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Mi mujer y el marido de mi hermana

Hace unos días conté en un grupo de Telegram algunas experiencias que he vivido como cornudo y varios me dijeron que les gustaba mi forma de narrar, por eso decidí escribir la experiencia que más me gusta: cuando mi esposa me puso los cuernos con el marido de mi hermana.

Es una historia un poco larga de contar, así que les recomiendo que se den su tiempo para leerla tranquilos. Juro que todo es 100% real o al menos muy apegado a como lo recuerdo y a lo que me ha contado mi mujer desde su lado de la historia, o sea a cómo ella lo vivió.

Esto pasó hace unos algunos años y hasta hoy es la cosa más intensa que nos ha pasado como pareja cuckold. Me prende mucho recordarla y cada que puedo le pido a mi mujer que me cuente todo lo que vivió con él.

Bueno, les cuento, el primer recuerdo que tengo es un día que estábamos en una comida familiar cuando me di cuenta que mi concuño miraba de manera cómplice a mi esposa y ella se puso nerviosa y desvió la mirada, cómo evitando que alguien se diera cuenta. Había mucha gente ahí, estaban mis papás, mis hermanos, sus esposas, cuñados, sobrinos, etc. No dije nada porque no sabía bien que onda pero era obvio que algo estaba pasando entre ellos. Además no quise hacer panchos delante de todos porque yo tenía un historial de celos muy negativo. Yo todavía no era cornudo, o al menos yo no me asumía como tal, porque la verdad es que viniendo de una familia muy machista fue un proceso lento y complicado para mí aceptar todo este asunto.

En la noche, ya en casa, le pregunté que onda con lo que ví y ella me dijo que estaba loco, que no empezara con celos ni a imaginar cosas. Que ya dejara de tener esas fantasías locas, etc. Todo esto porque en esa época estábamos viviendo cosas muy intensas en el tema sexual. Rápidamente cuento porque no es el tema de este relato.

Llevábamos poco tiempo de casados cuando nos dimos cuenta que el vecino de enfrente la espiaba a mi mujer desde su ventana y yo la convencí de calentarlo, al principio era algo inocente, solo que la viera con poca ropa, luego ya le pedía que pasara por la ventana desnuda y antes de un mes ya teníamos sexo con las cortinas abiertas y nos dábamos cuenta que el vecino se masturbaba viendo.

La otra cosa que nos pasó fue que en esa época habíamos hecho nuestro primer trío con un amigo mío en una borrachera que se salió de control porque ya muy pedo se me ocurrió que mi esposa calentara a mi amigo así como calentaba al vecino de la ventana.
 
Ahora que lo pienso me doy cuenta que ese exhibicionismo con el vecino nos cambió la vida. El trío fue así: Una noche salimos con amigos y ya muy tarde nos fuimos al departamento a seguir tomando. De madrugada todo mundo se empezó a ir y al final solo quedó un amigo, mi esposa y yo. Mi mujer dijo que ya tenía mucho sueño. La acompañé a mi mujer a la recámara y la convencí de que no se durmiera todavía. Quería que ella hiciera exhibicionismo con mi amigo, que lo calentara y ya cuando se fuera mi amigo, ella y yo cogeríamos rico.

La convencí de quitarse las panties y que se sentara junto a mí, frente a mi amigo, cruzando las piernas de vez en cuando, para que mi amigo la viera y se calentara. La verdad no me costó mucho convencerla. Jaja. Otro dato importante es que mi amigo y yo estábamos muy tomados, pero mi esposa no, porque nunca le ha gustado mucho el alcohol.

El caso es que mi mujer regresó a la sala con nosotros e hizo lo que le pedí. Se abría de piernas, las cruzaba, etc. Y a mi amigo se le iban los ojos viéndola. Yo me hacía como que no me daba cuenta, pero me prendía mucho que él la deseara y se pusiera nervioso. Y bueno, lo que no consideré en mi plan es que con el exhibicionismo de mi mujer, mi amigo menos quería irse. Mi mujer y yo estábamos recalientes. Yo estaba muuuuy tomado... y bueno, la cosa se descontroló.

