Historias y Relatos Swinger

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Encuentro en el Bar

Desde que conocí a Ana, mi vida cambió para siempre. Compartimos una profunda conexión desde el primer momento y la pasión entre nosotros era increíble. Pasamos diez años juntos, construyendo una relación de compromiso y amor.

Ella es una mujer de 30 años, con su 1.65 m de estatura, conserva una figura proporcionada después de 3 partos. Tiene un cabello castaño claro que le llega a la mitad de la espalda y enmarca su rostro redondo, una sonrisa encantadora y ojos marrones oscuros y bastante coquetos. Su piel es suave y lozana, con un tono dorado. Un cuello que invita a besarlo y bajar a su busto firme y carnoso, aunque su cintura no es muy estrecha y está marcada por sus embarazos, no desentona para nada con su sensual figura gracias a sus caderas amplias y piernas bien delineadas que sostienen un jugoso trasero que se antoja estrujarlo. Cuando camina, su cuerpo se mueve con gracia y sensualidad, despertando deseo en todos quienes la ven.

En este tiempo hemos vivido aventuras increíbles, desde viajar a la playa hasta escalar montañas. Siempre nos apoyamos el uno al otro y hemos creado una conexión que nos ha ayudado a superar los obstáculos.

Sin embargo, cuando tuvimos hijos, nuestra vida cambió. Nuestra prioridad se volvió nuestros hijos y nuestra atención se centró en ellos. Esto significó que tuviéramos que sacrificar nuestro tiempo juntos y nuestra intimidad.

Pronto comencé a sentir que nos estabamos alejando el uno del otro. La rutina y la falta de tiempo nos había separado. Estábamos buscando una manera de volver a conectar y recuperar nuestra intimidad.

Un día decidimos salir a un bar para dedicarnos un tiempo como pareja.

Cuando vi a mi mujer vestida para la ocasión, mi corazón se aceleró. Ella se veía hermosa y sexy. Su vestido negro ajustado acentuaba todas sus curvas y su escote dejaba ver su impresionante busto. Sus tacones de aguja hacían que sus piernas se vieran aún más largas y sensuales. Me sentí orgulloso de que me perteneciera y no podía esperar para salir con ella.

Cuando entramos al bar, que estaba atiborrado, no encontramos mesa y nos acercamos a la barra y pedimos unas bebidas. Estábamos decididos a pasar una noche divertida.

Desde que llegamos, noté que un tipo no le quitaba la mirada a mi mujer. Ella se sintió un poco incómoda al principio, así que me miró con una expresión preocupada y dijo: "Otro hombre no me ha dejado de mirar desde que entramos aquí".

Yo sabía que se había vestido así para mí, pero también me di cuenta de que otros hombres la habían mirado con morbo cuando entramos al bar. Esto me excitaba mucho y comencé a sentir deseo por ella. Así que sonreí con picardía y le dije: "¿Qué hace que te preocupes? ¿No te das has dado cuenta que los hombres te miran con deseo por lo hermosa que eres? Me pregunto si ese tipo te atrae".

Al escuchar esto, Ana se sonrojó profundamente. "No, no es así, no me atrae en absoluto", dijo con la voz un poco temblorosa. Le di una palmada en la espalda para tranquilizarla y le dije con una sonrisa: "No te preocupes, no tienes nada que temer".

Mientras ella bebía su trago, el tipo seguía mirándola con una sonrisa. Ella se fue acostumbrando a esa mirada y esto la hizo sentirse más cómoda. Le pregunté entonces si estaba segura de que no le gustaba el tipo. Ella sonrió y dijo: "No puedo decir que me guste, pero no puedo negar que me siento halagada por la atención que me está dando".

Le di una mirada de complicidad y le pregunté: "¿Estás segura de que no te gusta el tipo?". Ella sonrió y dijo: "No puedo decir que me guste, pero no puedo negar que me siento halagada por la atención que me está dando".

