentamente, al punto en que discretamente me animé a desabrocharle la bragueta al pantalón de Manuel, dejando al descubierto su delicioso pito, luego mi mano empezaba a subir y a bajar sobre su miembro que ya estaba semi erecto. Al tiempo que hacía eso, vi como mi gordo le metía mano a Alma por todos los lados posibles, eso sí, con bastante delicadeza, como él lo sabe hacer.
Después de un buen rato de estar disimulando y fajándonos, incluso podía sentir que mi humedad ya había mojado mi tanga por completo, llegando a escurrir por mis muslos y a formar un pequeño charquito en la especie de puff en donde estaba sentada, además de que la verga de Manuel estaba completamente dura y mojada en la punta. De repente, Alma sugirió que termináramos la velada puesto que ya era tarde y tenían algunas tareas que hacer a la mañana siguiente; dicho esto, discretamente nos arreglamos las ropas lo mejor que pudimos y salimos del antro, para despedirnos entra abrazos y besos cariñosos.
Pasaron dos semanas después de ese primer encuentro en persona, mismas en las que mi marido y yo cogíamos casi a diario, fantaseando con Alma y con Manuel, ambos estábamos encantados con ellos y no veíamos la oportunidad de volver a estar juntos para ahora sí, dedicarnos directamente a coger descaradamente con ellos.
Finalmente, una llamada de Alma a mi teléfono celular me sorprendió un jueves por la mañana, antes de entrar a una reunión de trabajo, saludándome con un “Iliana, chica guapa, ¿cómo estás?”;
yo le respondí “bien Alma ¿y ustedes?”, me contestó “uff, mujer, pues con unas ganas locas de follarlos a ambos, Manuel no ha parado de contarme lo mojada que te pones y que lo dejaste a mil el otro día”.
Ante eso, solo le comenté “hmmmm, ay, Alma, haces que me sonroje, mira que tu marido está en verdad delicioso” y ella adicionó “y el tuyo ni se diga, tiene una polla grande y gorda, mira eres una afortunada, ¿eh?, ya quiero tenerla bien adentro de mi coño mientras me como el tuyo, tía rica...”.
Enseguida le comenté “oye Alma, en verdad me sonrojas, tanto como tu marido y tú también me gustaste mucho pero fíjate que en este momento...” pero me interrumpió “nada, nada, los invitamos a casa mañana en la noche a cenar, ¿vale? y esperamos que vengan bien cachondos, ¿eh?”.
Luego me aclaró “mira que ya nos han dado el resultado de los análisis que nos tomamos la semana pasada, todo en orden para poder follar sin cortapisas, ustedes igual, ¿verdad?”. Al instante, quise decirle “oye pero es que...” y rápido añadió “vale, entonces es un hecho, los esperamos mañana, besos, ciao”. Esa llamada rápida, entre pícara y cachonda, hizo que de verdad me costara trabajo concentrarme el resto del día, con tan solo imaginarme los labios de Alma sobre los míos o sus pezones rozando mis tetas, sumado a la deliciosa verga de su marido y a las mil posibilidades que nuestro futuro encuentro ofrecía, empecé a sentir como me mojaba y dos veces tuve que ir al tocador, para masturbarme y poder continuar con el trabajo del día.
Al llegar a la casa, después de la oficina, le conté a mi marido sobre la llamada y lo que me había imaginado durante el día, lo que provocó que nos desnudáramos casi al unísono, perdiendo poco tiempo en ello y le pedí que me penetrara duro y sin contemplaciones... Mientras lo hacíamos, fantaseábamos todo lo que haríamos con nuestros amigos españoles y estuvimos cogiendo deliciosamente en la sala hasta que nos quedamos dormidos. Finalmente nos despertamos a eso de las 2:00 a. m. y nos fuimos a la cama, exhaustos pero todavía excitados por lo que nos imaginamos que vendría con Alma y con Manuel.
Finalmente llegó el viernes en la noche y acudimos a la cita tan esperada, nuestros amigos vivían en una casa de estilo minimalista, dentro de un condominio horizontal nuevo, que afortunadamente esta muy cerca de donde nosotros vivimos, en el sur de la Ciudad de México. Después de los saludos, pasamos a la cena que ellos nos habían preparado y platicamos animadamente de varios temas hasta que empezamos a lanzarnos algunas indirectas sobre si veníamos a platicar o a follar.