Ella, que de verdad estaba cansada, se acostó en el sillón donde estaba junto a mí, boca abajo, con su cabeza sobre mis piernas. Yo puse mi mano sobre su espalda y empecé a acariciarla mientras platicaba con mi amigo. Poco a poco empecé a bajar mi mano hasta acariciarle las nalgas descaradamente, como para indicarle a mi amigo que ya me quería ir a la cama con mi mujer. Mi amigo no se daba por enterado, ya ni hablaba conmigo, solo veía mi mano. Mi mujer movía la cadera despacito y levantaba el culito super rico. En mi calentura me valió madres y le levanté la bata de dormir que se había puesto, dejándole el trasero al aire. Ella no protestó. Le metí los dedos entre la raja de las nalgas y empecé a acariciarle el culito. Ella paraba las nalgas más rico. Mi amigo se agarraba la verga sobre el pantalón pero no se acercaba ni decía nada. Y yo bien caliente y tomado me animé a preguntarle a mi amigo si le parecía guapa mi esposa. El dijo que estaba buenísima. Luego le pregunté si quería tocarla, se acercó y sin decir nada empezó a lamerle las nalgas y el culo a mi mujer. Mi esposa solo me dijo que cabrón eres y luego solo gemía.

Mi amigo le abría las nalgas y le lamía el culo, ella levantaba el trasero muy rico. Yo, la verdad en ese momento quería pasarme a otro sillón para verlos y masturbarme, pero mi esposa me empezó a chupar la verga ahí mismo, el problema es que yo no lograba la erección. No sé si por el alcohol o por los nervios.

En algún momento me tuve que ir al baño a hacer pis por tanta cerveza que había tomado. Cuando regresé ella estaba en 4, con las rodillas en el suelo y su cuerpo sobre el sillón, con la bata levantada hasta la cintura y mi amigo penetrándola detrás de ella. Sin condón ni nada. Me senté en el sillón a querer besarla en la boca y acariciar las tetas a mi mujer pero ella quería seguir chupándome la verga que seguía flácida. Se la puso en la boca y le dio asco porque dijo que sabía a pis. Mi amigo se acercó y le puso su verga cerca de la cara y ella se la empezó a chupar y con él no protestó.

Entonces yo me puse detrás de mi mujer para intentar penetrarla pero no conseguía que se me pusiera dura. Me empecé a frustrar porque no se la podía meter. Mi amigo que en ese momento estaba recibiendo sexo oral de mi mujer le dijo que ya dejara de chuparle porque lo iba a hacer terminar, pero ella más se pegó a su verga, como pidiéndole que ya se viniera, pero él dijo que quería ver como la penetraba yo... y pues yo no podía, entonces me hizo a un lado y empezó a penetrarla él otra vez. Mi mujer gemía muy rico y estrellaba su trasero a la pelvis de mi amigo.

Yo me senté junto a ellos, tocándome. Intentando que se me pusiera dura viéndolos. Mi mujer, en un momento de lucidez le pidió a mi amigo que por favor no terminara dentro de ella, no la fuera a embarazar. Él le preguntó donde quería que terminara. Ella le dijo que donde él quisiera. Él me preguntó a mí si se podía venir en la boca de ella, pero antes de que yo contestara ella se volteó, se sentó en el sillón y empezó a chuparle la verga otra vez. Hasta que él reventó. Me acuerdo clarito qué él fue muy ruidoso. O sea, gruñía Grrrrr....aaaahhjh... que rico, que rico... así, así... y lo único que pensé es que despertaría al vecino y vería como otro cogía a mi mujer, pero en su ventana no se notaba que hubiera alguien.

