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Historias y Relatos Swinger

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DESPUES DEL JUEGO

La fiesta era algo inminente, sin importar el resultado del juego para quienes gustamos del sexo, por lo que solo era cosa de encontrar gente dispuesta y con quien se coincidiera en gustos, preferencia y circunstancias, derivadas del clima y la accesibilidad en las calles.


Luego de varias charlas en el chat, una pareja coincidió en todo conmigo, así que me dirigí al hotel y pedí habitación, coincidiendo con otra pareja en recepción.

Nos asignaron habitaciones únicamente divididas por el pasillo, sin saberlo, dejé que se adelantaran, por cortesía, así que al llegar a mi puerta, antes de siquiera insertar la llave en la cerradura, desde la suya, la dama me preguntó si venía solo.

El nerviosismo en ella era evidente, así como su excitación, una güerita de tipo fresón, chichona, nalgona.

Le respondí que esperaba una pareja que venía en camino, indicando que si gustaban, podía platicarlo con ellos para hacer algo grupal.

Respondió que nunca lo había hecho con otra persona pero lo iba a pensar, volteando a ver a su pareja, como pidiendo aprobación mientras me agarraba la verga por encima del pantalón a la vez que preguntaba si le podía mostrar.

Sin problema lo hice, sin importar que la puerta de la habitación estuviera abierta, así que primero me masturbó para luego hincarse y sacar un condón de su bolsa, para ponérmelo y darme una mamada rica, como quien cala la mercancía, a lo que luego de unos minutos, evidentemente caliente, me dijo que lo pensaría, a lo que acomodé mis ropas, y salí, recibiendo el mensaje de la pareja que esperaba, indicando el número de habitación, dos pisos arriba, a lo que subí, notando por los ruidos en los pasillos que la fiesta se vivía en pleno.

Al tocar la puerta me recibieron ambos, ella super guapa, cabello rizado en rojo, contrastante con su piel morena, jersey de la selección y minifalda corta, tipo porrista, que apenas cubría sus nalgas, figura exuberante, en excelente forma.

Sin dar lugar a mayor cosa que un saludo, ella me dio un beso fogoso, mientras su marido la cachondeaba, situación a la que me integré, retirando mis ropas mientras ella se daba gusto, masturbando y mamando las dos vergas.

La condujimos a la cama, quitándole el jersey y la tanga, ella seguía mamando mi verga, acomodada en 4, mientras él apagaba las luces, dejándonos a media luz con el reflejo de la película porno de la televisión, ligera contra la que se dibujaba en la habitación.

Con ella en 4, él sacó un condón pero no me lo pasó, se lo colocó y empezó a penetrarla hasta que se vino, para retirarse y pasarle un condón a ella, quien me lo colocó y me invitó a penetrarla, marcando el ritmo, diciéndole a su marido, "está grueso", gimiendo y disfrutando como la penetraba, subiendo el ritmo, a la vez que acomodaba a su marido para mamarle la verga.

La nalgueaba y le apretaba las nalgas, frondosas, deliciosas, haciéndola venir mientras me daba tiempo para estrujarle las tetas, a lo que ella correspondía arqueándose hacia atrás, exhibiéndose a su marido, en una de ésas, indicándome que la quería por el culo.

Así que de a poco le fui masajeando el culito, que evidentemente ya había preparado ella, así que sin más, apunté mi verga a su ano, entrando poco a poco entre sus gemidos, ajustando su piel a mi verga.

Una vez adentro, se olvidó de la verga de su marido y se empinó completamente para que empezara a bombearla, primero despacio y después con fuerza, haciéndola gemir y apretar las sábanas, con su marido encendido, absorto, masturbándose en plena contemplación.

Le di la vuelta y la puse patitas al hombro, siguiendo por el culo, cambiando sus piernas de un hombro al otro, de lado, mientras ella se daba dedo en la verija, parte placer físico, parte exhibicionismo, excitante.

En un momento, ella dijo que quería las dos vergas, preguntándole a su marido si le gustaba como le había abierto el culo, diciéndole que si se la quería meter así.

La respuesta fue obvia y lo acomodó boca abajo en la cama, con las piernas de fuera, sentándose ella en su verga, entrando en su culo con relativa facilidad, para luego levantar las piernas y tomarme de la verga, quitándome el condón y jalarme hacia su cuevita húmeda, por lo que le levanté las piernas, tallé mi pito en la su vulva para humedecerlo, y dejarme ir de un solo golpe, sacándole un grito que resonó en la habitación y en los pasillos.

