Historias y Relatos Swinger

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Sobrino cachondo.

Soy ella y contaré una historia que me sucedió hace mucho tiempo.

Aún lo recuerdo como si fuera ayer, fue un día como cualquier otro en el que habría fútbol. Generalmente, los días de fútbol, Ramón (como lo nombraré en esta historia) sobrino de mi ex pareja, me vistiba con el pretexto de ver el partido por televisión. Yo sabía que el me traía ganas, ya que siempre que tenía oportunidad intentaba calentarme para que yo accediera a algo más con él, lo cual nunca pasó. Pero ese día, yo me encontraba vulnerable, ya que había tenido una plática muy cachonda con un amigo que también me quería tener en la cama. 
Cuando vi llegar a Ramón a la casa, sentí como me mojé, mi cuerpo sabía que era el momento perfecto para hacer realidad sus sueños, pero aún así, yo me comporté y traté de que no notara mi calentura, pero creo que no lo logré, ya que al saludarme de beso, como era la costumbre, con sus labios rozó parte de los míos. Con esa acción perdí toda voluntad y en ese momento él supo que era su día de suerte. 
Ese día yo traía puesto un vestido holgado, y por la plática que tuve con mi amigo momentos antes, no traía ropa interior, ya que me estaba masturbando mientras hablabamos, en pocas palabras, era la oportunidad perfecta para que Ramón me hiciera suya. 
Después de saludarnos, el entró y se sentó en el sillón frente al televisor como era su costumbre. Yo, sin saber que hacer, me senté frente a él, y no sé por qué, pero mis rodillas comenzaron a separarse frente a él, mostrándole todo mi sexo mojado y listo para ser tomada. Él sólo observaba disimuladamente. 
De repente se puso de pie y se dirigió al baño, y como lo solía hacer, dejó la puerta del baño abierta para que yo observará su dura y grande verga. Yo no solía caer en su juego, pero como lo mencioné anteriormente, esta vez fue diferente, ya que el era el cazador y yo la víctima que estaba a punto de perder ante él. 
Sin pensar, me quité el vestido, y pasé desnuda por enfrente del baño, yo sabía que voltearía a verme, siempre lo hacía, y esta vez no fue la excepción.
Yo seguí caminando hasta la recamara y él, con su verga bien parada iba detrás de mí. Al entrar a la habitación, lo esperé, cuando el entró, no pude resistirlo y comencé a mamar esa gran verga que desde hace tiempo me quería penetrar. Él no lo podía creer y me decía que por fin su sueño se había hecho realidad. 
Se la mamé por un largo tiempo, y entre más se la mamaba, más caliente me ponía. Así que dejé de mamar y le dije: "aprovecha tu día de suerte, porque será el único día en que podrás disfrutar de tu tía".
Al decirle eso, me acosté en la cama y abrí mis piernas, invitándolo para que me penetrara con esa gran verga que el tenía. El entendió el mensaje, y se me dejó ir y de una sola embestida me la dejo ir hasta el fondo. 
Vaya que si me traía ganas, me cogió de maravilla, una embestida tras otra, yo no paraba de gemir. Fue tan rico que no nos dimos cuenta que alguien nos observaba desde la puerta de la habitación. 
El me puso en cuatro para gozarme a su antojó, y fue en ese momento que vimos que su hermano estaba parado en la puerta disfrutando del espectáculo. 
Yo estaba tan perdida que le dije a Ramón que no se detuviera, que me siguiera haciendo suya hasta que llenara, porque esta sería la primera y la última vez que el me tendría, y Ramón me siguió penetrando con esa fuerza que la juventud provee. Su hermano Ricardo nos seguía observando, y yo también lo miraba a él mientras Ramón me hacía suya. No sé qué me pasó ese día, pero sin pensar invité a Ricardo para mamarle su rica verga, y él, sin hacerse mucho del rogar, me arrimó su trozo de carne dura a mi boca para que yo pudiera disfrutar de ella. 
Ese día nadie vio fútbol, pero los dos hermanos me gozaron como jamás se imaginaron que lo podrían hacer. Y yo, tuve una de las mejores cogidas de mi vida. 
Cabe aclarar que les cumplí la amenaza, nunca jamás volvieron a tener el honor de gozar de mi cuerpo. 



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