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Mini historias, parte 3: Rompiendo barreras

La chica gótica y yo, resultamos ser buenas amigas, a mi no me importaba que fuera mayor que yo y bisexual, ya que jamás me falto al respeto y no se burlaba de mi cuando le preguntaba "temas" normales de la vida, por ejemplo: usar el transporte público, usar ropa ajustada, ir a conciertos, salir de pijamada, entre otras, eran experiencias que nunca viví porque mi vida consistía de escuela a casa, de casa a tiempo extra de estudio con profesor particular y al terminar de milagro conseguí que me dejarán ir al gym.

Me di valor y le dije a mi amiga que yo quería disfrutar del sexo, que no sabía mucho del tema pero no quería vivir lo que las mujeres de mi familia, solo ser usadas por el esposo para darse placer y tener hijos, de verdad quería disfrutarlo. 
Mi amiga un día me dijo que nos fueramos de pinta, acepte, pero cuando ya estaba en su casa, me puse exageradamente nerviosa, vomité de los nervios porque pensaba si mi familia se enteraba que no estaba en ña escuela, me iban a crucificar... Ese día, mi amiga puso varias películas porno y me explicaba sobre el placer, los orgasmos, la masturbación, posiciones sexuales y jueguetes... Sinceramente, me quede sorprendida y le hacia miles de preguntas, las cuales tenían respuesta y no me sentía juzgada. 
Ella me dijo que antes de tener sexo con otra persona, debía de conocer mi cuerpo, saber qué me gustaba y qué no, además que no debía tener miedo de decirle a mi pareja sexual que no me gustaba algo, eso no me hacía puta, zorra, callejera o prostituta. Nunca nadie me había dicho que yo también tenía derecho a sentir placer y que el hombre que quisiera mi cuerpo, se comprometía a darme orgasmos. 



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