Le di duro, intensamente, deleitándome con sus tetas mientras ella se abrazaba a mi, entregándose como una puta que sabe que está gozando de lo que no hay todos los días.

Parecía que a cada cambio de ritmo se venía, a veces intenso, a veces suave, alternado, además de que en cada cambio sacaba mi verga para tallarla en su vulva, humedeciendo su vagina hasta que estalló en un rico y húmedo orgasmo que no llegó al squirt pero fue generoso en humedad.

Se giró para quedar boca abajo sobre la cama, mientras él se incorporaba, preguntando qué tal su vieja, respondiéndole que además de estar buenísima era una buena puta que le gustaba de todo.

Sudorosos todos, nos secamos con papel mientras él nos servía unos tragos para refrescarnos y brindar, a la par de compartir un cigarro para relajar el pulso.

Ella se sentó en mis piernas, cachondeando, preguntando si de verdad se puede la doble vaginal.

Le respondí que sí, que de hecho, ella podía llevarla a su entero gusto, así que pusimos manos a la obra, acomodándonos ambos caballeros boca arriba en la cama, como en tijera, con ella sujetando ambas vergas, diciéndole a su marido las obvias diferencias entre mi verga y la suya, con el fin de humillarlo sino de excitarlo a partir de describirle las diferentes sensaciones que iba sin tiendo mientras se metía ambas vergas y las cabalgaba.

Disfrutaba la sensación y apretaba, sabiéndose en completo control, apretando y moviéndose en una nueva dimensión de placer que, para su marido fue la locura porque no aguantó más y se vino, dejándole ir la leche, misma que ella disfruto, lubricando su interior con las dos vergas adentro, hasta que la flacidez llegó a su marido y lo sacó de la jugada, retirándose para dejarla cabalgar mi verga mientras le preguntaba a él si le gustaba como le escurría la leche con la verga de otro adentro, si quería la leche de otro macho adentro de su mujer, encontrando respuesta afirmativa a sus cuestiones, llegando al punto de no retorno.

Con la leche escurriendo mis huevos, nos separamos, para darle a lamer mi verga y mis bolas, prometiéndole que la siguiente que probaría sería la mía, acomodándola boca abajo, observando como le escurría leche por la vagina, así que con mi verga la junté y se la metí con la punta, hasta el fondo, de un golpe, para bombear con fuerza, haciéndola gritar y gemir, diciéndole que era mi puta, y ella respondía que sí, que era mi puta y quería mi leche.

Cambiamos de posición y lugar tantas veces que, al tenerla empinada me llegó el espasmo que anunciaba mi venida, sintiendo ella que era el momento, levantando la cara, disfrutando mientras mi leche se derramaba en ella, con su marido a un lado, observando.

Una vez se terminaron mis palpitaciones, ella llamó a su marido y lo acomodó boca arriba para dejar que mi leche se vaciara en su boca, con él lamiendo, limpiando.

Me acerqué para darle mi verga en la boca, a mamar, limpiándola, agradeciendo el buen palo que le eché.

Una vez limpios los dos, besó a su marido en la boca y a mi en la mejilla, dando por terminado el encuentro, a lo que terminé mi trago mientras me vestía y nos despedimos.

Salí de la habitación relajado pero caliente, notando un puerta abierta más adelante, de camino a las escaleras, pensando que se había desocupado, al acercarme me encontré con una mirada de una dama, quien me hizo señas de brindis, a lo que respondí con el gesto correspondiente de quien no tiene copa en mano, a lo que una voz masculina me preguntó si gustaba una cerveza.

Respondí afirmativamente y me invitaron a pasar a la habitación, una pareja joven, ya algo tomados, relajados, en ropa interior, de físico regular, nos presentamos y, tras la pregunta de si iba solo, responder a lo que fui, encontré que les excitó el tema, con la dama tocándose el pecho, preguntando si aún se me paraba, a lo que respondí que sin problema, por lo que ella me agarró la verga sobre el pantalón, lo desabrochó y me la sacó para mamarla, mientras su acompañante se reía con morbo mientras cerraba la puerta y se sentaba en el tocador a observar, excusándose de que se le habían pasado las copas y ya no se le paraba, eso sí, sin dejar de tomar.

Ella parecía hipnotizada, quizá por la experiencia olfativa de la mezcla de fluidos del encuentro anterior.