Dicho esto, nuestros anfitriones nos condujeron a una sala muy amplia, con un gran tapete blanco, donde nos empezamos a fajar y a besar, luego mi marido y yo nos acostamos en el gran tapete blanco y nos empezamos a acariciar sobre la ropa, desvistiéndonos poco a poco y observando que nuestros anfitriones hacían lo mismo.
Una vez que todos estuvimos desnudos en esa sala, pude observar perfectamente que ellos estaban muy bronceados, sin marcas de trajes de baño o de bikini, se notaba que efectivamente tomaban el sol en bolas.
Luego de un rato, JL y yo empezamos a hacer el amor suavemente, yo montada sobre él mientras que ellos empezaron a hacer lo mismo y al poco tiempo, sentí que una mano comenzó a acariciarme la espalda. Yo me dejaba acariciar, me gustaba sentir a otra persona tocando mi espalda en ese momento y al voltear, vi la mano de Alma y como me sonreía pícaramente. No tardé en también extender mi mano y comenzar a acariciarle sus enormes tetas, de verdad que eran más grandes que las mías, firmes a pesar del tamaño y con unos pezones que me enloquecían por lo duros y grandes que se estaban poniendo.
Al poco rato, nos separamos y cambiamos de pareja, enseguida yo empecé a comerme la deliciosa verga de Manuel mientras Alma y mi marido me acariciaban la panocha, lo que me provocaba que no dejara de chorrear jugos, ya que estaba completamente húmeda y dilatada.
Luego cambiamos y la siguiente postura fue un “69” entre Alma y yo, ella tenía la pucha completamente depilada, como yo y daba gusto comérsela, además tenía unos labios muy grandes y la sorpresa del día fue que también tenía un clítoris enorme, aún más grande que el mío, lo que daba la impresión de que su clítoris era una pequeña verga con su glande y todo, solo le faltaba que fuera un poco más grande y hubiera podido pasar fácilmente por un pito de niño.
Al tiempo que me deleitaba con la deliciosa panocha y el clítoris de Alma, sentí como las manos de Manuel me agarraban las nalgas y me abrían más, para poder meterme su gran palo por mi dilatada panocha, al tiempo que Alma me agarraba las tetas, lo que me provocó el primero de muchos orgasmos que vendrían esa noche.
En ese momento, me separé un poco de Manuel y me coloqué debajo de Alma, que para entonces, estaba siendo empalada por mi marido y gemía de forma deliciosa, así que podía seguir mamándole esa panocha y su clítoris descomunal mientras JL se la metía y al mismo tiempo, empezaba a sentir que las manos de Manuel comenzaban nuevamente a buscar afanosamente mi coño.
Aprovechando un momento de distracción causado por el orgasmo descomunal que la verga de mi marido recién le había provocado a Alma, me separé de su pucha y de mi marido, enseguida Manuel me acostó boca arriba y se puso detrás de mí para meterme su verga de un solo empujón, de manera que estábamos en una posición “de tijerita”, en la que él podía levantarme la pierna mientras que dejaba a mi rajita completamente expuesta. Cuál sería mi sorpresa al sentir que mi marido se acercó a nosotros, para “devolverme el favor”, pues aprovechando la posición en la que Manuel me estaba cogiendo, empecé a sentir como la lengua de JL empezó a chuparme el clítoris, al tiempo que de vez en vez, le daba alguna lamida a los huevos de Manuel.
No obstante el intenso placer al que ambos me estaban sometiendo, pude ver que mi gordo parecía extasiado de gusto al chupárselos y metérselos en la boca, lo que provocó que Manuel me sacara su verga de mi cuevita y se la metiera en la boca a mi marido, haciéndolo gemir sonoramente.
Era una vista increíble, finalmente podía observar a mi marido, al amor de mi vida, a mi cómplice y compañero de vida, mamando con fruición una verga, tanto o más grande que la de él mismo; además, él se ayudaba con las manos para dejar al descubierto, el glande rosado y brillante del pito de Manuel, pasándole la lengua y de un golpe, se la metía hasta el fondo de su boca, o de repente, se la tomaba con sus dos manos, para agarrársela y masturbársela al tiempo que seguía mamándosela.
