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EN EL ANTRO

Durante algunos Domingos, por cuestiones de trabajo, fue necesario trabajar por lo que, una vez que finalizaba la operación, la charla se extendía por ahí de las 9 de la noche, y como el descanso tocaba justo en Lunes, decidí aventurarme a explorar la oferta dominical en clubes.

Nada mal, aunque variable en la concurrencia respecto a la cantidad, éso sí, las parejas que llegaban estaban más que decididas a cumplir sus fantasías, ya fuera inter, trío, o algo más.

Una de ésas noches poco concurridas, el antro parecía algo más vacío de lo habitual, éramos dos singles y 4 parejas que no parecían encontrar lo que buscaban y se limitaban a bailar y charlar.

Pensando en cómo y a quién abordar pasaban los minutos y en éso estaba cuando llegó una pareja, en sus 40, ambos de físico normal y con la apariencia de recién salidos de casa.

Ella, de generosas formas y animoso semblante, se contoneó muy sexy al momento de quitarse su abrigo, el cual reveló un entallado vestido, corto que apenas tapaba su ropa interior y, al sentarse en una mesa ubicada en ángulo a mi izquierda, sin pudor reveló una coqueta tanga color blanco que cubría lo estrictamente necesario.

Mi atención se fijó en ella y de seguro lo notó, pues apenas recibieron sus copas, brindaron, dieron un trago y se dirigieron a los cuartos obscuros.

El otro single se levantó y, a prudente distancia los siguió, a lo cual esperé para dar un tiempo de reacción a la pareja, por lo que, tras un minuto, me encaminé hacia allá ante la mirada de los presentes.

Al entrar, vi al otro single mirando a través de un glory hole al interior de una cabina, por lo que hacia allá me encaminé y vi a la pareja, sentados en la banquita, con el caballero acariciando las piernas de su mujer, como esperando algo, así que procedí a presentar armas, haciendo el otro single lo mismo.

Casi al instante percibí una mano acariciando mi pene, recorriendo y apretando para apreciar las características de la oferta para luego de unos minutos soltarse y, cuando esperaba alguna otra acción, salieron de la cabina, dejándonos ahí, calientes, con los pitos al aire mientras se encaminaban a la salida del cuarto, seguramente para regresar a su mesa, cruzándose con una pareja en el camino, quienes al notar el cuadro, dieron media vuelta.

Acomodé mi ropa y pasé al sanitario, donde acomodé mi verga adecuadamente en mi pierna derecha para mayor comodidad.

Al regresar a mi mesa, el otro single ya los abordaba, aunque no hubo una respuesta definitiva, por lo que regresó a su lugar.

Tomé mi bebida y antes de dar un trago, hice la señal de "¡Salud!", recibiendo una señal del caballero para acercarme, así que tomé mi bebida y me acerqué a su mesa, saludando y presentándome ante ellos, del lado del caballero, quien tras presentarse y presentarme a su esposa, me invitó a sentarme junto a ella, para charlar.

Las típicas preguntas de exploración respecto a gustos y preferencias que cobraron un tono definitivo cuando él me preguntó si me gustaría hacerle sexo oral a su mujer, haciendo énfasis en que le gusta y lo disfruta demasiado, a lo que ella sonriente asintió, diciendo que le encanta, especialmente si le dan una buena mamada de culo, pues le gusta que se la metan por ahí.

Entre la calentura y la emoción por lo directo de la solicitud, respondí que sí, a lo que me dijeron que regresara a mi lugar y esperara unos minutos a que se prepararan, y si se acercaba el otro single, le dijera que haríamos un trío y esperara, pues a ella le gusta estar con un single a la vez.

Así sucedió la cosa y, tras de que se acercara el compañero, le comenté lo que me habían dicho, por lo que me dijo que no había problema y mientras probaría suerte con las parejas que bailaban por si salía algo.

Me encaminé a los cuartos y, al entrar, ellos ya esperaban en el cuarto de tríos.

Ella me recibió con un caluroso beso en la boca, a la vez que procedía a desabotonar mi chaleco para quitarme la camiseta, lo cual facilité, dejando caer mis prendas al suelo mientras desabrochaba mi pantalón.

Una vez desnudo frente a ella, tomó mi verga y la sobaba, atrayéndome a su boca mientras frotaba mi verga con su vagina sobre la tanga mientras su marido sobaba sus tetas y las liberaba para iniciar el cachondeo.

Así estuvimos unos instantes en los que ella alternaba entre frotarse mi verga y restregar las nalgas a su marido, momentos que aprovechaba para chupar sus tetas y acariciar sus caderas.

En un momento, ella me separó para quitarse la tanga, para dejarla en la bolsa del pantalón de su marido y, al hacer esto, se dio la vuelta para inclinarse y besarlo, ofreciendo sus nalgas para que hiciera lo propio.

Me acomodé en cuclillas y hundí mi cara en tan generosas nalgas que su marido separaba para que ir directo al objetivo.