De nueva cuenta me desnudé, con ella retirando las prendas que le quedaban, mostrando un cuerpo de mujer joven, firme, sin mayor uso, se podía decir.

En su evidente inexperiencia, se recostó en la cama y abrió las piernas, acercándose a horcajadas a mi verga, metiéndola sin más, a lo que correspondí moviéndome con energía, gozando de su abundante lubricación, bombeando con fuerza mientras sus gemidos subían de tono.

Él me decía que sin problema, que eran solo amigos y que habían entrado a descansar, seguir chupando, y ver si alguien le bajaba la calentura a su amiga.

Una vez quedó clara la situación, aproveché que la damita estaba caliente, pródiga y, evidentemente, dispuesta a aprender, así que saqué lo mejor de mi repertorio con un cuerpo que se entregaba al placer, con la energía de la juventud y la necesidad de conocer más.

En cada cambio de posición, de ritmo, frotaba mi verga en su vulva para incrementar su humedad, misma que estalló cuando la tenía empinada frente a la ventana que da al estacionamiento, mirando hacia afuera, sin pudor ni pensar en el qué dirán.

Se vino en un  squirt abundante que mojó mi verga, piernas, los huevos, el piso, por lo que la sostuve y la llevé de nuevo a la cama, dónde seguí penetrándola hasta sacarle un nuevo y más abundante chorro.

Pidió una pausa para ir al baño, diciendo que nunca había cogido tanto, mucho menos así, que se sentía cansada, por lo que le dije que si quería descansar, sin problema, a lo que su amigo dijo que también ya no daba más luego de que estuvieran caminando desde la tarde en uno de los fan fest, por lo que me regaló otras dos cervezas y me despedí, dejándolos en su habitación tras vestirme.

Llegué a mi habitación, abrí la puerta y escuché que se abría la del otro lado, siendo la güerita, desnuda, con su bolsa en mano, luciendo sin pudor su cuerpo exuberante, chubby, cerrando, diciendo que no se quería quedar con las ganas, cruzando a mi habitación, entrando con la evidente complicidad de su acompañante, mencionando que no me  preocupara.

Me sacó la verga para ponerme un condón y, de nuevo, fuera ropa, a gozar de la fiesta.

Me chupó muy rico y me dijo que la tengo gruesa, que quería justo una así, ante lo que la incorporé, con ella empinándose en el tocador frente al espejo para que se la metiera, y lo hice, con fuerza luego de frotar mi pene en su vulva, sacándole un gemido fuerte, bombeando con fuerza mientras ella subía su pierna derecha al tocador.

Así la iba bombeando, estrujando sus tetas, nalgas, palmeando con fuerza sobre sus glúteos.

Tras una serie de orgasmos me pidió tregua, diciendo que no tenía mucho tiempo, a lo que le ofrecí una cerveza, diciéndole que se relajara.

Así sucedió y de nuevo me mamó la verga, los huevos, ahora en la orilla de la cama, donde la recosté y, patitas al hombro, le di duro, haciendo el repertorio de cambios que amerita tal posición, para luego cogerla de cucharita mientras sobaba sus tetas y acompañaba las embestidas con sus dedos en la vagina, masajeando su clítoris.

Me dijo que la quería en el culo, a lo que sacó un nuevo condón y un tubito de lubricante que untó en mi verga con el nuevo condón para metérsela de misionero.

Evidentemente ya lo había hecho así en la misma velada, por lo que no hubo mayor pausa para bombearla con fuerza mientras se masturbaba, metiendo sus dedos en su vagina hinchada, rosada por el placer previo.

Así le di hasta que el orgasmo final llegó, arqueando su cuerpo mientras se agarraba la vagina y las tetas con fuerza,

Me dijo que quería probar mi leche, así que me quitó el condón, mamando y jalando hasta que recibió mi venida en la boca, dejando escurrir la leche que no tragó, desde sus labios hacia abajo.

Así sin limpiarse, con mi leche escurriendo, sacó su teléfono para enviar un mensaje a su acompañante, indicando que ya le podía abrir la puerta, saliendo como llegó, cruzando el pasillo desnuda, escurriendo mi leche.

Me di un regaderazo y procedí a descansar un poco, repasando la velada mientras la luz del día ya había dejado atrás el amanecer.

Parejas, damas, gustosas del sexo, manden mensaje con forma de contacto, ehatsapp de preferencia para contacto rápido.

Javier.



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