Al ver eso, no pude contenerme y me di a la tarea de ayudarle a mi marido a mamar su primera verga, todo era en verdad increíble, yo comiéndome una verga junto a mi marido, ¡impensable!, hacía mucho tiempo que deseaba un encuentro así, era la experiencia soñada por mí y por él desde hacía tiempo. Lo que JL y yo estábamos haciendo provocó que me excitara como nunca antes, por lo que tuve un orgasmo intensísimo en la boca de Alma, quien no había parado de lamerme mi pucha y de darme algunas mordiditas en el clítoris en ningún momento.
Mi venida fue escandalosa, empapé a Alma por completo, mojándole su rostro, su cuello y su pecho, chorreando y mojando el hermoso tapete blanco.
Pocos instantes después, las mamadas de mi marido hicieron que Manuel descargara también su leche; al principio, la primera descarga completa fue en su boca pero el resto fue en mis tetas, en mi cara y sobre los labios de mi marido, que juguetones compartían la venida de nuestro amigo. Todas esas experiencias siempre las había soñado y nunca imaginé que se hicieran realidad, ahora se estaban cumpliendo, por lo que JL y yo nos fundimos en un perverso y amoroso beso, compartiendo con nuestras lenguas, el sabor saladito y viscoso del semen de nuestro amigo.
Luego de unos instantes, Manuel comentó “no me imaginaba que los dos fueran bisexuales, así podremos disfrutar todos con todos, sin cortarnos..., joder, esto es mucho más de lo que esperaba de este encuentro, hacía tiempo que Alma y yo no coincidíamos con alguien como ustedes y la verdad, ya nos apetecía hacerlo, ¿no es así?”. Al momento, Alma contestó, cerrándome un ojo “bueno majo, que Iliana y yo ya habíamos platicado pero tú, tan ocupado siempre, ni te enteras”.
Manuel continuó diciendo “al principio, a mí me costó aceptarlo pero luego me ha ido excitando cada vez más y más, ahora ya lo echábamos en falta, no todos los tíos lo aceptan, solo algunos y no es fácil proponerlo, hay quien se piensa que es de maricones y se ofenden enseguida”, dándole una palmada en la espalda a mi marido.
Nos dimos un respiro, no sin antes comerle el coño a Alma, para que estuviéramos todos empatados en venidas, lo tenía chorreando de sus jugos y entre Manuel y yo la hicimos tener un orgasmo, al tiempo que JL le mamaba los pechos y mordiéndole sus grandes pezones. Para mi sorpresa, ella se vino casi como yo, empezando a eyacular sobre mi cara, mojándome por completo; definitivamente nuestros amigos eran un encuentro de uno en un millón, ya que jamás habíamos estado con otra mujer que se viniera a chorros como yo y encima, con ese clítoris tan deliciosamente grande, definitivamente ellos eran los mejores amantes y el resultado de muchas noches de fantasías de mi marido y mías.
No tardamos en recuperarnos y en empezar a disfrutar nuevamente de ese tan deseado encuentro con nuestros queridos gachupines hasta que mi marido, que mañosamente estaba aguantándose el orgasmo, tomó la iniciativa y empezó por meterse la verga de Manuel en la boca, para ponérsela dura. En instantes, él le correspondió y se metió la verga de JL en la suya; al ver eso, Alma y yo nos pusimos en verdad calientes y nos empezamos a besar y a masturbarnos una a la otra.
Aquella imagen era de lo más caliente y en pocos minutos, todos estábamos de nuevo a tope, nosotras nos metíamos los dedos en nuestras rajitas chorreantes al tiempo que nos acariciábamos nuestros desarrollados clítoris, para aumentar la excitación mientras nuestros maridos se daban placer oral trenzados en un “69” sin igual. Así estuvimos mucho tiempo hasta que nosotras les pedimos que nos dieran verga en nuestras panochas ya completamente húmedas y dilatadas, entonces comenzamos un mete saca que no duró mucho porque ni Manuel ni mi marido querían venirse y terminar el delicioso juego.
