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Historias y Relatos Swinger
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Mi Putita
En algún momento, tuve una amante que, dentro del ambiente, se convirtió en cómplice y compañera de aventuras pero, como toda relación humana, el amasiato tiene sus reglas y esto se acabó por cuestiones de tiempos.
De igual forma, el ambiente cambió y los lugares habituales ya no eran tan concurridos ni favorables al contacto, así que, en ése periodo, le dí vuelo a la hilacha de forma un tanto vainilla, encuentros casuales con conocidas fuera del ambiente que en éso quedaban, del tipo fuckfriends que, si bien tienen lo suyo, he de reconocer que no es tanto mi estilo por el toque romántico que esta variante exige pero que no es tanto de mi interés.
Así pues, en alguna ocasión que andaba de antojo, una plática con una vieja conocida llevó al tema del sexo, con las consabidas preguntas respecto a los gustos y experiencias, de manera tal que, al notar el agudo interés por conocer un poco más allá de lo tradicional, le conté de tríos, gangs y el ambiente en general, derivando en una platica bastante subida de tono en la cual le mostré fotos y, sin más, me dijo que si quería coger con ella, se aventaba, pero no llegaría a tanto.
Quedamos para el día siguiente y, sin más, estando en el lugar a la hora acordada, caminamos un par de cuadras al hotel, sin mayor charla, pues la excitación era palpable en ella, tanto que, apenas entramos a la habitación, se quedó solo en ropa interior, un conjunto de braga abierta que mostraba un aspecto que no le conocía, su sensualidad.
Ella es una chica delgada, en sus 30, físico normal, nada espectacular, cabello negro muy largo y lentes gruesos que, en su pulso exudaba ansiedad y deseo, así que con ella tumbada sobre la cama, la fui cachondeando, chupando sus senos, pequeños pero turgentes y sensibles a cada caricia, dándole dedo en una vagina que se percibía muy húmeda, al grado de que, cuando me acomodé para darle lengua, escurría de placer.
Chupé y lamí con calma, sin prisas, para ir subiendo el ritmo y alternando entre sus labios y clítoris, por lo que, cuando llegó al orgasmo, sujetó mi nuca y se tallaba contra mi boca, barbilla, y nariz.
Jadeando me decía que se sentía rico, que nunca se lo habían hecho, así que, ya con la tensión ligeramente aliviada, elevé sus piernas y, separandolas, apunté mi pene a la entrada de su vagina y, de un golpe, se la dejé ir hasta el fondo, dejando ir ella un profundo suspiro que ahogaba un grito, especialmente cuando empecé a bombearla con fuerza, sin mayor reparo en hacerla sentir algo que evidentemente le era nuevo, pues así la tuve por un rato, sintiendo sus orgasmos sobre la dureza de mi masculinidad.
Ella solo jadeaba y suspiraba, ahogando sus gemidos por un pudor que nunca hubiese sospechado sentiría la necesidad de sobrepasar, y luego de una serie de orgasmos, sin sacársela, junté sus pies sobre mis hombros para seguir arremetiendo por otro rato, alternando entre uno y otro hombro, usándola a placer, colocándola de lado con una pierna arriba y así seguir el bombeo implacable.
Sudábamos a chorros pero ella no tenía mayor reparo que en seguir su instinto para moverse y acomodarse, llegando al punto en el que la tuve de perrito y, así, le metí un par de dedos, humedeciéndolos y, encaramándola en un abrazo desde atrás, acariciando sus pechos con mi otra mano, mientras que la que había humedecido, se la dí en la boca y empezó a chupar, a lo que pregunté "¿Te gusta?", respondiendo con un "Sí" prolongado que acorté diciendo "¿Qué es lo que te gusta?", contestando "¡Qué me tengas así!", "¿Así cómo?", "Cogiéndome", "¿Te gusta la verga?", "sí", "Pues dilo", "Me gusta tu verga", y así, sin más, la tendí de frente, con su culo a mi disposición, tallando la cabeza de mi pene entre sus labios vaginales, sintiendo como la humedad crecía y el pudor se desvanecía, así que de un solo golpe, nuevamente, se la dejé ir en un violento empuje que la hizo tomar ritmo y ya no sólo se limitaba a recibir, empujaba y contoneaba la cadera, situación que aproveché para tomar un lubricante que llevé y, de a poco, le fui preparando el culo al punto en el que, ya con mi pulgar dentro, retomé el ritmo salvaje, con ella teniendo orgasmos cada vez más intensos y prolongados que le hicieron gemir en voz alta, pidiendo más.
