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Trio en el Jacuzzi
Luz y yo habíamos hablado de invitar a Alex otra vez. No es la primera. Él ya conocía el cuerpo de mi esposa, el sabor de su panochita, la forma en que ella se retorcía cuando lo sentía entrando. Esa noche lo esperábamos.
Cuando llegó, lo recibimos en la sala. Luz llevaba un vestido corto negro que marcaba su cintura delgada y dejaba ver esas piernas morenas que tanto me gustan. Alex, delgado, no muy alto, con esa mirada tranquila que siempre trae, nos saludó con un abrazo. Nos sentamos, abrimos la botella de tequila y empezamos a brindar. El alcohol subió rápido. Luz se sentó entre los dos, con una mano en mi muslo y la otra rozando el de él. Reíamos, hablábamos de cualquier cosa, pero el aire ya estaba cargado.
Después del tercer trago, Luz se levantó, nos miró a los dos y dijo:
—Vamos al jacuzzi.
Subimos al baño. El agua caliente ya estaba lista, con espuma y un olor a vainilla. Nos desvestimos sin prisa. Yo me quedé mirando cómo Luz se quitaba el vestido. Su cuerpo moreno, delgado, senos firmes de pezones oscuros, el vello cuidado entre las piernas. Alex se desnudó también. Su verga, ya medio dura, colgaba pesada, gruesa, más larga de lo que uno esperaría de un cuerpo tan delgado.
Entramos los tres al agua caliente. El calor nos envolvió. Luz se sentó entre nosotros. Empecé a besar su cuello mientras Alex le pasaba las manos por la espalda, bajando hasta apretarle las nalgas. Ella cerró los ojos y se dejó ir. Mis dedos encontraron sus pezones, duros ya por el contraste del agua. Los pellizqué suave y ella gimió bajito. Alex se acercó más, le tomó la cara y la besó. Vi sus lenguas mezclarse. Mi verga se puso dura de inmediato.
Las caricias se volvieron más directas. Luz me agarró la verga bajo el agua y empezó a bombearla despacio, mientras con la otra mano buscaba la de Alex. Cuando la encontró, suspiró contra la boca de él.
—Ya está gruesa… —murmuró.
Alex le besó el pecho, chupó un pezón y después el otro. Yo le abrí las piernas bajo el agua y le metí dos dedos. Estaba caliente, resbaladiza, ya lista. La froté el clítoris con el pulgar mientras la penetraba con los dedos. Ella se arqueó, apretando más fuerte las dos pollas que tenía en las manos.
Nos quedamos un rato así, tocándonos, besándonos, intercambiando a Luz entre los dos. Ella se subió a mis piernas de espaldas a mí, sentándose sobre mi erección sin dejar que entrara del todo, solo frotándose. El agua chapoteaba. Luz gemía mi nombre y el de él. Yo le apretaba las tetas desde atrás, mordisqueándole el hombro.
Cuando el calor del jacuzzi ya nos tenía demasiado excitados, Luz se levantó, mojada y no era agua.
—Nos vamos a la recámara? —No se ibera pregunta o sugerencia.
Nos secamos a medias y fuimos directo a la cama. Luz se tiró de espaldas y Alex le abrió las piernas, se colocó entre ellas de inmediato. Yo me arrodillé al lado de su cabeza. Ella me tomó la verga y la metió en su boca mientras Alex le frotaba la cabeza gruesa contra su entrada. La vi abrir más las piernas, levantar la cadera.
Le entró despacio, soltó un gemido largo alrededor de mi verga. Sé lo que siente cuando él la penetra: esa sensación de ser abierta por completo, de estar llena hasta el fondo. Su coño se estiró alrededor de esa verga enorme, él empezó a moverse con embestidas profundas y lentas. Cada vez que entraba del todo, Luz se estremecía y chupaba más fuerte.
Yo le acariciaba el cabello mientras ella me la mamaba. De vez en cuando la sacaba de su boca para mirar cómo le entraba en su panochita.
—Más fuerte… —le pidió.
El la agarró de las caderas y empezó a darle más duro. El sonido de la piel contra la piel llenó la habitación, los gemidos eran rítmicos y cada vez más fuertes. De verla gozar así de rico se me ponía más dura; mi esposa delgada y morena, las piernas abiertas, recibiendo esa verga gruesa y llena de venas me excitaba demasiado.
Cambiamos de posición. Luz se puso a cuatro. Alex se colocó detrás le separó las nalgas y disfrutó viendo su culito, estoy seguro que conoce de memoria cada pliegue, ya que la ha puesto muchas veces de perrita, volvió a metersela de un solo empujón, ya estaba dilatada. Yo me senté frente a ella y ella me volvió a mamar la riata. Ahora cada embestida de Alex la empujaba hacia mi. Ella gemía con la boca llena. Alex le daba palmadas en el nalgas, le apretaba la cintura delgada y la embestía sin piedad. La vagina de Luz hacía un sonido húmedo y obsceno cada vez que él entraba hasta el fondo.
Después me acosté y ella se montó. Mientras se daba sentones, Alex se acomodó frente a su cara y ella se lo chupó, lamiendo su propio jugo de esa verga enorme.
Ella se puso nuevamente boca arriba y el rápido se la volvió a meter toda, mientras se cogían a mi esposa yo le lamia los pezones, eso le calentó mucho. Estaba temblando, el orgasmo subiéndole en oleadas. Alex gruñó y se vino dentro, llenándola. Luego ella me agarró la verga y lamiendo el glande comenzó a subir y bajar la piel. Cuando sintió que iba a llegar quitó la mano y siguió subiendo y bajando sólo con la boca, es una de las veces que he llegado más rico, todo el semen cayó en su boca y escurría por sus labios.
Nos quedamos así un rato, jadeando. Luz entre los dos, el cuerpo moreno brillante de sudor, la vulva goteando. Alex le acarició el vientre. Yo le besé la frente.
Esa noche no terminó ahí. Más tarde, ya más calmados, volvimos a empezar. Pero esa primera ronda… esa fue la que más me quemó en la memoria: el agua caliente, las caricias, y después mi esposa recibiendo esa verga enorme, mientras yo la miraba y la sentía temblar de placer.
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