Entonces cambiamos de posición y nos pusimos de forma que yo le comía la verga a Manuel, él le mamaba la verga a mi marido mientras que JL le comía la dilatada panocha y el clitorisote a Alma y ella me lengüeteaba y me dedeaba a mí; naturalmente, no parábamos de jadear ninguno de los cuatro mientras el tiempo pasaba y no dejábamos de disfrutarlo todos. Luego volvimos a cambiar, ahora Alma se puso a comerle el culo a mi marido, susurrándole algunas cosas que no alcanzaba a escuchar y poco a poco, metiéndole los dedos para dilatárselo...
Yo no daba crédito a lo que veía y me sentía otra vez muy excitada, ya que no imaginaba que mi gordo accedería a ser penetrado por otro hombre pero al parecer, eso era precisamente de lo que estaba convenciéndolo Alma.
En cuanto el culo de mi marido estuvo dispuesto, Manuel se le acercó y muy despacio, le fue introduciendo la enorme verga que el tipo tiene; enseguida pude ver su cara de dolor con el primer empujón pero poco a poco se fue relajando hasta que observé como se follaban a mi esposo, con total facilidad y placer, constatando como le entraba ese gran trozo de carne hasta ver como los testículos de Manuel chocaban contra los de JL, cuando se la metía por completo.
Rápidamente, Alma abrió las piernas delante de mi marido y agarrando la verga completamente erecta de JL, se la metió en su pucha chorreante, pidiéndome que le ofreciera mi coño para comérmelo. A poco, volvíamos a estar a mil, todos estábamos a punto de reventar y no podíamos más, Manuel bombeaba su miembro dentro del culo de JL todo lo que podía y yo apenas me movía porque estaba hipnotizada viendo como la verga de mi marido entraba y salía del coño de Alma, al ritmo que Manuel penetraba su culo, agarrándole las nalgas, lo que causaba que ella apenas pudiera lamerme la panocha, según las arremetidas de los dos machos.
Ante tal espectáculo, yo fui la primera en tener otro orgasmo en la boca de Alma, mojándosela por completo, lo que provocó que mi marido eyaculara dentro de la cueva de ella, dejándola completamente llena de semen. A su vez, en cuanto Alma sintió como JL eyaculaba en su interior y literalmente la llenaba de lo que parecieron litros y litros de caliente semen, se vino de forma escandalosa, gritando como una posesa, al tiempo que se prendía de mi clítoris y seguía lamiéndome los jugos que chorreaban de mi dilatada rajita.
El último en soltar su leche fue Manuel, quien tuvo suficiente para llenar el culo de mi marido y aún dejar un poco sobre las tetas de su esposa, con el afán de que yo le acabara de limpiar tan deliciosa verga. Al ver esto, me puse a limpiarle la leche de mi marido directamente del coño de Alma, quien a su vez, estaba nuevamente teniendo otro gran orgasmo lleno de líquido, mezclando el semen de mi marido con sus propios jugos, parecíamos poseídos, llenos de una energía que nos daba la lujuria y todo el morbo de la situación.
Después de unas cuentas mamadas por parte mía y de Alma, Manuel y JL estaban listos nuevamente para la acción, con las vergas duras como piedras y lustrosas con la deliciosa mezcla de líquido vaginal, semen y saliva que las lubricaba. Rápidamente cambiamos de posición, ahora mi marido se cogería el culo de Manuel y él me la metería a mí, tal y como habíamos fantaseado muchas veces mi gordo y yo, en donde él se cogería a un tipo, quien a su vez, me cogería a mí.
Una vez que estuvimos acomodados, empezamos a disfrutamos los cuatro de nuevo, solo que esta vez, Alma se masturbó con su mano y con la mía, ya que se puso al lado, para ver cómo se follaban a su marido. Después de un rato de mete-saca intenso, Manuel se vino en mi rajita y mi marido en su culo y todavía JL me puso su verga en la boca, para acabar de limpiarme los restos de leche que le quedaban en la punta.
Ese fue el primero de varios encuentros que tuvimos con ellos hasta que se fueron de nuevo a España, por lo que ahora seguimos en la búsqueda de alguna pareja atractiva, de excelente nivel sociocultural, sanas, (comprobables con análisis completos que demuestren que los dos están libres de VIH, VPH, VHS, clamidia, sífilis, gonorrea, hepatitis y demás bichos), en donde ambos sean completamente abiertos, con ganas de disfrutar su sexualidad, sin frenos ni tabúes.
Besos a todos.
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