Después que él terminó mi esposa fue al baño y ya no regresó con nosotros. Se quedó en la recámara y no salió más. Mi amigo no paraba de hablar de lo rica que estaba mi mujer, de qué nivel de hembra tenía yo, etc. Yo, la verdad me sentía super apenado y triste. Sentía como cuando rompes algo que quieres mucho. Además estaba frustrado porque no había conseguido venirme, ni siquiera que se me pusiera dura y lo único que quería es que mi amigo se fuera. Pero todavía se quedó como 1 hora más tomando y hablando de lo rico que había estado todo. Me dijo que si nos metíamos a la recámara con mi mujer a darle otra vez. Fui a la recámara pero ella ya estaba durmiendo o se hacía la dormida. Le dije a mi amigo que ya mejor la dejáramos descansar. Bueno, al final mi amigo se fue y yo pude ir a la recámara a acostarme con mi esposa. No quise despertarla ni decirle nada. Me sentía triste.

Al día siguiente los dos hablamos porque nos sentíamos super mal. Pensábamos que habíamos cometido un grave error. Que mi amigo le diría a todo el mundo. La verdad es que fue algo super fuerte. Estábamos muy tristes los dos. Esa fue la primera vez que ella estuvo con otro hombre desde que se casó conmigo.

Entonces, continuando con la historia principal, nosotros en esa época estábamos pasando por muchas cosas muy excitantes pero a la vez cosas que nos sacaban mucho de onda. Lo de mi amigo no había sido planeado y sentíamos que habíamos cometido un gran error. Yo me ponía muy celoso por todo, pero a la vez nos calentaba mucho el recuerdo del trío (que en realidad no fue trío porque yo solo fui espectador). Hablábamos de eso casa que teníamos sexo. De lo que había pasado, de cómo le metió la verga sin condón, de los besos que se dieron, de lo que ella sintió con él lamiéndole la concha y yo mordisqueando sus tetas. De cuando él terminó en su boca. En fin, había muchos sentimientos encontrados, celos irracionales y pasión incontrolable. Este amigo me buscó muchas veces después de aquella noche, pero yo me sentía tan avergonzado que dejé de contestarle llamadas y mensajes... así estuvimos un tiempo hasta que él dejó de insistir.

Regresando al tema de las miradas cómplices de mi concuño. Ella dijo que eran parte de mis celos tontos y que debería confiar siempre en ella. Un par de años después de aquella comida familiar ya habían pasado muchas cosas más en nuestra vida sexual y nuestra dinámica matrimonial. El exhibicionismo con el vecino (que nunca pasó nada más con él, no sé porqué), pero sobre todo el trío con mi amigo causó un efecto muy fuerte en nosotros. De hablar de lo rico que había estado pasamos a fantasear con otros amigos, familiares o conocidos. Y yo de celoso iracundo pasé a obsesionarme con verla de nuevo con la verga de otro hombre dándole placer.

Entonces, ahora fantaseábamos con primos, amigos, compañeros de trabajo, etc. Ella me decía que tal o cual le parecía atractivo. O tal amigo es alto, así que debe tener la verga enorme. Y fantaseábamos que ella los seducía y terminaban cogiéndola. Yo le pedía que se vistiera sexy para calentarlos o la trataba de emborrachar cuando estábamos con otros amigos para tratar de hacer de nuevo trío, pero ella nunca cayó con esa técnica. Me acuerdo clarito que un día me dijo que dejara de presionarla, que ella lo haría con quién ella quisiera, cuando ella quisiera. Que entre más le insistía yo, ella menos quería.

Bueno, yo empecé a masturbarme diario, a veces hasta 3 veces al día, imaginando que otros la cogían. Mi desempeño sexual bajó mucho. Pero también lo hacía a propósito porque pensaba que si yo la dejaba de coger ella buscaría otros hombres para satisfacer su deseo sexual. Les advierto: esa técnica no sirve. Ella me explicó que una mujer, entre más la coges, más quiere, pero si la dejas de coger pierde deseo porque no se siente deseada y eso le baja mucho la autoestima.