Luego de un orgasmo tan fuerte en el que ya la cobija de la cama terminó de desacomodarse al sujetarse ella, saqué mi verga toda empapada y se la puse en el culo, metiendo poco a poco la cabeza, dejando que se acostumbrara a una sensación que se percibía como algo nuevo, por la estrechez de su culo, pero placentera por el morbo de saberse en una situación de complicidad.
Una vez entraba un poco, permanecía así, quieto, dejando que se acostumbrara y fuera empujando, sacándola solo para poner un poco más de lubricante y entrar cada vez más profundo, llegando el momento en el que ella sola se empujó y se la tragó toda, por el culo, en total sumisión, dejándose llevar por un ritmo que, de a poco, le daba para decir que sentía rico, lo cual era notorio pues, al chocar mis huevos con su vagina, se humedecían, subiendo el ritmo hasta llegar al punto en el que explotó en un orgasmo que la hizo tirarse sobre la cama, mientras yo me masturbaba contemplando la imagen, que ella cortó para darse vuelta y darme una buena mamada, en la que la fui guiando para que también me diera lengua en los huevos.
Empezamos a charlar y fui por agua, para refrescarnos e intercambiar impresiones, jugando ella con mi verga y llevándosela a la boca, de nuevo, diciendo que no le gustaba mamar pero se sentía rara, libre, sin pena, así que la acomodé para tener un rico 69 que, cuando ella dispuso, se cortó para montar mi verga, así, de espaldas, cabalgando como niña con juguete nuevo.
Se volteó y me cabalgó de frente, incorporándome para chupar sus pechos, sobar sus nalgas y meterle un dedo por el culo, situación que la hizo sonrojarse y humedecerse más, empapándome, cortando para ir corriendo al baño.
"Sentía que me orinaba", dijo al regresar, y le dije que estaba sintiendo un orgasmo del tipo squirt, así que la llevé al tocador y ahí la empiné para metérsela por el culo, ya dispuesto al placer, al tiempo que la masturbaba para llevarla a un orgasmo tan potente que literalmente explotó, con unas gotitas sobre la superficie de madera y escurriéndome los huevos en su humedad.
La recosté sobre la cama, boca abajo, para acomodarme entre sus nalgas y, poco a poco, penetrarla por el culo otra vez, con un ritmo pausado que, en un momento, me llevó a darle vuelta, jalándola a la orilla de la cama, patas para arriba y metérsela por el culo, con una expresión de gusto, pudor que se fue trastornando en putería al percibirse plenamente entregada, dispuesta y en pleno goce.
Así, entre el bombeo, la fui masturbando, metiendo un dedo y otro en su vagina, y al tener dos dentro, alternando entre meter, sacar, acariciar su punto G y un tijereteo que le encantó, estalló en un nuevo orgasmo con gotitas minúsculas que sentí en mi rostro, relamiendome los labios ante su total complacencia, de saberse una puta a la que le fascina la verga.
Luego de una nueva pausa, miró su teléfono y vio la hora, mandando un mensaje a su hermana, que también había salido con su novio.
Indicando que se verían en el metro, entendiendo que el tiempo se terminaba, la empiné y le dí de perrito por la vagina hasta que ya no pudo más.
Nos bañamos y, tras vestirnos y entregar la habitación, la acompañé al metro, donde nos despedimos como buenos amigos, quedando en que me avisaría cuando viera a su hermana y llegaran a casa.
Así sucedió ése primer encuentro con una mujer que es mi putita, a la que veo de tiempo en tiempo, no con tanta frecuencia para no generarle confusiones de tipo romántico, pues lo nuestro es solo coger, aún cuando ha tenido novio y uno que otro cabrón al que se ha cogido pero, como ella misma me dice, sin darle el culo.
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