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EXHIBICIONISMO CUCKOLD
Llegué al club pasada la medianoche, el lugar estaba a reventar, así que el único lugar donde me pude acomodar fue en un banco alto junto a una mesa, en la esquina del fondo, donde estaba una pareja, al parecer recién llegados.
Platicaban de que estaba al full y en los cuartos no se podría hacer nada.
Él, simpático, ella, una ama de casa moderna, de físico cuidado, en sus cuarentas.
Les trajeron sus copas y brindé con ellos, a manera de saludo, mientras observaba la acción y las damas, mientras me tocaba la verga sobre el pantalón, acción al nivel de los ojos de ella, que no dejaba de verme, así que, cuando nuestras miradas se cruzaron, sin más, me saqué la verga.
Ella no se incomodó, por el contrario, la tomó con una mano y empezó a masturbarme, ante la mirada complaciente de su marido.
Se incorporó para quitarse el vestido y dejar caer su tanga, quedando desnuda, iniciando un faje que la tenía tallándose la vagina en mi verga mientras nos besábamos y yo le metía mano, muy rico.
Me quitó la camiseta y el pantalón, mamando golosa mientras las miradas de quienes notaron la acción se centraban en lo que hacíamos.
La incorporé y la puse frente al ventanal, dándome la espalda, para meter mi cara entre sus nalgas y chuparla sabroso.
Con dedos y lengua la hice gemir hasta que se vino, soltando un rico grito que hizo que, quien no nos notaba, volteara la vista, sintiéndose un cambio en el ambiente, lujuria y morbo puro.
Así como estábamos, ella me jaló para penetrarla, suave al principio y, una vez acoplada, le di duro, sabiendo que pocas veces se puede uno mostrar así, a la luz de la pista de baile y las pantallas.
De nueva cuenta, se vino, sin pudor, gritando y jadeando, dándose la vuelta para subir su pierna a una silla y así la volví a penetrar.
Nos besábamos y chupaba sus tetas, olvidándonos de lo que había alrededor.
Luego de un orgasmo, con asistencia de su marido, la recosté sobre la mesa y la volví a chupar, con ella tomándome por la nuca, en una imagen que la dejaba ver como toda una puta, excitada, roja, con los pezones súper duros.
Mi rostro, mojado, con el sudor y sus jugos, abundantes luego de una nueva serie de orgasmos.
Se la metí otra vez, ahora de un empujón duro, fuerte, soltando un quejido fuerte, señal de que se venía, así que empujé duro hasta que puso sus ojos en blanco, poseída por el placer mientras se venía, conmigo tallando la cabeza de mi verga en sus cada vez más abundantes jugos, para luego embestir de nueva cuenta para llevarla al orgasmo y repetir la operación, así varias veces hasta que su orgasmo fue tan abundante que nos mojó.
El mantel empapado, el piso mojado y la gente viendo, gozando el espectáculo.
Aprovechando la lubricación, coloqué mi verga en la entrada de su culo, levantando sus piernas mientras ella se masturbaba.
De a poco fui deslizando mi verga hasta el fondo, mientras ella no dejaba de tocarse, incrementando el ritmo del vaivén hasta que, de nueva cuenta, se vino, chorreando y escurriendo.
Se incorporó para apoyarse en el respaldo de la silla del frente, dónde entre complicidad y excitación, la pareja ocupante la acarició con la mujer poniendo la verga de su marido para que ella mamara, y así lo hizo conmigo bombeando fuerte, duro, orgasmo tras orgasmo, sin detenerme hasta que, intuyendo el final, ella pegó sus caderas a las mías, diciendo que le diera mi leche, cosa que hice, con ella disfrutando como palpitaba mi verga en su interior.
Se sentó y me limpió la verga con una rica chupada, besando a su orgulloso cornudo, mientras las damas alrededor estaban entre sorprendidas y atónitas.
Se secó la humedad del cuerpo y se puso su tanga, conteniendo mi leche en ella, mostrando la humedad como trofeo.
Nos despedimos y se fueron, mientras yo me acomodaba la ropa.
Caliente, extasiado, continúo la velada luego de refrescarme en el lavamanos.
Parejas, damas, manden mensaje con número de contacto.
GRACIAS POR LEER.
Javier.
Javier.
Se puso su vestido, brindamos y se despidieron
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