Bueno, ya estoy haciendo muy larga esta historia. Jaja. El asunto es que ella me empezó a contar de su jefe. El tipo era un señor cómo de 50 años o más. Me dijo que este señor siempre le decía que cuerpazo tenía, que todo el tiempo la chuleaba, que le decía que que linda se veía con esos jeans, que la tomaba de la cintura y cosas así, pero que no avanzaba más porque era casado y como que se reprimía porque ella era casada. Obviamente yo le decía caliéntalo. Y cuando ella y yo cogíamos le preguntaba si se lo iba a coger, si le gustaba su jefe y fantaseábamos que se la cogía en su oficina, en el escritorio. O inventábamos escenarios donde ella se colocaba debajo del escritorio a hacerle sexo oral y él seguía trabajando, como si nada.

A ella le encantaba el jefe porque se le hacía muy elegante pero sobre todo un hombre con mucho carácter, cómo los de antes, cómo nuestros papás, de carácter fuerte. Y bueno, del día que me contó por primera vez de la onda con jefe no pasó ni un mes para acostarse con él. Luego me confesó que antes de contarme ya se había besado con él y que él la había dedeado en la oficina, en fin que ya había decidido coger con él y que me fue contando poco a poco para ver cómo reaccionaba yo.

La primera vez que la cogió no fue en la oficina, como habíamos fantaseado. Fue en un hotel haciendo como que estaban ahí por asuntos de trabajo (no la llevó a un motel por miedo a que alguien los viera porque él es casado y se cuidaba mucho). La cosa estuvo así: Una tarde ella me dijo que el jefe le había pedido que regresara a trabajar en la noche (no me dijo que lo vería en un hotel). Yo la verdad no sospeché nada en ese momento. Me pareció algo normal. Pero en la noche vi que se puso tanguita de hilo y minifalda negras, una blusa sin mangas (no se puso brasier) pero se puso un suéter encima para que no se le marcaran las tetas. Cuando la vi le pregunté qué onda. Se hizo la boba. Le dije vas a ir a coger? Y me dijo, cómo crees?... voy un rato nada más y regreso. Bueno, equis. Me quedé dormido como a las 11 de la noche. A eso de las 3 de la mañana me despertó. Estaba desnuda encima de mí. Me besaba los labios, tenía aliento a alcohol y me dijo "Amor, me acaban de coger riquísimo".

Bueno, me contó todo. Se fue al hotel con el jefe. Me acuerdo que el jefe la regañó porque le dijo que se vistió como puta y el chiste del hotel es que pareciera algo de trabajo y no sospechara nadie. Jaja. No sé quedaron mucho tiempo en el bar. Se fueron directamente a la habitación que él había reservado. El jefe pidió una botella. Se sentaron en un sillón se besaron, ella le hizo sexo oral, tomaron (ella dice que tomó demasiadas copas porque estaba nerviosa), se emborracharon, la penetró rico. Se quedaron desnudos tomando. Ella seguía caliente. Él le hizo sexo oral a ella. Ella otra vez a él. Volvieron a tener sexo. Más alcohol y así hasta que él dijo que se tenía que ir y ella se regresó manejando muy tomada y muy caliente. Yo me vine rapidísimo esa noche, escuchando todo lo que me contaba y haciendo mil preguntas. En fin. Su aventura con el jefe se hizo algo permanente.

Yo le pedí a ella que no le dijera que yo sabía (me daba muchísima pena) y ellos continuaron su aventura en "secreto". Él le preguntaba todo el tiempo si yo sospechaba algo. Si yo no la cogía, si yo era homosexual. No entendía que una mujer como ella estuviera mal atendida. Insistió tanto el jefe en entender qué onda conmigo que ella le contó la verdad y le dijo que yo sabía todo y que yo disfrutaba cuando regresaba a casa después de estar con él. El jefe no lo podía creer. Yo moría de vergüenza cuando lo veía al jefe. De verdad. Me daba terror lo que pensara de mí. Pero en el fondo me excitaba muchísimo que él supiera.

