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Atendiendo necesidades

El periodo de aislamiento social aún no ha pasado al momento de escribir esto y lo prudente es iniciar recordando lo importante que son los hábitos de limpieza cómo método de prevención, ya saben, cubrebocas, lavarse las manos constantemente y procurar que los espacios dónde tengamos actividad sean de lo más higiénico cuándo no sea posible desinfectarlos.

Así pues, para quienes tenemos la costumbre de tener sexo constante, la cuarentena no ha sido fácil en cuanto al hábito de practicar una sexualidad responsable en términos de abstinencia.

La discreción siempre es básica y no todos podemos contar con la opción de recibir visitas, incluso con el silencio que reina durante las noches, es sencillo saber si alguien en el vecindario ha tenido sexo porque, pues, bueno, digamos que por tus pujidos nos cacharon sería el título de la obra y, para una discreta representación, la mejor opción es un hotel.

Pero los hoteles estaban cerrados, bueno, no todos, y es a un hotel dónde nos lleva éste relato, luego de ponerme de acuerdo con una pareja a la cual veo de tiempo en tiempo y con quienes hay una relativa confianza.

Y digo que la confianza es relativa porque, si bien hacemos de todo en cuánto a sexo heterosexual, la idea del riesgo latente por la pandemia ha creado una atmósfera de desconfianza en la población en general, que no está mal tomar las precauciones necesarias pero tampoco pasaremos el resto de nuestras vidas aislados.

Entonces, una vez acordado el encuentro, y estando presentes los 3, la dinámica requería de algo que nos hiciera entrar en confianza, ésa que se necesita para tener un rico encuentro sexual.

Estando en la charla que se prolonga cuándo nadie se decide a entrar en calor, les propuse darme un regaderazo para sanitizarme y ella, muy coqueta pidió hacerlo primero para darnos un buen show.

Se desnudó y pasó a la regadera, mojándose y tocando su cuerpo de forma muy sensual, ése momento fue un tanto rápido pero, al haber complicidad se pueden intuir ciertas cosas y, cuándo salió del chorro de agua, fue porque yo ya estaba desnudo y listo para sanitizarme.

"Te ayudo a enjabonarte", fue la sentencia de ella pues jabón en mano, procedió a recorrer mi cuerpo y, sobre la película que se formaba, untaba su cuerpo a manera de arrumaco cachondo por lo que le di la vuelta y me coloqué a sus espaldas, tallando mi verga entre sus nalgas mientras recorria su cuerpo con mis manos y sobaba sus tetas.

Tomé sus manos y las apoyé contra la pared, bajando mi rostro a la altura de sus nalgas, hundiendo mi boca entre éstas para darle una rica lamida que me supo a gloria cuando separó sus piernas para abrirme el camino a su vagina, la cual chupé y lenguetee cómo desesperado pues ya hacía rato que el sabor de la humedad femenina estaba ausente de mi paladar.

Darle la vuelta para tenerla frente a mi fue algo casi instintivo en el desarrollo de la mamada que le estaba dando, tanto que de igual forma intercambiamos posiciones para seguir en las cuestiones orales, ahora yo con la espalda contra la pared mientras ella me deleitaba con su boca.

Así, cuándo ella lo consideró pertinente, se encaramó porque era el momento de penetrarla, y justo éso hice, poniéndola de nueva cuenta de frente a la pared para dejársela ir de un sólo empujón, mismo que fue correspondido con un suspiro, seguido de algunos gemidos que fueron resultado del bombeo que inicié.

Un ligero desliz de su pié izquierdo hizo que nos diéramos cuenta de que era tiempo de darle mayor fuerza al encuentro, pasando a la cama así, sin secarnos, mientras su marido nos indicaba que se iba a dar un regaderazo antes de unirse al trío.

Conforme la pasión se desbordaba, nuestros cuerpos se fueron secando y, para cuándo concluimos el primer round, su esposo ya estaba sentado en un sillón, disfrutando el espectáculo mientras bebía algo de lo que llevamos.

Nos acercó una toalla que sólo fue necesaria para que ella se la enredara en el cabello, "para que se me seque tantito", dijo, mientras su marido nos servía un trago para brindar por el reencuentro y refrescarnos antes de continuar con la velada, misma que entre risas y sexo se prolongó hasta la madrugada.

Ellos se despidieron y yo me quedé en la habitación hasta la siguiente mañana, pensando en lo necesario que es el sexo para una vida sana, y las precauciones que es necesario tomar en estos tiempos.

Parejas y damas, de momento puedo contactarles en la zona centro, alcaldía GAM y hoteles del rumbo.

Con toda la precaución, y con la gente adecuada, es posible continuar con nuestro estilo de vida.

¡Hasta pronto!



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