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Historias y Relatos Swinger
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Con mi primo Rafael de 57 alos
La noche del 4 de abril
Estábamos en la reunión familiar en casa de mis papás. Había un chingo de gente, comida, música y todo. Mónica se veía bien pinche buena con ese vestido beige ajustado que le marcaba las tetas grandes y ese culo blanco, redondo y jugoso que traía. Yo desde temprano vi cómo mi primo Rafael no le quitaba los ojos de encima. Le veía el culo cada vez que ella se agachaba y cuando platicaban se le iban los ojos a las tetas.
Le dije a Mónica en voz baja:
—Oye, mi primo te está comiendo con la mirada, eh.
Ella se rio y me dijo que eran ideas mías. Pero al rato se me acercó al oído toda sonrojada y me dijo:
—Tienes razón… sí me está mirando mucho. Me está coqueteando.
Me puse bien cachondo y le dije:
—Pues vamos a jugar, amor. Coquetéale tú también a ver qué pedo.
Mónica sonrió con esa cara de puta que me encanta y empezó el juego. Se le acercaba más, le tocaba el brazo, se reía de todo y se inclinaba para que él le viera bien las tetas. Rafael al principio se puso nervioso pero luego ya le seguía el rollo sin disimulo.
Ya bien noche se acabaron los refrescos. Rafael dijo que iba a comprar más y yo le dije a Mónica:
—Ve con él, acompáñalo.
Ella me miró con ojitos bien calientes y se fueron en la camioneta de Rafael.
En la camioneta
Apenas doblaron la esquina, Mónica ya le puso la mano en el muslo y le dijo:
—¿Por qué me mirabas tanto, primo?
Rafael le contestó ronco:
—Porque estás demasiado buena, Mónica… no podía dejar de verte.
Eso fue todo. Mónica se le echó encima, le metió la lengua y empezaron a fajarse bien rico. Rafael le subió el vestido y le agarró ese culo blanco con las dos manos, apretándolo y nalgueándola mientras se besaban como animales.
Mónica le bajó el cierre, sacó la verga (estaba bien gruesa y grande) y se la metió a la boca sin pensarlo. Le estaba mamando con ganas, bajando hasta el fondo, baboseándola toda mientras Rafael manejaba y gemía.
—Qué puta estás… —le decía él.
Llegaron a un lugar oscuro, Rafael paró la camioneta, reclinó el asiento y Mónica siguió chupándosela con todo, sacando las tetas y frotándoselas en la verga.
Rafael ya no aguantó más. Le quitó las bragas, la sentó arriba y Mónica se dejó caer despacito, metiéndose toda esa verga hasta el fondo.
—Ay, Rafael… qué verga tan rica tienes… —gemía mientras empezaba a cabalgarlo duro.
La camioneta se movía toda. Rafael le agarraba el culo con fuerza, le daba nalgadas y le chupaba las tetas que le rebotaban en la cara. Luego la puso en cuatro sobre el asiento, le levantó el vestido y se la metió bien fuerte por atrás.
—Cógeme duro, primo… ¡así! —le pedía Mónica.
Ella se corrió temblando toda, apretando la verga con el coño. Rafael siguió cogiéndola más rápido hasta que gruñó y se le corrió adentro, llenándole todo el coño de leche caliente.
Se quedaron un rato jadeando. Mónica se dio la vuelta, le limpió la verga con la boca y le dijo sonriendo:
—Esto no se va a quedar solo en una vez…
Rafael le dio una nalgada fuerte y le contestó:
—Cuando quieras, prima. Ese culo y ese coño ya son míos.
Compraron los refrescos y regresaron. Mónica llegó con las mejillas rojas, el pelo medio revuelto y una sonrisita de “acabo de coger”. Yo solo de verla ya sabía que había pasado algo bien cabrón… y cuando llegamos a la casa me contó todo con lujo de detalle mientras me la cogía pensando en la verga de mi primo.
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