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LA SEÑITO
Por temas de trabajo, conocí una damita a la cual, paseando, me encontré en una plaza de la zona, a quien por la cortesía de la educación, saludé.
Iba con otra amiga, un poco mayor, a quien me presentó y, en la charla, se dio la confianza de que me recomendara para ayudar en un tema de tecnología.
Algo sencillo para algunos pero nada complicado, así que, teniendo el tiempo, fuimos a su casa tras despedir a mi amiga.
Ella, una dama ya mayor que, como se da en la actualidad, le da por el ejercicio y mantenerse en forma, así que sin ser algo espectacular, se le nota el ejercicio, bajita, delgada, con pantalón entallado y una blusa suelta que resaltaban su figura.
Llegamos y me pasó al estudio, dónde tiene su computadora, con libreros y un sofá.
Cosa de actualizar cierto software que le impedía iniciar sesión para comunicarse con sus hijos, que residen fuera.
Encendimos la computadora y fue necesario iniciar el navegador, que había quedado en la sesión anterior, guardada, abriendo un vídeo porno que hizo sonrojar a la señora, ofreciendo disculpas sin culpa, a lo cual respondí que no tenía tema, que era algo normal en estos tiempos, como quien juega fútbol.
Reímos y me ofreció beber algo, lo cual acepté, pensando que sería agua o refresco, más llegó con un six de cervezas, de las cuales destapamos dos mientras se descargaba la nueva versión y se instalaba.
Ella sacó el tema del vídeo, una pareja teniendo sexo casual, a la vez que se me repegaba con el pretexto de ver el avance.
La charla, ya saben, sexo sin culpa, precauciones para conocer gente, del tipo vainilla digamos, cosa que prendió a la dama, que de repente y sin más, entre repegones, "descuidadamente", me tocó la verga, preguntando si estaba caliente, a lo que respondí con un siempre, por lo que, ya sin pudor, se sentó en mis piernas, iniciando un leve faje que se interrumpió con la conclusión de la actualización y otra cerveza.
Con el pretexto de checar si el programa funcionaba, se paró y se empinó frente a la pantalla en clara invitación, a lo que sin más, me repegué sobando sus tetas a la vez que tallaba mi verga en sus nalgas y tocaba su sexo, desabrochando el pantalón para bajarlo a sus rodillas y prenderme de su trasero.
Besé sus nalgas y, con la tanga puesta, aspiré sobre su vagina, cosa que le prendió, así que bajé también la tanga y lamí su coño húmedo, llevándola al orgasmo mientras ella se sacaba la blusa y el brasier, sabiendo que íbamos a echar un buen palo.
Se sacó los tenis y terminé de desvestirla, contemplando ése culo que se me ofrecía, incorporándome para besarla de frente, mientras ella me sacaba la camiseta, besando mi cuello, pecho hasta llegar a mi cintura, sacando mi verga del pantalón y calzón para mamar con delicadeza, preguntando si me gustaba, a lo que respondí afirmativamente.
Me desnudé mientras ella me decía que normalmente no hacía eso pero que le había gustado y por la atención, educación, sabía que no contaría nada.
Cabalgó mi verga, disfrutando al metérsela ella sola, lentamente, para dejarse ir con un gusto que denotaba el placer de quien lleva rato sin disfrutar y se sabe libre, en control.
Tuvo sus orgasmos y me preguntó si todavía aguantaba, a lo que la empiné para darle duro de inició, hasta hacerla venir y, en el orgasmo, parar, tallando mi verga en su vulva o darle vueltas frotando su interior.
Así la hice venir varias veces hasta que me pidió pausa para ir al baño, acompañándola para hacer lo propio, jalándome ella para mamarme la verga mientras dejaba salir un evidente squirt que gozó a la par de hacerme orinar en ella, mojándose toda, en un placer que, según me dijo, descubrió en ése momento.
Regresamos al estudio, donde la senté en el sillón para penetrarla de misionero y de ahí cambiar de posiciones, girándola, levantándola, dándonos gusto y sacándole orgasmos hasta que le pregunté donde los quería y me dijo que adentro, sin problema porque está operada.
Así seguí hasta que me vine dentro de ella, sin pena, sin culpa, con todo el placer.
Chupó mi verga para limpiarla mientras se dedeaba, disfrutando del semen en su interior.
Destapamos una cerveza más y me invitó a comer, ya no digamos seguir cogiendo.
Sin pensarlo, hice una nueva amante a la que estaré visitando siempre que se pueda.
Parejas, damas, con gusto me presto a cumplir sus fantasías.
Recuerden dejar número de contacto.
Javier.
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