historias reales de nuestros usuarios
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Después del encierro por la pandemia y de dos contagios de covid, habíamos dejado de salir, y nuestra vida sexual se volvió casi nula. Aunque habíamos intentando hacer algo por volver a disfrutar de las locuras que tanto nos gustan, por varias razones no habíamos podido concretar nada. Sin embargo, anoche salimos de antro, sin muchas expectativas, "a ver que sale", dijimos. Llevé a mi esposa a un show de stripers, al menos para que ella viera como se sentía. El caso es que ya avanzada la noche y con varias cervezas encima, mi esposa se fijó en uno de los bailarines, era el que tenía el cuerpo más musculoso, alto y moreno, como le gustan. Sin decir nada intuí que le atrajo, por lo que me acerqué a él y me puse de acuerdo para irnos a un privado, le comenté que traía condones, a lo que me respondió que el traía los suyos (Estaba muy dotado), con ello me aseguré de que el show sería completo. Subimos al segundo piso donde están los reservados, y sin decir mucho, el striper tomó a mi esposa de la cintura, se la acercó y la beso, saboreando su boca y el lindo cuello de mi esposa con su lengua al mismo tiempo que le sobaba sus tetas y una nalga, todo un espectáculo para mis ojos y un deleite para ella. Debo comentar que mi esposa es muy chaparrita, mide solo 1:52m y el striper era como de 1:90m, así que el contraste entre su menudo cuerpo y aquel macho musculoso que la poseía era muy excitante. Mi esposa tiene unos muslos carnosos, unas piernas hermosas y unas riquísimas nalgas que siempre es un deleite manosear. Una linda cintura y tetas pequeñas pero juguetonas, todo un manjar. Tiene una panocha rasurada exquisita, con labios no muy grandes pero invitantes. Al poco rato, el striper se bajó la tanga y saco una verga de gran tamaño y se puso un condón negro, mi esposa al ver aquello abrió los ojos de emoción y se prendió como becerro de su verga, mamándola con locura, como solo ella sabe hacerlo. Ahora era ella quien con una mano sobaba una nalga de aquel hombre mientras con la otra le apretaba los huevos lentamente, sin dejar de intentar tragarse aquel pedazo de carne. Así estuvieron por un rato, cuando de pronto, él la voltea, la sube al sillón y la pone de perrito, admirando sus nalgotas, le sube el vestido y, como ella no traía tanga ni nada que la cubriera, el solo le acercó su enorme verga y se la fue metiendo poco a poco, Empezó a bombearla, con ritmo y llenando el reservado con esos ruidos tan ricos, lo mojado de su panochita al recibir a aquel macho.Ella no dejaba de gritar, se movía al unísono con sus embestidas, aumentando el ritmo hasta que ella solté ese grito tan característico cuando se viene. El siguió bombeándola hasta que vi como arqueó su espalda y apretó sus nalgas al mismo tiempo que le apretaba la cintura a mi esposa, en clara señal de que también se estaba viniendo. Se quedaron pegados unos momentos como perros en celo, que maravilloso espectáculo. Se separaron, se limpiaron y él nos dio su teléfono para luego contactarlo y seguir con más calma. De ahí nos fuimos a coger ella y yo hasta la mañana. Aun andamos crudos pero muy contentos. Espero que este sea un nuevo comienzo.