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De Antro

Como la gran mayoría, en el último año, mis hábitos de diversión sexual se han modificado, y si bien todo va sin mayor complicación, ha sido necesario establecer ciertas normas en cuanto a su celebración, por lo que para no complicarme, me he hecho asiduo a cierto club donde, una o dos veces al mes, en viernes, asisto para saciar mis apetitos carnales y distraerme de la rutina.

No me quejo pues, para bien o para mal, nunca falta con quien haga click o, en ocasiones, me ha tocado ser el único single, divirtiéndome sin importar que mi dinámica no incluya bailar, de hecho, soy malo en ello, pero así como hay quien va directo a la interacción, en alguna otra me ha tocado intentarlo porque, de alguna manera es preciso romper el hielo si quieres saber quien va con ánimo de algo más, así entonces, me ha tocado la suerte de conocer gente que amablemente responde "no bailo, pero podemos charlar", y así iniciar el avance.

Por lo general, no suelo dar nada por sentado hasta pasar a la acción, sea con un ligero toqueteo o un buen faje, así como en el glory hole, lo mismo te puede tocar que no haya nadie en ánimo de tocar, que alguien dispuesta a chupar o una buena, aunque incómoda sesión, más si de algo trato de estar pendiente, es del tacto de quien toca pues sueles llevarte sorpresas más que placenteras, como aquella noche en la que, jalando mi camiseta, me invitaron a asomarme y, tras preguntar si traigo condón, que siempre llevo suficientes, me invitaron a pasar al privado, en una sesión que, aunque breve, resulto más que placentera.

Ella, una dama joven de hermosa figura me eligió para pasar con ella y, tras agotarse el tiempo, me indicó su marido que estarían hasta el cierre pero que, si quería, los podía acompañar después, por lo que dejé que transcurriera la velada sin perderlos de vista, asomándome por el glory hole al cuarto de parejas cuando era posible y alguien no ocupaba que me acomodara para una rica chupada.

Su figura, menuda y voluptuosa le hace resaltar, especialmente a contraluz, dónde sus movimientos de cadera, y disposición al placer le hacen resaltar de entre las figuras que convergen en complicidad de las sombras.

Aquella noche fue relajada y estuve con otras tres parejas más, por lo que ya con la barra cerrada, todo mundo aprovechaba los últimos minutos para disfrutar del esparcimiento que brinda éste lugar, así que, en una ida al baño, el caballero me abordó y preguntó si estaba en disposición de seguir la fiesta, a lo cual respondí afirmativamente y con total lucimiento, toda vez que, si bien me gusta una copa para relajarme, evito visitar el estado de ebriedad.

Así pues, luego de que intentaran invitar a una pareja a seguir la fiesta, sin evidente éxito, salimos del lugar con la pregunta inmediata de "¿A dónde vamos?", por lo que sugerí un lugar en la zona de La Villa donde, en otras ocasiones, no he tenido mayor problema en ingresar con 2 o más personas en la misma habitación, así que, charlando y guiando el rumbo, hacia allá nos dirigimos.

Ingresamos y, sin mayor preámbulo, procedimos a quitarnos la ropa en la habitación, quedando los tres desnudos, con ella sentada al justo medio de ambos caballeros, en una de las dos camas dónde, sin más, ella procedió a acariciar ambas vergas, a lo que pregunté el motivo de su elección, respondiendo la dama que le gustó por lo gruesa y la sensación que tuvo al penetrarla, especialmente con fuerza.

Iniciamos un rico trío donde ella se dió gusto chupando ambas vergas retirándose el caballero para disfrutar como nos dábamos sexo oral, turnando posiciones y después un rico 69, donde aproveché para chuparle el culo y deslizar mis dedos en éste, dilatándolo sin mayor objeción.

La penetré por la vagina y la fui rotando, manipulando sus piernas para tocar de diferentes formas su cueva de placer, que a cada momento se humedecía más ante la inminencia de un nuevo orgasmo, permaneciendo así el esposo como espectador, uniéndose eventualmente a la acción, penetrándola mientras ella me chupaba, preguntándole si quería una doble, a lo que respondió que sí, pidiendo que le abriera el culo antes de que yo se la metiera.