Sonreí con una sonrisa aún más amplia y dije: "Entonces ¿te gusta sentirte deseada por otros?". Ella asintió con la cabeza y dijo con una sonrisa: "Sí, me gusta. A toda mujer le gusta sentirse deseada".

Le di una mirada entusiasta y dije: "Entonces, ¿quieres que le sigamos el juego?". Ella me miró bastante extrañada y preguntó: "¿Crees que debería seguirle el juego?".

Sonreí y dije: "Claro, no tienes nada que perder. Solo mira y sonríe, a ver qué pasa".

Ana asintió con la cabeza y volvió a mirar al atractivo desconocido. Esta vez, lo miró con confianza. Sonrió y le devolvió la mirada.

La miré con entusiasmo y dije: "¡Mira que bien! ¡Estás muy hermosa y él lo nota!". Ana sintió una sensación extraña al escuchar mis palabras. No estaba segura, pero le gustaba el juego y decidió seguirlo.

El tipo que miraba a mi mujer con tanta atención era alto, de unos 35 años, musculoso y con una piel bronceada. Su cabello castaño era un poco desaliñado, sus ojos verdes amielados resaltaban en su rostro y sus labios siempre se encontraban fruncidos en una sonrisa. Sus hombros eran anchos y su pecho amplio, se notaban las horas invertidas en el gimnasio y su andar era seguro y erguido, reflejando gran confianza en sí mismo. Realmente notaba a mi mujer muy atraída por él.

Durante los siguientes minutos, Ana continuó intercambiando miradas y sonrisas con el desconocido. Al ver a mi esposa tan halagada por la presencia del desconocido sentí una mezcla de emociones. Por un lado, me sentía orgulloso de que mi mujer fuera tan hermosa y deseable para otros, pero por otro lado, sentía celos de que alguien pudiera llegar a desearla tanto como yo, pero mientras observaba la escena me sentí increíblemente excitado.

Finalmente, el tipo se acercó y nos saludó amablemente. Preguntó con una sonrisa: "¿Puedo invitarles una bebida?".

Ana aceptó su invitación y le dijo: "Claro". Él se volvió hacia el cantinero y dijo: "¿Podrías traerme una cerveza, por favor? Y dos bebidas también para mis amigos aquí".

El cantinero asintió y preguntó: "¿Qué bebida quieren los dos?".

Le dije al cantinero que queríamos una jarra de margarita para compartir. El cantinero asintió y sirvió las bebidas.

David se volvió hacia nosotros y dijo: "Gracias por aceptar mi invitación". Le respondí con una sonrisa: "Gracias por las bebidas".

Se presentó como David y nos contó que trabajaba en la zona.

David y Ana hablaban y se conocían, yo noté que veía algo especial en él. Su voz profunda y sus ojos cautivadores la hipnotizaban desde el principio. Sus labios la atraían cada vez más.

La conversación era sobre temas triviales y un poco de nuestras vidas, hasta que nos avisaron que la barra iba a cerrar pronto.

Después de tomar un par de bebidas más, propuse que saliéramos a algún otro lugar para continuar con la diversión. Le comenté a David que quería seguir disfrutando de aquella noche especial tanto para mi mujer como para mí, él pensó que era una excelente idea y lo invitamos a acompañarnos.

Los tres salimos del bar y David nos recomendó un lugar donde podíamos bailar y seguir la fiesta hasta la madrugada. Estaba a unas pocas calles y decidimos irnos caminando.

Mientras caminábamos, yo notaba que David no dejaba de mirar a mi esposa. Ella se sentía cada vez más segura, y todos avanzábamos a paso lento, disfrutando de la noche. Yo me había quedado un poco atrás, y ni Ana ni David se habían dado cuenta. Los miré a la distancia como si fueran una pareja. Esto me hizo sentir algo extraño y excitante a la vez.

