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EMPINADA
Al cruzar la puerta, ella estaba más que lista, sobre la mesa de centro de la sala, a media luz, cortinas cerradas, con su marido cerrando la puerta para sentarse en el sofá en plena afirmación y consentimiento para pasar a la acción.
Me acerqué retirando mis ropas, contemplando ése delicioso par de nalgas, de talla media, firmes, adornadas por un pantiliguero que apenas disfrazaba la desnudez del resto de su cuerpo.
Al acariciarlas con mi palma, mi erección se intensificó al solo contacto con su piel, el toqie le sacó un gemido que invitó a pasar mi verga entre sus nalgas, disfrutando el contacto piel a piel para proceder a la inmediata penetración.
Fui deslizando mi verga en su vagina lentamente, mientras ella solo gemía al sentir como el espacio se abría en su interior, llegando hasta el fondo, para de ahí sacar a la mitad y volver a empujar con mayor velocidad, repitiendo un par de veces más para dejar sólo la cabeza adentro y de ahí penetrarla con fuerza, hasta el fondo, rápidamente, pasando de los gemidos a las palabras, atenuadas por la música a medio volumen.
La primer nalgada resonó y ella sólo dijo "así", para ya tenerla al borde del orgasmo, anunciado por la humedad y sus contracciones, seguidas de un suspiro que me indicó que era el momento de tallar la cabeza de mi verga en su vulva, favoreciendo la humedad para dejársela ir hasta el fondo de un golpe, iniciando nuevamente con fuerza y sus gemidos intensos, volteando a ver a su marido de vez en vez, absorto en el espectáculo, masturbándose mientras le decía que le gusta verla así de puta.
Luego de un par de orgasmos, la pegué a mi para incorporarla y acariciar sus tetas, exhibiendo su lujuria a su marido, llevándola a la orilla del sillón, acomodándola sobre el brazo del mismo para ahí volverla a penetrar, con fuerza, a plena vista y alcance de su marido, quien seguía disfrutando de la imagen a la vez que se masturbaba.
La giré para ponerla patitas al hombro, disfrutando la penetración en ése ángulo, disfrutando como ella contemplaba a su marido con un semblante de goce y reconocimiento a la oportunidad de disfrutar con otro macho.
La coloqué de perrito de nueva cuenta, frente a él, llevándola a un momento donde la lujuria del cuckold se desbordaba, besándose mientras la penetraba, para luego darle su verga en la boca, estallando casi de inmediato, con ella tragando su leche a la vez que su orgasmo llegaba de forma intensa, con una humedad que recorrió mis huevos, permaneciendo quietos los tres, tomando aire, haciendo el espacio para que ellos se besaran apasionadamente.
Él se desprendió para limpiarse, acomodar sus ropas y prepararnos un trago, mientras ella, golosa, se prendía de mi verga para chuparla, preguntando si le iba a dar leche, a lo que respondí afirmativamente y brindamos, con ella acomodándose en el sillón, abriendo las piernas en clara invitación a reanudar la faena, dándole la verga hasta el fondo de un sólo golpe, en un gemido lujurioso que se extendió a la vez que incrementaba el ritmo, conmigo chupando sus tetas, acariciando su cuerpo mientras se sucedían los orgasmos, llegando al punto en el que ella arqueo su espalda para dejarme pleno control sobre su vulva, sacando a la mitad para girarla en su interior, sacándola para tallar la cabeza en su vulva y arrancarle un delicioso squirt que me bañó ante el asombro de su marido, quien le decía que nunca la había visto así de puta, situación que aproveché para con el extra de lubricación, tomarla por el culo, deslizando mi verga lentamente, mientras ella se dedeaba y pujaba, presionando su vagina con los dedos medios, a la vez que se tocaba las tetas y se las apretaba.
Tenerla así fue delicioso, igual que girarla de perrito para que él se sentara, se sacara la verga y ella se montara en él, dándole una doble que le rompía el culo y la llenaba de placer por la pucha.
Tras un rico orgasmo, la giré de frente a mi, para montarla vaginalmente en la verga de su marido, a la vez que yo me iba introduciendo en el espacio que quedaba libre, lentamente, haciéndole la doble vaginal que habíamos platicado, permaneciendo quieto una vez llegué al fondo, dejándola disfrutar ése orgasmo de sentirse bien llena.
Permanecimos así unos instantes, mientras yo tomaba el control del bombeo, primero lento, para ir subiendo el ritmo, haciéndola gemir y venirse, con él apretando sus tetas mientras ella se sujetaba de mis hombros hasta que, de nueva cuenta, un orgasmo potente se dejo sentir en ella, haciendo venir a su marido, para yo seguir penetrando con fuerza mientras el pene de su marido se deslizaba hacia afuera, con los fluidos de su mujer mezclados en su semen escurriendo sobre él.
Así la fui penetrando hasta que me vine dentro de ella, mezclando el placer de todos en una mezcla que la hizo incorporarse sobre el sillón, conmigo sosteniéndola, para llevar su vagina a su marido, quien chupó y limpió a su mujercita, quien como buena puta le entregaba lo recibido a su hombre, a la vez que me masturbaba quitando la humedad de mi verga para llevarla a su boca y embarrarse los pechos.
Nos sentamos y brindamos de nueva cuenta, intercambiando impresiones mientras la lujuria se daba una pausa porque seguimos cogiendo hasta que la mañana se hizo tarde y llegaba la hora de la comida.
Parejas, damas que deseen contactarme para una experiencia de sexo duro, manden mensaje con número de contacto.
Javier.
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