La penetró y mentalmente me anticipé a lo que vendría, recostándose el caballero boca arriba, ella boca abajo y yo montando sus nalgas hasta penetrarla hasta el fondo y proceder a bombearla en un ritmo ascendente, acorde a sus movimientos.

Así estuvimos hasta que le pregunté si quería probar en otra posición, igual, invirtiendo el orden, conmigo debajo y ella de frente a su esposo, lo cual aproveché para descansar para dar el máximo a una dama cuya intensidad se incrementaba a cada nuevo orgasmo.

Notando al caballero un tanto jadeante, sugerí que nos recostáramos ambos boca arriba, en forma de tijera, para que ella se sentara en nuestras vergas, lo cual ella aceptó con un brillo especial en los ojos mientras decía que nunca lo había hecho así, por lo que, un tanto en serio, un tanto en broma, dije que si juntaba nuestras vergas, podría tener una doble vaginal.

Sonrió diciendo que lo íbamos a intentar luego de la doble "tradicional" en ésa nueva posición, lo cual le encantó, contoneando la cadera y sacudiendo sus nalgas con un impetuoso frenesí, llegando a un orgasmo donde nos bañó a ambos, más, una vez recuperado el aliento, montada en las dos vergas, se incorporó para acomodarse y, una vez que me cambié el condón, se colocó en posición de control, tomó ambas vergas para meterlas, poco a poco, retomando ésa pasión que tuviera con su orgasmo anterior, sujetando y cuidando que no se saliera ninguna, llegando a un nuevo clímax, e intuyendo que su marido se vendría, sacó mi verga y me pidió subir a su boca, me quitó el condón y así siguió, cabalgando y chupando hasta que la llenó de leche, disfrutando de mi verga en sus labios.

Él se retiró para limpiarse mientras ella me dijo "¡Hazme lo que quieras, quiero que te vengas!", y sin más, la acomodé de perrito sin que ella me dejara retirarme de detrás, por lo que le dije que me pondría otro condón.diciendo que así, observando al marido obteniendo su aprobación.

Aprovechando tal humedad, se la dejé ir por el culo de un empujón, con ella apretando contra mi cuerpo y así, sin más, la penetré, sobando sus deliciosas tetas, con las primeras luces del día entrando por la ventana, bombeando con fuerza, alternando entre caricias y nalgadas hasta que tomé su cabello con una mano, con fuerza y gentileza, entregando ella una nueva serie de orgasmos hasta que me dijo "No pares hasta que te vengas, ¡Quiero tu leche en mi!", por lo que no paré hasta que el inminente relax llegó a mi, inundando su culito sin dejar de bombear y, al salir de ella, darle mi verga dura en la boca para que la limpiara, lo cuál hizo mientras veía a su marido masturbarse, invitándolo a unirse mientras yo me recostaba, acción que ella aprovechó para montarse de nueva cuenta, deslizando mi verga en su culo, mientras permanecía de frente a su marido, quien procedió a penetrarla por la vagina y bombearla hasta venirse, no tan pronto pero si algo rápido dado su grado de excitación, echándole la leche en el vientre, mientras ella nos obsequiaba un nuevo squirt.

Ya la luz de día era más que evidente, por lo que se levantó, me dio una nueva chupada y me dijo que tenían que retirarse por un compromiso familiar pero se quedaba con ganas de continuar, a lo que me dio una nueva mamada para limpiarme la verga y los huevos, Preguntando si estaba bien, le respondí que sí, por lo que fue a asearse a la regadera y, al regresar, quedamos en vernos otra vez en el club, sin intercambiar teléfonos ni nada, pues cuando el placer y la complicidad se dan en tales términos, es obvio que la siguiente ocasión tendrá ya implícita la confianza que da la privacidad y la discreción, y así fue en otra ocasión.

Parejas y damas que gusten contactarme, no duden en enviar mensaje privado con número de whatsapp, pues no soy VIP.

Espero no haberles aburrido con éste relato.

Javier.



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