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EL AMIGO DE MI ESPOSA (Parte 2)

Al regresar no se sentó con nosotros, se acercó a mí y me dijo “tengo ganas de bailar” y acto seguido me pidió que me levantara a bailar con ella, cosa que hice. Bailamos una canción suelta y después bailamos una canción tipo banda, que se baila abrazados, y mientras lo hacíamos pude notar que ella repegaba su cuerpo al mío, y empezamos a acariciarnos y a besarnos hasta que me dice, “ahora voy a bailar con Luciano”.

Cuando yo me siento, ella se acerca a él y le dice “ahora me toca bailar contigo”, él voltea a verme con expresión de sorpresa y yo le respondo con una sonrisa diciéndole “lo que ella pida”. Al principio, Luciano mostraba cierta timidez y torpeza, pero rápidamente se fue acoplando en el baile con ella. Terminó una canción y ellos siguieron bailando otra y luego otra, mientras yo los veía y aumentaba mi excitación.

Ahí, frente a mí, estaba mi esposa y su amigo bailando, era música de banda y ambos cuerpos se movían unidos al ritmo de la música, abrazados los dos, el movía una de sus manos por la espalda de ella, recorriéndola totalmente, disfrutando al acariciar su espalda y acercándola cada vez más a su cuerpo, flexionando sus piernas para colocar una de ellas entre los muslos de ella, que respondía a estos movimientos acercándose más y más.

Por su parte ella correspondía evidentemente a los avances de él, repegaba su cuerpo al ritmo de la música al de él, que intensificaba ese roce y con sus manos ya recorría el cuerpo de Martha sin ninguna restricción. La mano que inicialmente acariciaba la espalda de ella, ahora bajaba libremente recorriendo, tocando, estrujando y disfrutando sus nalgas e incluso llegaba a acariciar sus muslos.

Luciano se estaba dando un banquete al bailar con mi esposa, la conexión entre ellos era evidente así como la excitación que estaban experimentando, él le empezó a hablar al oído y al principio ella solo se reía, pero luego algo le decía, que hizo que dejaran de bailar y nos sentáramos de nuevo los tres y con el pretexto de tomarnos otra cerveza, seguimos platicando.

Cuando Luciano fue al baño, le pregunté a Martha qué era lo que le decía al oído y su respuesta no me sorprendió, pero si me excitó mucho, me dijo que él le decía que tenía ganas de cogérsela y que si se iba a animar aún estando yo presente, y ella le contestó que lo invitamos para platicar y convivir un rato, por eso él fue el que le pidió sentarse para tomarse otra cerveza. Obviamente por mi mente pasó que cuando ella no quiso llegar a más, él pensó que tal vez tomando más ella se iba a animar. Y tal vez no estaba equivocado.

Seguimos platicando, continuaron los toqueteos y comentarios en doble sentido, y entre risa y risa nos tomamos otra cerveza. Fue el turno de Martha para ir al baño, y cuando regresó venía todavía subiéndose el short y lo dejó sin abrochar. Ya no se sentó con nosotros, sino que se quedó bailando frente a nosotros una rítmica canción. Verla moverse al ritmo de la música era toda una experiencia, pues ella destilaba erotismo y sensualidad, y más cuando empezó a jugar con el short, que hacía como que se lo quitaba y luego se lo subía de nuevo, hasta que terminó por quitárselo y quedar bailando frente a nosotros únicamente con la minúscula blusita que traía y un mini calzón con el que lucía super sexy.

A continuación, puso música de Los Tigres del Norte, y me invitó a bailar, mientras lo hacíamos podía notar su estado de excitación, su forma de bailar denotaba ganas de contacto físico y más cuando me dice al oído, “ando bien caliente” y yo le contesté “se te nota”, a lo que ella soltó una carcajada y nos fundimos en un beso seguido de caricias e incluso ella tomó mi verga por encima del pantalón mientras seguíamos bailando, aumentando las caricias y lo excitante de la situación, porque como ya mencioné anteriormente ella solo traía puesto un pequeño calzón y una blusita que apenas le tapaba sus pechos, y mas bien se los resaltaba.

Después de bailar una canción, me dice con una pícara sonrisa “ya siéntate, yo voy a seguir bailando sola a ver si Luciano se levanta y baila conmigo”, y dicho y hecho, al yo sentarme Luciano lo tomó como una invitación y rápidamente le dijo a mi esposa “ahora me toca a mí”. Y pues ya se han de imaginar, ese baile fue cachondeo puro, el contacto de sus cuerpos era total, sin ninguna inhibición y mientras ella lo abrazaba siguiendo el ritmo de la música, el no desaprovechaba y recorría con sus manos el cuerpo de ella, ya sin ninguna restricción.

Tocaba libremente las hermosas nalgas de mi esposa, acariciándolas y estrujándolas a placer, ya que el calzón que ella traía puesto era de tamaño minúsculo, más cercano a una tanga, de la misma manera pasaba una de sus manos sobre los pechos de ella, en ocasiones por encima de la blusa y también por debajo, tocándolos libremente. La pierna de Luciano la movía y con su muslo acariciaba la parte íntima de ella, que emitía de vez en cuando unos ligeros gemidos mientras se abrazaba con mayor fuerza al cuerpo de él.

En algunos momentos él tomaba la mano de mi esposa y la dirigía para que le agarrara el pene por encima del pantalón, como lo había hecho conmigo, al principio ella mostraba cierta resistencia, pero después de varios intentos logró que ella se lo agarrara e incluso se lo acariciaba, pero como lo mencioné, por encima del pantalón.

Así estuvieron durante varias canciones, hasta que poco a poco él la acercó a la cama, porque recuerden que estábamos en la habitación de un motel, suavemente la recostó sin ninguna resistencia de parte de ella, pero eso sí, ella le decía que no, que en la cama no, pero mientras le decía que no, sus palabras se entrecortaban por los gemidos de placer que ella emitía.

Entonces, Luciano se colocó encima de Martha… (Continua en parte 3).



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