Pero bueno, esto del jefe lo cuento porque a raíz de eso a mi mujer le empezó a dar más seguridad confiarme ciertas cosas. Fue un cambio radical en nuestra relación. Es decir, por fin comprobó que ya no me ponía loco de celos, no hacía dramas. Al contrario, ahora estaba segura que yo disfrutaba mucho con esa situación. Entonces, una noche, no sé porque razón, quizá para calentarnos empezamos a hablar del pasado. Más bien, de su pasado.

Historias que antes me había negado ahora las aceptaba o cosas que nunca me había contado ahora las sacaba porque sabía que me excitaban muchísimo. En esa plática me enteré por ejemplo de que siendo adolescente cogió con uno de sus primos cercanos (ese primo volvería a aparecer en nuestras vidas más adelante) y bueno otras historias que no vienen al caso en este momento. Y, por primera vez me confesó su aventura con un vecino (otro, no el que espiaba).

De este nunca supe ni sospeché. Era un señor joven que tenía un taller cerca de dónde nosotros vivíamos. Digamos qué ese canijo fue el que me puso mis primeros cuernos oficiales y no su jefe, cómo yo creía. Eso me excitó muchísimo y quería saber todos los detalles. Pasamos así varios días, hablando de su experiencia con el vecino y otras historias muy ricas. Estando en eso me acordé de aquella mirada cómplice de hacía dos años entre ella y el marido de mi hermana. Lo primero que me dijo fue: te vas a enojar.

En ese momento mi corazón empezó a palpitar a mil por hora. Me contó todo. En ese tiempo ella estudiaba los últimos semestres de la universidad y mi hermana y su marido, que vivían cerca de nosotros, algunas veces la llevaban al colegio porque les quedaba de paso rumbo a su trabajo. Luego, por cuestiones de horarios, solo mi concuño era el que llevaba a mi mujer al colegio. No era todos los días, porque a veces ella se tenía que ir más temprano al cole, pero sí convivían mi mujer y él más o menos seguido.

Cuando iban solos él siempre aprovechaba la oportunidad para decirle cosas a mi mujer. Por ejemplo, le decía que que cuerpazo tenía, que que afortunado era yo por tener una mujer como ella, que si él fuera su marido no la dejaría usar minifaldas o ropa tan chiquita. Algunas veces le preguntaba cuando se pondría un Overol azul que le resaltaba increíble el trasero. A veces, cuando era más lanzado le decía que seguramente traía tanguita porque no se le marcaba en los jeans y decía uff nada más de imaginarte... y cosas de ese estilo. Ella no le daba mucha bola, solo se reía porque pues así son todos los hombres.

Por otra parte, me contó que él era diferente con ella cuando estaban solos a cuando había más gente de la familia, se desvivía por atenderla o hacerla sentir bien todo el tiempo. Demasiado atento. Eso no lo hacía cuando había alguien cerca. Disimulaba delante de todos, pero con ella a solas era diferente. Una vez que le dio aventón a la universidad, cuando iban caminando hacia el auto, ella levaba una minifalda y él se acercó por atrás y le dijo si te hago así se te ve todo el calzón y con la mano le levantó la falda descubriéndole el trasero. Ella se sacó de onda y solo le dijo qué te pasa pendejo? Pero él se empezó a reír y ya en el coche le dijo que no le vio las panties, que se le hacía que no traía, que si no usaba o qué, y mi esposa, sentada junto a él, como si fuera un juego, se sacó la tira de las panties de la cadera y le dijo claro que sí traígo, mira.