Era feliz de ver que Ana estaba disfrutando de su noche, estaba orgulloso de que mi mujer atrajera tanta atención y mi deseo por mi mujer aumentaba cada vez más. Sentí satisfacción y me acerqué a ellos.

Finalmente, llegamos al salón de baile tropical donde tocaban salsa. El salón estaba lleno de gente, pero David tenía amigos allí que nos recibieron con gusto y nos llevaron a una mesa cerca de la pista de baile. La música era alegre y el ambiente festivo.

David fue a la barra a pedir unas bebidas, sonreí a mi mujer y le dije: "¡Esta es la mejor noche que hemos pasado juntos en mucho tiempo!". Ana sonrió y asintió.

Noté que ella quería bailar pero yo no se bailar salsa. En eso llegó David con las bebidas y le pregunté si él sabía bailar, y cuando asintió, le pedí que invitara a bailar a mi mujer ya que yo no sabía bailar esos ritmos. David aceptó con gusto y la invitó a bailar. A ella le brillaron los ojos, sonrió y asintió.

La dirigió a la pista y comenzaron a moverse al ritmo de la música. Yo los miraba desde mi mesa con asombro. David realmente sabía bailar, y mi mujer dejaba que él la guiara con divertida sensualidad. Ella se veía más hermosa que nunca. Noté que David no dejaba de mirarla y le susurró algo.

Vi exactamente el momento en que David se acercaba más a mi mujer y le susurraba cosas al oído. Al ver que ella se sonreía, a mi me invadió una mezcla de celos y excitación. Parecía que todo ocurría en cámara lenta. Ella vió mi inquietud, pero yo le sonreí y le asentí con la cabeza.

Para despejar mis pensamientos, decidí ir a la barra a pedir más bebidas. No sé exactamente en qué momento David y Ana se perdieron de vista. Cuando regresé a la mesa con las bebidas me preocupé al no verles entre la gente que bailaba. Al parecer la llevó al otro lado de la pista, donde no alcanzaba a verles.

La música se hacía cada vez más intensa y no los veía, de pronto me invadieron los celos al pensar que ella se hubiera ido sola con David.

Sin embargo, todos esos sentimientos se desvanecieron cuando los vi caminar hacia la mesa tomados de la mano. Ana sonrió al verme y me guiñó un ojo. Yo le sonreí y me sentí más tranquilo.

Me senté en la mesa con Ana y le pregunté si estaba pasándola bien. Ella asintió con la cabeza y me dijo que estaban pasando una noche muy divertida. David se disculpó y dijo que tenía que ir al baño. Ella le dijo que no había problema y él se fue.

Mientras tanto, Ana y yo nos quedamos solos. Noté que su cabello estaba alborotado y su ropa algo desarreglada. Sus mejillas estaban encendidas y sus ojos brillaban con un brillo diferente. Sus labios carnosos estaban ligeramente entreabiertos, mostrando una sonrisa satisfecha. Sospeché de que algo más que bailar había sucedido entre ellos.

Algo suspicaz, le comenté a mi esposa: "Realmente han pasado un buen rato, ¿verdad?".

Ella entendió lo que le quería decir y sonrió con una expresión satisfecha y me dijo: "No te preocupes, sólo estábamos bailando".

Aunque asentí con la cabeza, sabía que había algo más entre ellos. Sus arrugas en la ropa me habían dado cuenta de que sus cuerpos se habían acercado demasiado. Suspiré y le pregunté nuevamente: "¿De verdad te gusta David?".

Ella sonrió y dijo: "No lo sé, es diferente a cualquier otro hombre que he conocido. Me gusta su voz profunda y sus ojos verdes. Me siento atraída por él sólo un poco". Asentí con la cabeza mirándola con incredulidad mientras me respondía, yo entendí las palabras que ella no me decía.

Ana adivinó mis dudas y entonces me confesó: "Ok. Sí, me gusta, y me encantó sentir el cuerpo de David moverse pegado al mío mientras bailábamos, sabiendo que tú nos esperabas en la mesa".