Lamí su sexo y lo chupé hasta sentir como el sabor de sus jugos sobre mi lengua, llevándolos al paladar y con ésa sensación, subir mi boca  a su culo, a la vez que procedía a estimular su vagina con mis dedos, alternando mi lengua para preparar el momento en el que esta se quedó en un beso negro que prolongué hasta llevarla al orgasmo con mis manos en su sexo, para alternar de nueva cuenta y otra vez perderme entre sus nalgas.

Tras una serie de orgasmos que humedecieron toda mi boca y labios, ella levantó su cuerpo y me tomó de la verga, llevándome al camastro donde me acomodó y procedió a darme una deliciosa mamada mientras su esposo contemplaba la escena.

Chupaba y se metía mi miembro hasta la garganta, alternando con lamidas que iban de la cabeza a los huevos, disfrutando ambos las caricias de su boca.

Me recostó sobre el camastro sentado sobre la orilla y se acomodó para un delicioso 69 donde ya con mayor libertad alterné entre lamidas y caricias en sus dos agujeros mientras ella alternaba las chupadas entre mi verga y la de su esposo para, en algún momento, levantarse y, mirando de frente a su marido, se fue clavando mi pene poco a poco, mientras preguntaba a él si le gustaba ver como le entraba la verga y se la cogían como una puta.

Estaba muy mojada y no demoró mucho en llegar a un escandaloso orgasmo que me hizo voltear a la puerta y notar que ya teníamos púbico, desde hacía cuanto quien sabe, pero damas y caballeros se mostraban complacidos ante la imagen.

Acto seguido, se dio la vuelta para montarme ahora de frente, dejando las nalgas a su marido, quien se dispuso a prepararle el culo con lubricante mientras ella jugueteaba sobre mi verga.

Cuando estuvo lista, simplemente se apretó sobre mi cintura, dejando su pecho sobre el mío mientras su marido la penetraba analmente, en una doble penetración que detonó en orgasmos y gritos que, a viva voz, invitaban a los presentes a observar lo puta que es y como su marido cornudo disfrutaba cogérsela con otro hombre.

Cambiamos de posición y en ése momento pude ver como las damas no perdían detalle de como me acomodaba para penetrarla, lo cual hice de un golpe, iniciando un movimiento frenético que nos tenía a todos en éxtasis, mientras ella gritaba y yo la nalgueaba entre empellones, con fuerza y vigor.

En un momento, ella se separó de su marido y se recostó para que la penetrara de misionero, a lo que subí sus piernas en mi hombro izquierdo y se la dejé ir por la vagina, nuevamente con fuerza hasta llevarla a un nuevo orgasmo en el que ella ya solo sujetó sus piernas levantándolas para ofrecerme el culo, el cual tomé sin piedad, sobando sus tetas mientras su esposo nos veía sonriente, feliz.

Ésta vez, su orgasmo trajo una lluvia de sus jugos que me bañaron y, al concluir, ella me dijo "¡Echalos adentro!", a lo cual arremetí con mayor fuerza mientras el sudor y su néctar corrían sobre mi cuerpo empapado, el cual mojé aún más al llevar el líquido que permanecía en sus caderas para lamer mis dedos y embarrar mi pecho.

Cuando sentí que se venía de nueva cuenta, subí el ritmo para dejar salir mi semen y así nos quedamos, quietos, mientras soltaba toda mi carga, la cual se derramó un poco al retirarme, aprovechando para acomodar la leche en la entrada de su culo y así, penetrarla otra vez para que tuviera un nuevo orgasmo, luego de lo cual me retiré para tomar un poco de papel y limpiarme, a la vez de secar el sudor, mientras su marido la dedeaba y aprovechaba para penetrarla de nuevo para venirse sin mayor esfuerzo, batiendo mi leche con la suya.

El espectáculo dejó boquiabiertos a los presentes, que se fueron retirando mientras nos limpiábamos, regresando cada quien a sus lugares para tomar aire y disfrutar el show de la stripper que esperaba el momento de entrar a la pista.

Transcurrió la variedad, donde las damas se mostraron especialmente participativas al grado de que, al terminar, todos se fueron al cuarto obscuro a lo cual esperé nuevamente para llegar encontrar a la pareja en un intercambio más que candente, el cual contemplé hasta que una parejita se colocó junto al camastro donde estaba sentado y así, con una tremenda orgía transcurrió la velada hasta que cada quien se fue retirando y despidiendo de aquellos con quienes interactuó, intercambiando números con la pareja, manteniendo el contacto que, entre situaciones transcurridas por la pausa global de todos conocida, terminó por perderse.

Por cierto, mi nombre es Javier, contacto en CDMX por los regular los viernes, invito a parejas y damas que así lo deseen, a contactarme, si es por inbox, dejar su número, pues no puedo responder ya que no soy VIP.

Espero disfrutaran éste relato.



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