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Historias y Relatos Swinger
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AL DOBLE
Aquella noche en el club parecía relajada y, cómo siempre, fui de los primeros clientes del lugar, un par de parejas y yo el único solo, apenas media hora después de que abrieran el lugar y, poco a poco iba llegando más gente, parejas y algunos singles más, en tanto la música transcurría entre los 80 y 90 para hacer el preámbulo, entrando una pareja que se sentó a unas mesas de dónde estaba, ambos de apariencia seria pero animosos en su semblante, ella de figura generosa, mirada fuerte que observaba a los caballeros con especial interés.
Por igual, me dediqué a observar a las parejas y especialmente a las damas que llegaban, considerando las posibilidades que ofrecía la velada.
Por ahí de las 11:30 abrió la pista de baile y la pareja se levantó del lugar, dirigiéndose al cuarto de tríos, arrancando los singles detrás de ellos.
Dí un par de minutos para que se definiera la situación y entré, encontrando a la pareja sentada, la dama observando a los caballeros de pie, por lo que me coloqué a un extremo y, cómo los demás, presenté mi herramienta, a lo que ella procedió a palpar cada una, sin más, pidiendo a todos conservar la distancia, calando uno a uno los penes ansiosos de tener algo con ella y, cuando llegó a mi, palpó con detenimiento, tocando mi abdomen para asegurarse de que me quedara donde estaba, recorriendo con sus manos el tronco y dando ligeros apretones, mismos que continuó acariciando mis huevos, diciendo a su marido, "él", a lo que se levantaron de su lugar y, agarrándome de la verga, me dijo que iríamos al privado, por lo que así salimos para colocarnos frente a la puerta, que aún permanecía cerrada, con ella repegandose sin soltarme, ante la mirada morbosa de quienes se percataron de la escena, notando ella ése detalle y dándose vuelta para acomodar mi virilidad entre sus nalgas, sin soltarme ni importarle que, al levantar su mini vestido, se le viera tan delicioso culo, un acto de empoderamiento a partir de la exhibición.
Entramos y, sin más, nos separamos, los tres sabiendo lo que seguía, bueno, con cierta noción pues tras indicarme que todo sería con condón, nos despojamos de la ropa, quedando yo con condón en mano unicamente, a lo que ella se acercó y, tomando mi verga, se la talló en sus labios vaginales, ya bastante húmedos, apretando con una mano mientras yo chupaba sus pechos y rompía el empaque del preservativo, el cual ella tomó para colocarlo con especial detenimiento, con su marido ya recostado boca arriba, a lo cual ella se monto sobre él, dándome la espalda y diciéndome "Quiero las dos por adelante", en tono firme, tanto como su excitación se lo permitía.
Me coloqué detrás de ella, disfrutando el espectáculo que significa tener un rico culo entregándose al placer que le puedes dar así que, con cuidado, fui entrando en tan delicioso y estrecho espacio hasta que, una vez lograda la máxima penetración, con mi cadera empujando sus nalgas, ella inició a balancearse y bramar en un orgasmo casi inmediato, que la hizo pujar fuertemente, diciendo en voz alta "¡Dame duro, cabrón!"
Mecí mi cadera en un ritmo que fue de menos a más, golpeteando en su sexo cada vez más húmedo, entre sus exclamaciones de placer, cada vez más fuertes hasta que detonó en una serie de orgasmos que la hacían temblar toda, retomando el movimiento en instantes que parecían sacarnos del transcurso del tiempo, haciendo de la atmósfera algo tan candente que el sudor manaba de nuestros cuerpos sin que a nadie de los ahí presentes le importara..
Pidió que cambiáramos e intercambié lugares con su marido, momentos que ella, golosa, aprovechó para darse unos sentones que interrumpió cuando él ya estaba en posición, por lo que se acomodó hacia adelante, iniciando un salvaje golpeteo en el que me aferraba a su cadera para mantener mi lugar, sobando y chupando de cuando en cuando sus tetas sin que ella hiciera nada más que disfrutar lo que ella tanto quería.
Pasó un rato así, obviamente ellos conociendo sus placeres, marcaban el ritmo, sonando de vez en cuando fuertes nalgadas en tan delicioso culo, mismo que, al cambiar de posición, me ofreció en cuatro, y el cual tomé sin mayores pausas, pues la humedad y el látex hicieron lo suyo para que me deslizara en éste sin mayor problema, dándole con toda la fuerza que me era posible, mientras chupaba la verga de su marido y se masturbaba, sobando mis huevos de vez en cuando.
Le pidió a su marido que se colocara debajo de ella, penetrándola por la vagina, mientras a mi me dejó sus nalgas a merced, pidiendo que siguiera por el culo, lo cual hice hasta que, sin más, sudorosa, se dejó caer en el pecho de él, haciendo claro que, por el momento, era todo lo que podía dar al necesitar un descanso, por lo que salí de ella mientras preguntaba cuanto tiempo llevábamos, lo cual no supimos decir, nada más que ya pasaba de la media noche y, quizá alguien más querría ocupar la sala, por lo que tranquilamente nos vestimos e intercambiamos nombres, preguntando ella si voy seguido por ahí, a lo que respondí afirmativamente.
Salimos y el baile ya se veía animado, más para los tres, cada quien por su lado, no fue sino el principio de una velada sexual que no concluyó sino hasta después de que se prendieran las luces porque llegaba el momento de cerrar.
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