En fin, que se empezaron a llevar bastante fuerte. Obvio yo no sabía nada de eso. Creo que me hubiera muerto de celos si me enteraba. La cosa es que esos juegos fueron evolucionando y a veces él intentaba meterle mano entre las piernas, según para ver si se había puesto panties, y forcejeaban en el auto un rato. Así estuvieron durante un tiempo. Ese juego la calentaba a mi mujer pero aunque le daba miedo que alguien se diera cuenta también le parecía algo inocente mientras se mantuviera a ese nivel.

Según mi esposa a ella nunca le pareció atractivo él. No le gustaba. Pero el ver que la deseaba demasiado la calentaba mucho. Una mañana él llegó a nuestro departamento a buscarla. Eso no era normal. Lo normal es que ella bajara cuando él llegaba. Pero bueno, esa mañana subió al tercer piso donde estaba nuestro departamento. Yo ya no estaba ahí, porque en ese tiempo entraba a trabajar muy temprano y eso él lo sabía. El caso es que tocó la puerta, mi esposa vio que era él y le abrió la puerta. Ella todavía se estaba arreglando para el cole, pero ya estaba casi lista. En la cocina él la agarró por la cintura y la quiso besar. Ella no se dejó. Le dijo que estaba loco. Él insistió. Ella no se dejó. Él le decía mira como me tienes y se agarraba la verga sobre el pantalón. El caso es que ella se mantuvo alejada de él y no pasó más ese día salvo los juegos normales en el auto.

 A la siguiente mañana, según me contó, ella fue a la casa de mi hermana. El plan era decirle que ya no se iría con él al cole porque se estaba pasando de la raya y la iba a meter en problemas conmigo y con toda mi familia. Le diría eso y se iría en taxi. Él le dijo que claro que no. Que era peor que no la llevara él porque todos iban a empezar a preguntar qué había pasado, le dijo que no quería dejar de verla, que era la única alegría que tenía todas las mañas y bueno se puso necio que él la llevaba. Ella recapacitó. Él tenía razón. La gente sospecharía si ella ya no quería irse con él. Entonces le dijo que ok. El le pidió que lo esperara 10 minutos que se iba a bañar y salía enseguida. 
 
Mi esposa se quedó en la sala esperando, un rato después el salió de la recámara, recién bañado, pero solo con una toalla cubriéndolo de la cintura para abajo. Ella le pidió que no hiciera locuras, él la arrinconó en una pared y él empezó a decirle, con voz calmada que ya había entendido, que estaba demasiado obsesionado con ella, pero que estaba poniendo en riesgo muchas cosas más valiosas. Le prometió que ya la iba a dejar en paz. Que nunca más le volvería a insinuar nada. Pero que lo único que le pedía a cambio era un beso. Un único beso y no volvería jamás a molestarla.
 
Mi esposa le dijo que estaba loco. Que no lo iba a besar. Él insistió. Suplicó. Finalmente mi esposa le dijo. Ok. Un beso y se acabó. De acuerdo? De acuerdo, dijo él. Él se acercó para besarla, pero ella no abría los labios. Él protestó. Le dijo que eso no era justo, que el trato era un beso bien dado. Otra vez las súplicas. Finalmente ella aceptó. Él se acercó nuevamente y se empezaron a besar. Dice mi mujer que fue un beso riquísimo. Él la lamía, le mordía los labios y le pegaba el cuerpo. No se dio cuenta en qué momento, él dejó caer la toalla que le cubría y quedó con la verga expuesta. Ella trató de decirle que se tapara, por favor, pero él no la escuchaba, al contrario, le subía la falda e intentaba poner su verga entre las piernas de mi mujer.

Ella no dejaba que la clavara, le decía no, solo disfruta el beso y ya. Él empezó a acariciarle la vulva a mi mujer y le decía ya ves que sí te gusta, estás bien mojada. Ella ya no dijo nada, solo se dejó acariciar y besar. Él quiso desnudarle las tetas pero por la blusa que traía era muy complicado, así que siguió acariciándole la vulva con la mano dentro de sus panties. Luego intentó penetrarla otra vez, así parados junto a la pared. Mi mujer sintió que esta vez no iba a poder resistir la embestida de la verga así que como pudo se giró, quedando de frente a la pared y él detrás de ella.

