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Trio en el motel
Era una noche calurosa en Aguascalientes, a pesar de la hora tardía. Luz, mi esposa y yo, habíamos planeado cada detalle con semanas de antelación. Alex, su amante, hacía que Luz se emocionara cada vez que lo mencionaba, ellos llevan mucho tiempo viéndose a solas, hemos compartido los tres sólo una vez, pero nos quedaron ganas de vernos más y con más tiempo. Yo no sentía celos; sentía un fuego que me quemaba por dentro, una excitación al imaginarla entre los dos.
Luz y yo llegamos al bar poco después de las nueve. El bar se ubica al norte de la ciudad, por una avenida conocida como la Colosio, para los que no conocen Aguascalientes, en esa calle hay algunos bares y restaurantes de prestigio, fuimos a uno que se llama cantina la México. El lugar tenía esa luz tenue, el aire olía a tequila reposado, comida y perfume de los clientes. Luz llevaba un vestido negro corto, ceñido que marcaba bien su figura, a pesar de su edad se sigue conservando en forma, no tiene kilos de más, mucho Gym y cardio, con un escote que dejaba ver el inicio de sus pechos que no son grandes, pero siguen en su lugar. Cuando llegamos ya estaba él ahi, Luz se sentó entre Alex y yo en una mesa apartada, sus muslos rozando los nuestros bajo la mesa de madera. Pedimos shots de mezcal, ella pidió una margarita, pronto el vapor del licor nos llenó la garganta y el pecho, aflojando cualquier resto de inhibición.Hablamos poco al principio. Luz reía tocando el brazo de Alex, luego el mío. El alcohol nos calentaba la sangre; fueron varias rondas, luego sus dedos encontraron mi entrepierna por encima del pantalón, apretando con suavidad mientras miraba a Alex con ojos oscuros. También tocaba a él sobre la ropa “¿Listos para irnos?”, susurró. Asentimos al unísono. Pagamos y salimos al aire que a pesar del calor del día se sintió fresco, caminando rápido hacia carro, nos dirigimos al poniente, a la salida a Calvillo hay un motel nuevo que se ve bien, el motel que habíamos elegido con anterioridad visitando su página es discreto, con habitaciones temáticas y un tubo de baile en la suite principal.
Yo manejaba y en el asiento de atrás venía mi mujer con Alex, los veía por el espejo que se estaban dando tremendo faje, los besos prolongados y caricias fueron todo el trayecto por segundo anillo o avenida Aguascalientes, las manos se perdían bajo la ropa y se escuchaban los gemidos de cuando el besaba su cuello.
Al entrar al motel, el aroma nos envolvió de inmediato: incienso y un leve toque de desinfectante cítrico. Las luces eran tenues, rojas y violetas, proyectando sombras largas en las paredes. El tubo brillaba plateado bajo un foco central, y la cama king estaba cubierta de sábanas blancas satinadas que crujían al rozarlas. Había un sillón de cuero ancho frente al tubo. Prendí el aire acondicionado a 24 grados
Luz nos miró con una sonrisa. “Siéntense ahí”, ordenó a ambos, señalando el sillón. Alex y yo nos volteamos a ver y obedecimos, el cuero fresco pegándose a nuestras espaldas.
Ella busco en su teléfono un reggaetón lento. Comenzó a moverse alrededor del tubo, sus caderas ondulando. Se quitó los tacones con lentitud deliberada, los arrojó hacia nuestros pies, vi a Alex que estaba muy atento a cada movimiento de las nalgas de mi esposa. Luego, sus manos subieron por sus costados, recogiendo el vestido hasta dejar al descubierto la tanga de encaje negro y su sosten. Sin dejar de bailarnos sensualmente se quitó el vestido, éste cayó al suelo.
Se acercó bailando, rozándonos con las yemas de los dedos. Se quitó el sostén: sus pechos se liberaron, los pezones ya duros por la anticipación de lo que venía, por el faje del camino y el aire acondicionado. Finalmente, la tanga bajó por sus piernas morenas, revelando su sexo depilado, brillante de excitación bajo las luces, su vulva es cerrada, solo una línea dibujada por sus labios
Nos bailo unos minutos, algunos ratos se ponía en cuclillas separando sus labios con los dedos, otros se apoyaba en el tubo mientras movía su trasero en nuestra dirección, se mojaba los pezones con los saliva mientras jugueteaba con ellos. Mi esposa es instructora de Zumba, así que sabía mover su cuerpo de forma sensual y rítmica.
No aguantamos más. La atraje hacia el sillón; se sentó en Alex dándole la espalda y el disfrutaba agarrándola de las caderas mientras ella se meneaba sobre él, luego la tomó por los senos y siguieron moviendose. Me levanté y me quité la ropa apresuradamente, volví al sillón ya sin nada, ella se sentó a horcajadas en mi, su humedad caliente se abrió, le frote su vulva y estaba realmente mojada, hacia hilitos al retirar los dedos. Alex se colocó detrás, besando su cuello, sus manos grandes cubriendo sus pechos, jugueteando con los pezones hasta hacerla gemir. La penetré primero, deslizándome dentro de ella con un solo movimiento lento; estaba tan mojada que entré hasta el fondo sin resistencia. Luz soltó un “¡sí!” y un leve gemido, comenzó a mover sus caderas, sus uñas clavándose en mis hombros mientras cabalgaba con fuerza. El sillón crujía.
