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Historias y Relatos Swinger

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EN LA ALBERCA CON MARIO Y SU AMIGO

Fue un sábado por la noche, otra vez un sábado, mi esposa Martha y yo, salimos a cenar con otras dos parejas de amigos y después de la cena nos fuimos a un bar a tomarnos algunas cervezas. Todo transcurrió con normalidad y el ambiente en el local era muy bueno. Martha iba vestida con pantalón de mezclilla y una blusa muy escotada, que la hacía verse espectacular y sus senos parecía que iban a salirse en cualquier momento. Eso le daba un toque de excitación al momento, ya que llamaba la atención a quien la viera.
Uno de los que no perdía la ocasión de estar viendo a Martha era el mesero que nos atendía, que no podía disimular ni desviar su mirada de ella. Yo me percaté de ello y le comenté a Martha, quien solo sonrió y me contestó que no se había dado cuenta. Y tal vez no se había dado cuenta, porque después de mi comentario, cada vez que se acercaba el mesero ella le sonreía y se movía para que la viera mejor, incluso se inclinaba un poco para aumentar el escote.
Así fue pasando la noche y entre cerveza y cerveza, más me excitaba la idea de saber que mi esposa le estaba coqueteando al mesero, ella se daba cuenta de lo que yo veía y más lo hacía, aumentando mi excitación. Cabe aclarar que en ocasiones anteriores era yo quien le decía a ella que se soltara más y que fuera más coqueta, pero ella siempre me decía que no le gustaba exhibirse de esa manera, por eso es esta ocasión que ella lo estaba haciendo, me estaba dando gusto, pero más gusto me daba a mí ver cómo ella también lo estaba disfrutando.
Ya eran cerca de las doce de la noche, cuando llegan a mi teléfono algunos mensajes por whatsapp, era nuestro amigo Mario, quien me decía que estaba en una reunión con algunos amigos y que nos invitaba a pasar un rato. A mi entender Mario ya estaba algo tomado, porque su insistencia era mucha y había empezado su reunión desde las seis de la tarde, le dije que estábamos también nosotros en una reunión, pero que saliendo me comunicaba para ver si todavía estaba en el lugar, y en eso quedamos.
El ambiente en el bar donde estábamos era muy agradable, pero una pareja de nuestros amigos se tenía que ir temprano, así que después de las doce decidimos salir e irnos cada quien a su casa. Esa era la idea, incluso no recordaba los mensajes de Mario, pero justo cuando íbamos saliendo en nuestro carro, suena mi teléfono avisando de un mensaje entrante, lo veo de reojo y Martha me pregunta “¿quién es?” le respondo que es Mario y me pregunta que si qué quiere. Le digo que está en una reunión con amigos de él y que nos invita a pasar un rato.
Lo que ella me contesta es que ya es muy tarde y que no se le hace prudente ir a esa reunión donde solo conocemos a Mario, pero al mismo tiempo yo noto una chispa de excitación en su mirada y sin tener la intensión de ir le propongo que vayamos, lo saludemos y dependiendo del ambiente nos tomemos una o dos cervezas con él. Yo pensaba que me iba a decir que no, y en primera instancia eso hizo, “no, estas loco, como crees…” pero después como que lo pensó de nuevo y con ese brillo en su mirada me dice, “aunque podemos ir un momento, como tu dices, saludamos y nos vamos”.
“¿Y donde es?” me pregunta, a lo que yo le tuve que decir que no sabía, que no me había pasado la dirección y que tal vez ya estaba un poco borracho, y su respuesta fue “mejor, así no va a querer que nos quedemos mucho” e inmediatamente me dice “pídele la ubicación”. Después de que le pedí y me envió la ubicación, partimos hacia ese lugar, batallamos un poco para dar con él pero al fin llegamos. Al entrar, ya solo quedaban unas cinco personas y ya se estaban despidiendo, después de algunos minutos el lugar quedó casi vacío, solo Mario, su amigo, que era el dueño del local, y nosotros.
Lo que no nos dijo Mario es que el local era una sala de fiestas con alberca, era una alberca chica pero muy agradable. Y tal como lo teníamos planeado nos sentamos los cuatro alrededor de la alberca y destapamos una cerveza. Nosotros ya nos habíamos tomado varias por lo que ya íbamos un poco animados y Mario y su amigo, pues ni se diga, ya estaban más borrachos que otra cosa.
En eso estábamos cuando Martha me dice discretamente “nos tomamos otra cerveza y nos vamos”, yo le contesté que sí, pero en el fondo se me empezó a ocurrir la idea de meternos a la alberca. Cuando le dije a Martha, ella rechazó la idea de manera muy diplomática pues me dijo “estaría bien, pero no traemos traje de baño”, quizás por las cervezas que ya nos habíamos tomado aunado a la excitación de verla coquetear con el mesero y la gran excitación que produjo en mí, fue que yo le dije “nos metemos sin ropa” y su respuesta obviamente fue “¿estas loco? Claro que no”, pero sin hacerle caso me levanté, me quité la ropa y me metí a la alberca.
Mientras esto pasaba, Mario y su amigo estaban cantando y seguían tomando muy en su rollo, dando muestras de estar muy borrachos. Por eso yo seguí insistiéndole a Martha para que se metiera, pero ella seguía diciéndome que no, y me decía “¿cómo se te ocurre? Me tendría que meter sin ropa…” y yo seguía insistiendo y diciéndole que estaban muy borrachos y que ni cuenta se iban a dar.



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