El marido de mi hermana levantó la falda de mi mujer, le bajó las panties y empezó a restregarle la verga en sus nalgas. La tenía super dura. Le decía no sabes cuántas veces he soñado con este momento. Luego se agachó y empezó a morderle las nalgas, a lamerlas, le abrió la raja y le lamió el culo y la vulva. La tenía a su disposición. Se levantó y le quiso meter la verga ahí, en esa posición, pero ella no se dejó, le dijo me vas a embarazar, cabrón. Entonces se la quiso meter por el culo, ella se puso flojita para recibirla pero apenas entró la puntita a ella le llegó un dolor muy fuerte y no la aguantó. Duele mucho, le dijo. Además, en ese momento mi mujer pensaba que si la cogía una vez, iba a valer madres porque iba a querer cogerla a cada rato y seguramente alguien se daría cuenta. Todo eso pasaba por su mente cuando sintió en las nalgas liquido caliente. Él se derramó en las nalgas de mi mujer. Le bañó de semen el trasero.

Ella se quedó ahí parada, sudando, con la respiración a mil por hora, la falda levantada hasta la cadera y las panties en los tobillos. Él fue a la cocina a buscar toallas de papel. Me contó mi mujer que todavía tenía la imagen de él, desnudo, regresando con papel en la mano para limpiarle a ella las nalgas. Le pareció una escena surreal. No se volvió a poner las panties porque estaban mojadas de semen, así que las guardó en su bolsa. Él corrió a la recámara a arreglarse porque ya se les había hecho tarde.

Ella se quedó en la sala revisando que no quedaran evidencias de lo que había pasado esa mañana ahí. Después cuando él salió se subieron al auto y salieron rumbo a la universidad de mi mujer. En el camino él le preguntó qué había hecho con las panties y ella le explicó. Él le pidió que le abriera las piernas para ver como se veía sin nada debajo, ella le dijo que estaba loco, él insistió, le jaló una pierna y ella no se resistió mucho y abrió las piernas. Mi mujer seguía excitada. Todo aquello le parecía muy peligroso, pero eso lo hacía más emocionante. Él le preguntó si había llegado al orgasmo, ella le dijo que no. Él le dijo que él sí, ella le dijo me di cuenta. Jaja.

Cuando se detuvieron en un semáforo en rojo él metió su mano entre las piernas de mi mujer y le dijo que que rico que siguiera empapada. Ella le tapó la mano con su propia falda, porque había gente caminando cerca y le daba terror que los vieran, pero lo dejó que le metiera un dedo en la vagina. De ahí, cada que se detenía el automóvil él le jalaba la mano a mi mujer y se la ponía sobre su entrepierna, para que le agarrara la verga. Ella le decía que estaba loco, que los iban a ver.

Cuando llegaron a la universidad él estacionó el auto y no la dejó bajar. Empezó a meterle mano a mi mujer otra vez, entre las piernas, le decía estás empapada y quería meterle más dedos, ella apretaba las piernas pero él le jaló muy duro una pierna para que las abriera más  y empezó a meterle dos o tres dedos, quiero que tengas un orgasmo, le dijo, ella se puso flojita, él metía y sacaba los dedos bruscamente, ella, cuando sintió que le venía el orgasmo dijo cabrón se me va a mojar toda la falda y tuvo un orgasmo muy rico.

