historias reales de nuestros usuarios
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Que rico es dormir cansada y sin el unos días. Serían las 2 o 3 de la madrugada quizá, era mas de la media noche, estoy segura, muerta quedé. Sentí en mi mejía sus labios tiernos, pasó por mi cuello y mi piel se erizó, mis senos ya firmes imploraban un beso o mas que eso, al final entró a ese terreno montañoso y ahí quedó por un tiempo, explorando y admirando lo que a el parecieron dos volcanes en erupción resultado de sus mordiscos y ardientes besos. Continuó con su camino cuesta a bajo, sin permitirse separar sus labios de mi deseosa piel ya humectada por lo elevado de la temperatura, deambuló por mi vientre en ese espacio entre mi ombligo y la parte donde inicia el vello de mi triángulo del placer, yo vibraba de excitación y pedía que parara pero al mismo tiempo imploraba continuara. Nunca se detuvo, ubicado en ese espacio tan sensible, besaba mi cadera de extremo a extremo, parecía no querer terminar y yo quería detener el tiempo, ese goce no lo experimento a menudo, sus manos recias pero cálidas estrujaban mis relajados muslos y de repente las incrustaba entre la blanca sábana y mis nalgas, abrí los ojos, pude ver su cabeza y fornida espalda, yacía en mi vientre desde hacía un buen rato, solo usaba un blanco boxer corto y ajustado que notablemente el contenido parecía ya no caber en ese lugar, yo apenas empecé a acariciar su cabeza y cuello por la postura que mantenía, desplazó su boca aun mas abajo y sentí como llegó a esa área, mordía y aprisionaba con sus labios mi vello corto sin poder atraparlo, poco a poco percibí su lengua rozar verticalmente de abajo hacia arriba con suavidad las comisuras de mis labios, la región mas vulnerable finalmente acariciada, sentir su exhalación conseguía vibrara de placer, un hilo de humedad empezó a discurrir por el perineo, mientras su lengua sedienta recorría mi suelo pélvico, no se permitió dejar una gota de aquel fluído que a el parecía hechizarle.