Estaba sorprendido al escuchar de viva voz de mi mujer que le gustaba David, algo que nunca me imaginé que hiciera. Sentí una mezcla de celos y excitación al escucharlo. Yo también le confesé a Ana que me provocaba mucho morbo verla con David y me excitaba ver como bailaba tan sensualmente con él.

Ella me sonrió y me dio un beso corto pero apasionado. Luego me preguntó: "¿Hasta dónde quieres llegar esta noche?".

Me quedé un poco aturdido al escuchar la pregunta de Ana, pero le respondí con voz segura: "Hasta donde tú quieras llegar". Mi corazón latía con fuerza, estaba emocionado de ver hasta dónde nos llevaría la noche.

Pronto David volvía del baño con otras bebidas en la mano y nos preguntó: “¿Cómo se la están pasando? Ana sonrió coqueta y le respondió: "Estamos teniendo una noche muy divertida". Sentí algo de excitación al ver la conexión que había entre ellos. Sabía que él tenía algo que yo no podía darle a mi mujer, ese morbo por lo prohibido.

Continuamos conversando sobre temas más personales. Mientras David no dejaba de admirar a mi esposa y le decía piropos en cada oportunidad, también me felicitaba por haber elegido una mujer tan hermosa e inteligente como ella.

Ana sonreía tímidamente cada vez que David le decía algo cariñoso. Estaba disfrutando su cercanía. La conversación fue tomando un tono más subido y David se mostraba cada vez más interesado en ella. David no dejaba de hablarle con la misma voz profunda e hipnotizante que la había cautivado desde el principio. Sus labios carnosos seguían siendo una tentación para mi mujer.

Ya con más confianza y más inhibidos por los efectos del alcohol comenzamos a hablar sobre temas sexuales. David contó que una de sus fantasías era tener una relación prohibida. La idea de una relación amorosa que fuera considerada ilegal o fuera vista como un tabú le daba una sensación de excitación. Pero que sabía que podía ser peligroso. Por lo tanto, se esforzaba por no actuar sobre ella.

Al escuchar esta fantasía, Ana sentía atracción y emoción. Vi que le estaba excitando demasiado porque sabía que David estaba tratando de seducirla de una manera inofensiva. Ella me miró con ojos suplicantes. Yo suspiré y le sonreí, haciéndole un gesto para demostrarle que estaba bien y que aprovechara la noche.

Colocó su mano sobre la pierna de David, y él volteó a verme. Yo le sonreí y asentí con la cabeza, dándole a entender que estaba bien. Cuando David volteó a ver a Ana, vio el brillo de sus ojos y su boca entreabierta, comprendió lo que sucedería después.

Sin pensarlo dos veces, ella se acercó a David y lo besó apasionadamente. El la abrazó con fuerza y se dejaron llevar por el momento. Yo estaba sentado a su lado, mirándolos con una mezcla de excitación y celos al ver como mi mujer era capaz de entregarse de esa manera a un desconocido frente a mí.

Su beso fue tan intenso que me sentí hipnotizado. El fuego que estaban generando los dos me hacía sentir un deseo inmensurable. Quería que ese momento durara para siempre.

Ana se sentía culpable por besar a David delante de mí, pero al mismo tiempo estaba muy excitada. No pudo resistirse a los movimientos sensuales de David y a la atracción que sentía hacia él.

De pronto, David se separó un poco de ella y le dijo: "No quiero que te sientas culpable por esto, estoy seguro de que también Juan desea ver esto".

Ana me miró con preocupación, yo asentí con la cabeza, sabiendo que era cierto. Después de todo, yo también estaba disfrutando la sensación. No podía negar que sentía mucho morbo y excitación al ver a mi mujer tan entregada a David, y me sentí orgulloso de verla tan feliz.