Luego él sacó su mano y le dijo ya se me paró la verga otra vez y le jalaba la mano a mi mujer para que se la agarrara sobre el pantalón, pero ella le decía que ya no, que ya se tenía que ir. Él se sacó la verga del pantalón y le decía, chúpamela, no seas mala, pero ella le decía que estaba loco, que había mucha gente cerca. Ella le agarró la verga con su mano y lo empezó a masturbar, no tardó mucho en lo que él explotó nuevamente, llenándole de semen toda la mano a mi mujer. A la madre, que rico, dijo él. Eres un cabrón, dijo ella. Mi esposa se iba a limpiar la mano con papel pero él se la agarró y la puso en los labios de mi mujer, para que probara su semen. Ella cerró la boca, pero él insistió. Ella se lamió todos los dedos hasta que quedó limpiecita la mano. Eres más cabrona de lo que pensé, le dijo él. Ella contestó: y eso que apenas me empiezas a conocer y luego se burló de él porque su pantalón tenía manchas de semen e iba a tener que regresar a casa a cambiarse. Luego salió del auto y se fue caminando moviendo las nalgas ricamente porque sabía que él la estaba observando.

Después de esa mañana ella estuvo evitándolo un tiempo. Cuando se le pasó la calentura del momento se dio cuenta que si seguía con eso podía terminar en tragedia y decidió que no quería que algo más pasara. Él la buscaba todo el tiempo, pero ella lo amenazó que si seguía insistiendo me contaría todo. A pesar de eso él siguió insistiendo. Le pedía un beso más. Solo uno, pero ella no quería. Más o menos un mes después, quizá coincidiendo con su ciclo lunar, él le mando mensaje diciendo que le quería enseñar algo, que era una sorpresa, algo que le iba a gustar muchísimo. Le aseguró que no era nada cachondo, ni había trampa, y le suplicó que fuera a su casa a verlo.

Mi esposa que no es ingenua aceptó, pero sabía que algo tramaba mi concuño. El caso es que llegó a su casa y para sorpresa de nadie él estaba solo. La llevó a una habitación y resulta que acababa de armar un gimnasio completo que recién había comprado. En verdad que sí era algo que le gustaba a mi mujer porque siempre fue fanática de hacer ejercicio, al igual que él y contrario a mí que siempre he sido ratón de computadora. El caso es que él estaba muy emocionado, le enseño los aparatos, este sirve para ejercitar tal parte del cuerpo y este para esto otro. En fin. Ella estaba contenta y lo felicitó. En algún momento él se sentó en una de las bancas que sirven para levantar pesas y ella estaba frente a él. Entonces él empezó a decirle que la ha extrañado mucho, que se siente muy mal de que ella se haya alejado por culpa de él, que si es posible que sean amigos como antes, que le promete que ya no va a hacer locuras con ella y no se qué tanto más.

Ella, mi esposa, le dijo, Ok. Promesa? Y él le dijo sí, se levantó para darle un abrazo y bam que se empiezan a besar. Él empezaba a decirle me tienes loco, cabrona, cuando ella se hincó y él entendió el mensaje y se bajó los pantaloncillos de ejercicio y ella le empezó a chupar la verga hasta que se la puso dura. Luego él se volvió a sentar en la banca y ella siguió chupándole, pero él le pidió que se levantara y la montó sobre él, penetrándola por primera vez. Lo cabalgó hasta que él se derramó dentro de ella. Esta vez a ella no le importó. Él quería seguir jugando con ella, pero ella le dijo que se tenía que ir. Más tarde él le mandó un mensaje diciendo que estaba feliz porque pensaba que ella ya no quería nada pero que que rico había estado todo y que tenía muchas ganas de hacerlo de nuevo cada que hubiera oportunidad. Y eso fue lo que hicieron, durante unos meses. Algunas veces en casa de mi hermana otras veces en mi casa. Todas y cada una me las contó mi mujer. Son historias deliciosas. De penetración anal, de semen en los labios. De hacerlo a escondidas. De adrenalina. Y así hasta que un día, mi hermana empezó a sospechar que algo andaba mal con su marido. Empezó a sospechar que había otra mujer. Y con quién se fue a desahogar? Con mi esposa. Ese día se terminó la aventura con mi concuño.



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