Sitio exclusivo para adultos · Comunidad privada · El NO se respeta

Historias y Relatos Swinger

historias reales de nuestros usuarios

Historias y Relatos Swinger

Conoce las historias calientes de nuestros usuarios.


EN LA ALBERCA CON MARIO Y SU AMIGO (parte 2)

Tanta fue mi insistencia, que al fin Martha aceptó meterse, no sin antes condicionar “esta bien, me voy a meter, pero un ratito nada más y nada de querer dar espectáculo”, y con tal que se metiera acepté. Mientras ella se quitaba la ropa, yo veía de reojo a Mario y a su amigo, y fue cuando me di cuenta que no estaban tan tomados, porque no perdían detalle viendo a mi esposa desnudándose. Tal vez yo era el más borracho porque mi excitación aumentó y más cuando ella quedó solo con calzón, más bien con mini calzón porque era tipo tanga y le cubría solo el triángulo delantero, visto desde atrás todas sus nalgas se podían apreciar espléndidamente, y antes de meterse a la alberca verla caminar sobre el borde luciendo y mostrando sus atributos era algo simplemente irresistible.
Yo estaba extasiado admirando tanta belleza, y Mario y su amigo estaban como hipnotizados siguiendo cada uno de sus movimientos hasta que ella se sentó en una orilla y entró a la alberca. Lo primero que me dijo fue “debo de estar loca para haberte hecho caso”, pero aunque ella lo negaba, yo sentía que le había gustado ser vista y deseada. Después de un rato de estar los dos platicando en la alberca y tocándonos discretamente, intenté besarla e incrementar mis caricias, pero ella no aceptó, recordándome que le había prometido no dar espectáculo.
Pero yo seguí insistiendo y diciéndole que no importaba, que ellos estaban en su rollo y que nosotros podíamos hacer lo que quisiéramos. Ella seguía firme en “no dar espectáculo”, según sus palabras, pero poco a poco su resistencia fue cediendo y después de otra cerveza, ya estábamos trenzados besándonos y acariciándonos sin fijarnos en nada. Intenté quitarle el calzón para penetrarla, pero seguía sin aceptar y me decía “no, el calzón no, no me lo quites” y me decía “¿qué van a pensar ellos?” y yo le seguía diciendo que ellos no se estaban fijando en nosotros, pero la realidad era que estaban atentos a cada uno de nuestros movimientos. Y eso en lugar de desanimarme, más me excitaba y más me invitaba a seguir adelante.
Yo seguí insistiendo, hasta que ella me dice, “está bien, pero no me quites el calzón” entonces la acomodé, hice a un lado el pedazo de tela que me impedía avanzar y se la metí. “No te muevas mucho, para que no se den cuenta” me decía, y yo con mi herramienta en su interior trataba de no moverme, de reojo volteaba y veía a Mario y a su amigo viéndonos a placer.
Después de un rato, yo les hago una seña y los invito a meterse a la alberca. Ella respinga y me dice “no, estas loco, como se te ocurre” pero no hace nada para evitarlo. Solo Mario se levanta, se desnuda y se mete a la alberca. Ella al principio me abrazaba y no quería soltarme, pero poco a poco fue soltándome y entre plática y plática empezó a aceptar algunas caricias de Mario. El al principio lo hacía tímidamente, pero después de un rato y viéndonos a nosotros tan deshinibidos, empezó también a acariciar a Martha sin recato y ella ante sus avances no opuso resistencia.
Unos momentos después, Martha se alternaba conmigo y luego con Mario para besos y caricias, hasta que él la agarró, la colocó de espaldas quedando ella frente a mí y empezamos a besarnos, mientras él separaba sus piernas, hizo a un lado el calzón y le metió la verga. Así que mientras yo la besaba, él se la cogía. Y yo podía sentir cada embate que él le daba, yo la detenía para que él pudiera penetrarla. Estuvimos así y en otras posiciones, no supimos que tanto tiempo pasó, hasta que el amigo de Mario se metió a la alberca.
El simplemente se colocó cerca de nosotros tres, entre Mario y yo teníamos a Martha, o Martha nos tenía a nosotros a su disposición, el caso es que los dos teníamos todos nuestros sentidos concentrados en darle placer a ella, que por los gemidos y expresiones que emitía, era evidente que lo estaba disfrutando.
El amigo de Mario, simplemente nos veía de cerca, hasta que presa de excitación le cedí mi lugar. Me hice a un lado y empujándolo suavemente hice que tocara el cuerpo de Martha, así lo hizo y después de unos momentos eran Mario y su amigo, quienes estaban disfrutando de Martha, o debería decir, era Martha la que disfrutaba de los dos. Ya que al acercarse el amigo de Mario, empezó a acariciar a Martha y después empezó a besarla intensamente.
Los gemidos de Martha aumentaron y hasta Mario se sorprendió cuando su amigo la jaló y empezó a acariciarla. Martha estaba fuera de sí, sus movimientos eran de lujuria total, sus gemidos se convirtieron en gritos de placer y Mario y yo, observando cómo la tomaba su amigo. Después de unos momentos en que quedamos inmóviles observando la escena, reaccionamos y los tres empezamos a acariciar y a besar a Martha donde podíamos y como podíamos. En un movimiento de ella por un cambio de posición, veo que traía algo en el tobillo de uno de sus pies, me acerco y al tomarlo, me doy cuenta que era su calzón, la prenda que tanto había defendido para que no se la quitáramos ahora la tenía entre mis manos y ella estaba totalmente desnuda en medio de nosotros tres.
Lo que siguió fueron momentos de lujuria y desenfreno total, ella intercambió posiciones sin distinción con los tres. El tiempo dejó de importar, lo único que importaba era el placer que ella experimentaba y que indudablemente estaba disfrutando, hasta que Mario dice “ya va a amanecer”. En ese momento ella deja de besar al amigo de Mario y aún con la herramienta de Mario en su interior, me toma de un brazo interrumpiendo mis caricias sobre sus pechos para decirme entre jadeos “nos tenemos que ir, ya es muy tarde”.
Los cuatro reaccionamos de manera automática y rápidamente, dejamos de hacer lo que estábamos haciendo y ella me dice entre apurada y preocupada “mi calzón, ¿dónde esta mi calzón? Ya nos tenemos que ir”. Después de dárselo, rápidamente se lo pone, los cuatro salimos de la alberca y después de una breve despedida nos fuimos a nuestra casa. Fue tan breve la despedida, que Martha no alcanzó a cambiarse y solo se puso mi camiseta interior, tomo sus ropas con la mano y así salió.



Regístrate y conoce mas historias