Ella entendió que yo estaba muy excitado y me preguntó: "¿Estás bien con esto?". Yo asentí con la cabeza y le dije: "Es hora de ir a un lugar más privado".

Le pedí a David que nos acompañara y él aceptó con gusto. Ana se sintió un poco nerviosa, pero también muy emocionada. David la miró con complicidad y le dijo: "Vamos". Con la excitación revoloteando en mi cabeza, tomé a Ana de la mano y los tres salimos del lugar.

Caminábamos de regreso al coche, podía sentir la atracción entre David y Ana crecer cada vez más. Al llegar al coche, mi mujer me dio un beso suave y se subió en la parte de atrás con él. Yo me senté en el asiento delantero y encendí el coche.

Mientras conducía, el ambiente se fue caldeando con el paso de cada segundo. Yo reí, bromeé y jugué con ellos en pequeños juegos de seducción. La atmósfera estaba cargada de tensión y deseo. Los tres sabíamos a donde íbamos y lo que esperábamos.

Miré por el retrovisor y vi cómo aprovechaban la oscuridad para besar y acariciar a mi esposa. La excitación me invadió al verla con otro hombre, y supe que esta noche marcaría el comienzo de algo nuevo en mi vida.

Conduje lentamente y en círculos para dar tiempo de que mi mujer disfrutara, hasta que ya no pude más y entré en un motel que nos quedó de paso. David pagó por la habitación y fue el primero en entrar al lugar, seguido por mí y Ana.

La habitación estaba decorada con colores cálidos y con una luz tenue. Ana se quedó un momento mirándome, mientras el calor de su cuerpo se sentía cada vez más intenso. Se acercó a mí y me dijo: “Gracias por esta noche, mi amor”, y me dio un amoroso beso.

Me senté en un sofá frente a la cama. Ana se quedó de pie, mirándonos con una mirada de incertidumbre. David notó que la tensión había aumentado y le dijo: "No te preocupes, estás segura aquí. Esta noche es para los tres". Ellos se miraron a los ojos, se acercaron lentamente el uno al otro y comenzaron a besarse apasionadamente.

Los observé con una sensación extraña, me sentía desplazado, como si no existiera ahí, pero al mismo tiempo sentía una sensación de placer al verlos tan entregados. Estaba orgulloso de compartir a mi mujer con un desconocido y sabía que ya no había vuelta atrás.

Ana sonrió y se sentó en la cama. David se acercó por detrás y comenzó a acariciarle el cuello con suavidad. Ella cerró los ojos y se dejó llevar por el placer de sus caricias.

Por un momento Ana me miró agradecida mientras él seguía acariciando su cuello. Poco a poco, sus caricias se hicieron más intensas, hasta que sus labios se unieron en un beso apasionado. Ella se aferró a David olvidándose de mí, mientras yo la observaba con deseo. Sus movimientos eran cada vez más sensuales, como si estuviera bailando al ritmo de una melodía que sólo ellos dos podían escuchar.

Se acostaron, el calor de sus cuerpos se sentía por toda la habitación, se mezclaban estrujándose entre sí mientras sus besos se hacían más profundos.

Ana se sentía completamente entregada al placer que le producía David. Cuando sintió ese cuerpo extraño entrar en el suyo fue como si todos sus sentidos se despertaran al mismo tiempo. Cada movimiento de él la hacía estremecerse y una sensación de placer la invadía. Su respiración se aceleraba cada vez más y sus gemidos eran cada vez más intensos. Sus cuerpos se movían en sincronía y parecía enloquecer con cada empuje que él daba dentro de ella. Sentía que la partía en dos y que no podía resistirse a la llegada del clímax. Era como si el tiempo se hubiera detenido y todo lo que existía en ese momento era la sensación de placer que le producía sentir el cuerpo de David dentro de ella.