Cambiamos de posición varias veces: a cuatro patas en el sillón, yo detrás embistiendo profundo mientras se la mamaba a Alex, ya les he dicho que tiene él tremenda verga, mide unos 23 o 24 cm algo muy poco común, es muy gruesa, las veces que he visto que se la mama batalla para que le entre el glande en la boca; luego nos fuimos a la cama, ella encima de mí, mientras se la seguía mamando a él, moviéndose en círculos mientras Alex jugaba con sus pechos y yo con sus nalgas. Sus primeros dos orgasmos llegaron rápido: el primero la hizo temblar encima de mí, un grito ahogado y sus paredes contrayéndose en espasmos calientes; el segundo, cuando Alex la penetraba en misionero y yo le frotaba el clítoris, y le chupaba los pezones, fue más intenso, un gemido largo, su cuerpo arqueándose como si recibiera una descarga eléctrica. Nunca me he explicado como mi esposa siendo delgada y de estatura promedio le cabe semejante verga, él mismo la primera vez le dijo que pensó que no le iba a caber toda, ellos llevan cogiendo más de 7 años, por lo que no usan condón.
Entonces Luz tomó el control. Se levantó de la cama, el sudor brillando en su piel bajo las luces. “Quiero que me la metan de pie”, dijo con voz suave. Se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en el borde de la cama, poniéndonos el culo como ofrenda. Alex se colocó detrás de ella, agarrándola por las caderas con fuerza. Yo me puse frente a su boca, recostandome en la cama para que pudiera "trabajar" sin problemas
Alex entró en ella con un empujón firme; Luz soltó un gemido largo y gutural, su cuerpo balanceándose hacia adelante con cada embestida. Mientras Luz me daba una felación sin usar las manos se escuchaba el sonido de las caderas de Alex chocando contra el culo de mi esposa, el rechinido de la cama bajo sus codos, sus jadeos entrecortados. Mientras Alex la penetraba con ritmo constante y profundo. Sus labios se cerraron alrededor de mí verga, calientes y húmedos, su lengua girando en la punta antes de tragarselo casi entero, cada empujón que él le daban hacia que se le fuera más profundo por la garganta. Gemía alrededor de mi verga cada vez que Alex la embestía más fuerte, sentí las vibraciones subiendo por mi columna como electricidad.
Ella sabía exactamente cómo llevarme al límite. Movía la cabeza con ritmo, succionando con fuerza, una mano acariciando mis huevos mientras la otra se apoyaba en la cama para no perder el equilibrio. Alex seguía metiéndole toda la verga detrás de ella, sus embestidas volviéndose más rápidas, más salvajes. “Me vengo… puta que mojada estas, Luz… lucecita mía”. Ella aceleró el movimiento de su boca en mí al mismo tiempo.
Alex llegó primero, un gemido y se la empujó hasta el fondo quedándose casi quieto, vi cómo su cuerpo se estremecía contra el de mi esposa mientras eyaculaba dentro de ella, Luz se sacó mi verga de la boca y gimió junto con él, sintiendo como la llenaban de chorros calientitos, eso me calentó mucho, así duró unos momentos, sin moverse, luego lentamente se fue retirando, cuando se la sacó un chorro espeso escapó entre sus piernas, mojando los muslos de ambos, el se le quedó viendo así, como le escurría su semen, su vagina dilatada y sus nalgas abiertas mostrando su culito, ese culito que tantas veces había visto, una vez le dije a Luz, "De tanto que te pone de perrita ya conoce los pliegues de tu culo de memoria".
Pronto volvió a chuparmela, con ritmo y sin detenerse, ahora se ayudaba masturbándome con una mano sin sacársela de la boca.
Eso me llevó al borde. Agarré su cabello con suavidad, guiándola. “Me vengo, amor…”, le quité la mano con la que me masturbaba para que solo usará la boca. Luz no se apartó; al contrario, se la tragó más profundo, succionando con fuerza mientras yo explotaba en su boca. Chorros calientes salían de mí, ella tragando todo con pequeños gemidos de satisfacción, el semen empezó a escurrir pero no dejaba de hacer su trabajo. El sabor dulce y el calor de su lengua prolongaron mi clímax hasta que me quedé temblando.
Nos desplomamos en la cama revuelta, los tres jadeando, el aire espeso con olor a sexo, sudor y semen. Luz se giró hacia mí, sonrió con los labios hinchados y brillantes, y me besó suavemente.
Descansamos un rato, Alex le acariciaba el clítoris, pero ella se negaba, decía "¡No, ya no, fue muy fuerte!"
Nos levantamos y nos fuimos a bañar, ella enmedio mientras la enjabonamos los dos, ella nos lavó la verga al mismo tiempo, nos cambiamos y salimos del motel rumbo a la Colosio, dónde Alex había dejado su carro. Se despidió de mi con un saludo de mano y de ella con un beso de lengüita prolongado mientras le agarraba las nalgas. Luego les cuento cómo nos fue en el siguiente encuentro, porque sé que habrá más.
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