historias reales de nuestros usuarios
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Una de las experiencias que más satisfacción me dejó fue cuando ayudé a una chica joven de unos 35 años a disfrutar del sexo por primera vez. Ella había reprimido durante años esa parte esencial de la realización humana después de haber experimentado el tener sexo sin disfrutarlo en varias etapas de sus primeros años de adultez. No solía masturbarse y rechazaba cualquier oportunidad de encuentro que se le presentaba porque temía volver a repetir ese "fracaso", como ella le llamaba. Cuando la conocí en Ciudad de México, no planeábamos nada en concreto, solo charlar y pasear por el centro. En algún punto ella sintió que podía intentarlo nuevamente y alquilamos una habitación en un antiguo y bonito hotel de la zona. El resto puedo describirlo como aprendizaje puro. Pude notar cuál era su problema: si bien se sintió seducida y dispuesta, al momento de la penetración instintivamente tendía a "cerrarse"; era claro que se protegía de volver a sentir incomodidad y dolor. Hicimos una pausa para sentarnos a hablar del tema y le expliqué a mi humilde entender algunas cuestiones de anatomía y fisiología. Reanudamos el proceso, hicimos un segundo intento...Y, al tercer intento...¡lotería! Todo fue felicidad. Tuvimos un acto sexual bien llevado, con protección por supuesto, ninguna incomodidad ni para ella, ni para mí, y sí mucho placer durante el mismo y a buen ritmo llegando al clímax. Ambos nos sentimos muy muy bien, ella quedó sumamente agradecida por haberse permitido este camino de seducción y llegar al orgasmo con otra persona por primera vez. En mí quedó una gran sensación de plenitud por haber hecho algo muy bueno por otra persona y que esa buena acción fuera tan placentera para mi cuerpo y mi mente también. En las siguientes semanas, ya sin vernos por diversos motivos, sus halagos y mensajes de agradecimiento seguían llegando a mi WhatsApp. Contribuí a despertar algo bello en una joven de bello corazón.