Observaba a mi mujer admirado mientras David se movía dentro de ella, no recordaba haber visto a Ana tan entregada, tan excitada. Sus gemidos eran cada vez más intensos, mostrando una satisfacción que nunca antes había visto en ella. Sentía que su cuerpo se enloquecía de placer y su expresión desdibujaba su bello rostro, nunca se había sentido tan llena y apretaba sus muslos como si no quisiera soltar todo ese placer que la estaba invadiendo.

Yo estaba hipnotizado al ver a mi mujer disfrutando tanto, nunca antes la había visto moverse y gemir de esa manera. De repente su cuerpo se estremeció arqueándose y vi como una sensación de placer inimaginable la invadió en un gran orgasmo que la recorrió de pies a cabeza. David la abrazó con fuerza mientras ella se dejaba llevar por el placer y terminaban juntos.

La escena era tan excitante para mí que no podía apartar mi vista de lo que estaba ocurriendo. Mi cuerpo también reaccionaba ante la escena que tenía delante.

Cuando finalmente Ana abrió los ojos, dijo: "Eso fue increíble". David siguió besando su cuello mientras le susurraba al oído algunas palabras. Ana volteó a verme con una sonrisa pícara y llena de complicidad y me invitó a que me uniera a ellos.

Sentí una mezcla de emociones al ver la expresión de Ana, aún no podía creer lo que acababa de presenciar. Me acerqué lentamente a la cama y me senté a su lado, su cuerpo estaba cálido y sudoroso.

Comencé a acariciarla y me besó con mucha pasión mientras David nuevamente besaba su cuello y la acariciaba por detrás. Ella cerró los ojos y se entregó disfrutando la sensación de cuatro manos que la acariciaban por todas partes. Los gemidos de Ana se hacían cada vez más intensos. La sensación de placer se mezclaba con la emoción de estar dos hombres tan deseosos de satisfacerla y su cuerpo se entregaba totalmente a las caricias. Yo también estaba cada vez más desinhibido y deseoso de satisfacerla.

De pronto Ana se montó sobre mí sin dejar de besarme y sentí toda su humedad cuando comenzó a cabalgar. De repente se detuvo y me miró con los ojos muy grandes, tenía una expresión que jamás había visto en su rostro, David ahora también estaba dentro de ella, nos quedamos inmóviles un instante.

El placer llegaba a su punto más alto cuando sintió la hombría de sus dos machos dentro de ella. Nuevamente comenzó a moverse muy lento, su rostro, primero desencajado se tornó en una expresión de total lujuría mientras David seguía acariciando su espalda. Le pidió a él que se moviera más y me besó con pasión mientras sus movimientos se hacían más intensos y yo intentaba seguir el ritmo. El placer aumentaba cada vez más, los tres nos dejamos llevar mientras nuestros cuerpos se estremecían y los gemidos se mezclaban en una melodía perfecta. Ana había encontrado el equilibrio perfecto entre los dos hombres y su cuerpo se había entregado totalmente a ellos dando espasmos incontroladamente.

La noche se prosiguió llena de caricias, besos y gemidos de placer. Yo no podía creer lo que estaba sucediendo, pero al mismo tiempo me excitaba mucho. Estaba viviendo una fantasía prohibida, algo que había deseado en secreto desde hace mucho tiempo.

Cuando llegó el amanecer estabamos cansados pero completamente satisfechos. Agradecimos a David. Nos despedimos y nos fuimos a casa.

Estaba contento de haber vivido una aventura tan emocionante, y vi que Ana se sentía libre y plena, eso me hizo feliz.

Tiempo después, la he notado evasiva al tema. Le he dicho que cuando la vi con otro hombre, aunque sentía un poco de celos, me excité demasiado. Esto me ha dado mucho morbo y ahora quiero convencerla de seducir a otros hombres, porque vi que sí lo disfrutó.

Se ha estado negando, pero poco a poco al recordarle lo sucedido veo que le calienta la idea de repetir, aunque no quiera demostrarlo. Me gustaría que acceda a invitar a otros hombres para compartirla nuevamente.



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